jueves, 28 de octubre de 2010

EQUILIBRIO

Prefiero ser un desequilibrado
Si entiendes por equilibrio;
Llorar una vez,
por cada vez que he reído
No se contar,
O no las quiero contar.
Por eso prefiero reír
y que me encierren por mi felicidad.


Autora: Nuria L. Yágüez

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miércoles, 27 de octubre de 2010

SOÑE CONTIGO

Hoy es sábado y no quiero
dormir en mi casa fria,
quisiera dormir contigo
y sentírte solo mia.


Sentir, tu cuerpo caliente
y poder acariciárlo,
sentir, con tus manos finas
mi cuerpo acariciado.


Dárnos un beso amoroso
con los cuerpos enlazados,
amandonos toda la noche
como dos enamorados.


Pero un ruido inoportuno,
me saco de mi letargo,
me había quedado dormido
contigo estaba soñando.

Autor: Alberto López Yepes

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CON V DE VISIBLE

Hubo una vez un reino,…, ¿Cómo describirlo? Si me permiten hacerlo con una sola palabra diría que era un reino,…, feliz. El pueblo que lo habitaba era feliz, los ministros eran felices, el rey era feliz, pero la princesa, la princesa no fuera feliz. Sonreía de vez en cuando y eso pero no puedo decir que la princesa fuera feliz. Nadie se había preguntado nunca porque la princesa estaba triste, lo tenía todo, y sin embargo siempre se la veía encerrada en si misma y un tanto apática. Así que la gente empezó a pensar que era,…, rara. Aun así la gente la acepto porque no podían deshacerse de ella, al fin y al cabo era la hija del rey. Ella también había llegado a aceptar que era rara. Tanto tiempo y tanta gente llamándole rara, no iba a ser ella la equivocada.

El caso es que un día el rey convocó una reunión de ministros para hablar de la ,…, rara. Todos acudieron sin saber exactamente de que se iba a hablar. Tal vez de que había que buscar un príncipe para la,…, princesa; porque ya iba siendo hora de casarla. Pero el rey mostraba en su rostro casi un signo de interrogación. No había en sus ojos ni una pista sobre el asunto que los reunía. Así que sin esperar a que nadie curioseara hizo su propia pregunta.
- ¿Alguien ha visto a la princesa?- Todos se miraron con inseguridad, y nadie respondía-No ¿verdad? Es que últimamente está especialmente,…, rara. Hace unos días empezó a perder un poco de brillo, luego fue el contraste y esta mañana ya no he conseguido verla. Así que os quiero pedir un poco de colaboración y antes de que el pueblo pregunte me gustaría que me ayudarais a encontrarla.

El rey había dicho me gustaría pero todos sabían ese “me gustaría” encerraba una orden, así que nadie protesto y se pusieron manos a la obra buscando a la,…, heredera del reino. Buscaron en los jardines del palacio, en sus aposentos, en las almenas, en la biblioteca, en las cocinas, en las cuadras, bajo el trono,…, pero la princesa no aparecía. Por eso pasadas unas horas todos fueron llegando ante el rey con la misma respuesta “No está, decididamente la princesa ha desaparecido”. La preocupación del monarca crecía por momentos. Así que mandaron llamar al sabio mayor, que como era íntimo amigo de la princesa seguro que sabía algo. Sus ojos se movieron más rápidos que su boca y después de meditarlo contestó con nerviosismo. “No, exactamente no se donde está,…, pero si me dan tiempo,…, tal vez pueda traer una respuesta” “Estas perdiendo el tiempo que solicitas” Contestó con irreverencia el rey a la única persona que podía averiguar donde estaba la princesa. Pasadas unas horas el sabio volvió ante su señor para responderle.

- Majestad pregunté a la reina y a sus otras tres hijas si habían visto a la heredera del reino, y todas aseguraron que la habían escuchado cantar aquella mañana, pero no habían visto a la princesa. También pregunté a su ayudante de cámara si hoy había visto a su descendiente y ella me dijo que había preparado sus ropajes como todos los días y al volverse de espaldas el vestido había desaparecido, sin embargo no vio a la princesa. Entonces pregunté a la sirvienta si hoy habían preparado el desayuno a su hija y me respondió que ella lo había preparado y lo vio desaparecer ante sus propios ojos, pero no vio a la princesa. Entonces pregunté al maestro de piano si había visto a la infanta en su clase diaria de música, me respondió que había dado la clase como todos los días y las notas del piano sonaron por arte de magia ajustándose a la perfección a la partitura que marcaba, pero él no había visto a la princesa. Entonces acudí a preguntar al jardinero si había visto a su primogénita,…,
- ¡YA! –Interrumpió el soberano visiblemente nervioso.- y las rosas había sido regada con agua bendita pero ni rastro de la princesa.
- Exacto.- respondió tímidamente el sabio.- no se si con agua bendita pero regadas, estaban regadas. El caso es que la respuesta de sus ministros no fue menos cierta que su respuesta sobre la rosas, ellos dijeron que la princesa había desaparecido y ciertamente ha desaparecido. Entonces si me permite continuar con el relato de los hechos fui a preguntar a su maestra de lenguas muertas,…, -el rey se puso rojo de ira, cosa que hizo encogerse mínimamente al sabio pero este se atrevió a continuar.- y lamentablemente ella también había desaparecido. Eso me hizo comprender el matiz,- tragó saliva y dijo.- no ha desaparecido,…, sencillamente se ha vuelto invisible.
- ¡¡¿Invisible?!!- Vociferó el rey,- ¿Insinúas que tomo una pócima mágica? o ¿o que ha sido víctima del conjuro de alguna bruja?
- No majestad, siendo preciso con las palabras, su hija se ha vuelto invisible voluntariamente. Y el único que puede revertir este feo asunto es usted. ¿Quiere intentarlo? Pero debe confiar en mí. – Al soberano le volvió a aparecer el interrogante en la cara, pero ahora era mucho más grande, porque ahora si que no entendía nada. Aún así confió en las palabras del sabio y en unos minutos, ambos estaban sentados en los aposentos de la joven heredera. El sabio le dijo al rey- Hable con ese armario. Imagine que es su hija y ella pudiera escucharle, ¿Qué le diría?
- Que ¿dónde está? – Parco en palabras pensó el sabio y sin embargo dijo.
- ¿Podría decirle algo más?
- Que le quiero. –El rey hacía largas pausas entre frase y frase pues él estaba acostumbrado a hablar de guerra y de asuntosdeesado pero no de sentimientos.- Que ,..., que no me importa que sea rara y que no hay nada que esté por encima de ella.- En ese momento empezó a comprender- Que comprendo que ella siempre ha sido distinta a sus hermanas, pero que a mi me da igual. Que estoy dispuesta a darle todo lo que ella necesite.
- ¿Y si eso fuera cambiar las leyes?- se escuchó decir a la princesa.- El rey puso la mano sobre la puerta del armario como si la tuviera sobre el hombro de su hija.
- ¿Qué haces ahí?
- Esconderme de los que como tú no entienden, que es lo que hago aquí dentro.
- Sal del armario hija.
- Cuando tus normas no me manden a la hoguera. Cuando deje de haber gente invisible a vuestro alrededor y nadie se pregunte porque. Cuando no tenga que traerme a la maestra al armario para poder aprender. O tengamos que mostrarnos invisibles a vuestros ojos.- parecía que su hija estuviera dictando un discurso ya aprendido.- Cuando deje de ser rara o diferente. Porque en realidad somos igual que tú. Yo amo igual que tú, exactamente igual que tú,..., incluso podríamos amar a la misma persona, ¿ves como no soy tan rara?

Aquel día se escribió un nuevo edicto, Ahora sería reconocida cada unión de personas fuera como fuera. Tardarían muuuchos años en firmarse aquel primer papel. Pero durante aquellos años fueron recuperando la visibilidad mucha, mucha gente. Aparecieron como por arte de magia: sabios que ya habían sido olvidados, trovadores y sus trovados, guerreras, y algún que otro miembro real,..., pero eso carece de importancia. Porque lo importante no era quien volvía a la vida pública, si no que en breve el reino sería descrito por todos como un reino feliz,…, sin excepciones y sobre todo como un reino visible.

Cuento realizado y representado para la celebración
 del día del Orgullo del pasado 2010
Para el colectivo Gama

Autora: Nuria L. Yágüez

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lunes, 25 de octubre de 2010

EN UN CONTINENTE PERDIDO

En un continente perdido, que por perdido nunca nadie pudo encontrar, había un buscador. Su más ardiente deseo siempre fue encontrar el llamado “viejo continente”. El que no estaba perdido. Este, el nuestro. Faruc que así se hacía llamar por los demás, porque él a si mismo siempre se había definido como yo, tenía un gran problema, estaba cansado de tanto andar, y eso para un buscador de continentes era una gran contrariedad. Pero siguió caminado. Subió la montaña que se alzaba mas allá de sus pies y hallo otra tan alta o mas que la anterior. Sacando fuerzas de la flaqueza ascendió esa también y halló otra. No desesperó, cerró los ojos y caminó hacia donde su corazón, y no sus ojos, le llevaban y cuando los abrió, estaba en la entrada de un pueblo que se anunciaba bajo el nombre de LOSSINPROBLEMAS. Faruc se preguntó quien tendría cabida en ese pueblo, pues poca, o muy poca gente de la que en su caminar había conocido, podía habitar un pueblo con ese nombre. Por el mismo camino que él transitaba, se acercaba al pueblo un viejo montado en un destartalado carro.

- Hola amigo- saludó amable- Permiten la entrada en este pueblo a todo el mundo, aunque traiga problemas.
- Por supuesto ellos tienen las puertas todavía más abiertas, pues cuando salgan, si es que salen, ya será un “sinproblema” mas.- Faruc sonrió incrédulo.- Cuando entré por primera vez lo único que yo poseía era el viejo carro de mi difunto padre. Yo pensaba que eso era un inconveniente, nada que comer, ni un lugar donde caerme muerto,…, solo un viejo y destartalado carro. Nuestro pensador me demostró, que contrariamente a como yo pensaba, mi posesión no era mi problema, sino mi bendición. Pues al tener mi carro vacío podría conseguir aquello que en un momento dado necesitara.
- No lo entiendo.- Dijo algo confuso el buscador.
- Eso mismo dije yo, pero escuche esto. Yo necesitaba una casa. En la posada me dan alojamiento y yo a cambio le llevo y le traigo en mi carro al mercado, donde el recoge las frutas y verduras que necesita Adelaida para hacer la comida que luego todos comemos. También trasporto el hierro del herrero que hierra a mi caballo, y los materiales del zapatero que me calza,… ellos no pueden mantener un animal y yo no puedo hacer una casa, herrar a mi caballo o fabricarme unos zapatos, saber de salud, costura, barbería. ¡Nadie puede poseer tantas cosas!
- Quieres decir que en este pueblo todos son pobres.
- No, quiero decir que en este pueblo, todos somos ricos pues tenemos lo que necesitamos sin necesidad de esforzarte tanto.
- Ya entiendo, es algo así como una comuna que vive del trueque.
- Yo mas bien diría que vivimos en autentica comunidad. Aquí tenemos un buen pensador que nos allana los obstáculos a todos, por eso no tenemos problemas. Piensa que puedes ofrecerle tú y seguramente te solucionará tu problema.
- Yo no tengo nada que ofrecer, pero si necesito algo. ¿Sabes si el pensador podría pensar para mi a cambio de nada?- El carretero sonrió y sugirió.
- Ve a verle, dile que vas de mi parte y cuéntale eso mismo que me has dicho a mi, Carlos es una bellísima persona y te ayudará.

Llegó al lugar donde le habían dicho que le encontraría y encontró un hombre bastante más joven de lo que él suponía a un sabio.
- ¿Quién le dijo eso? Yo no soy sabio, solo soy pensador.
- Yo le quería pedir si podía tener un pensamiento para mi, algo rápido, algo sencillito, que no le lleve mucho tiempo. No hace falta que sea un pensamiento muy bueno. No tengo nada, así que nada puedo ofrecerle.
- Si claro que podría, pero quiero aclararle algo. Tardo exactamente lo mismo en tener un pensamiento bueno que uno malo, por eso acostumbro a tenerlos buenos. Yo podía ofrecértelo por nada pero escucha, Manuel, el dueño del molino, muele muchísima harina. La que no usa su mujer para hacer los dulces la cambia por leche, o por miel, o por azúcar, por eso mismo a mi no me sobra ningún pensamiento, los que no uso yo los cambio por harina, o por queso, o por una gallina que son cosas que si necesito y de las que no me puedo proveer yo. Y si cuando termino aún me sobra alguno los utilizo para mejorar la vida de los que mas lo necesitan, que a veces sin darme cuenta, puedo ser hasta yo mismo. Si realmente piensas que tu necesidad es más importante que la mía házmelo saber y tendré un buen pensamiento para ti.

La verdad- pensó Faruc- es que el carretero tenía razón Carlos era un buen pensador y si el buscador se consideraba importante, tanto o más se consideraría él. Por eso, si a cada habitante le enseñaba a ver su propia importancia, la gente en aquel pueblo no debía tener problemas.
- Te contaré mi historia para que tengas un buen pensamiento para mí, mientras pensaré yo en algo que pueda ofrecerte. Verás, es que estoy cansado. Cansado de buscar el viejo continente. Surqué los aires agarrado a una sábana a la que anteriormente había atado cientos de pájaros, pero cuando elevaron el vuelo cada uno voló en una dirección diferente, por lo que la tela se rasgó y me caí. Compre un caballo pero su fe era más corta que la mía y se rindió antes de encontrar nada, intenté cruzar los anchos océanos a lomos de los delfines pero cuando bajaban al fondo del mar a tomar alimento, yo tomaba agua y comprendimos que no llegaríamos muy lejos. Aquel continente me va a matar y estoy cansado de buscarlo.
- ¿Y si no quieres buscar el viejo continente porque lo buscas?
- ¿No lo entiendes? Somos el continente perdido, cuando hallemos a los del viejo continente, dejaremos de serlo. Quiero dejar de vivir en un continente perdido, y quiero vivir en el gran continente.
- ¿Y quien dijo que este es el continente perdido? Yo estoy aquí, yo se donde estoy para mi los que están perdidos son ellos.- Aquella revelación dejo a Faruc sin habla pero cuando se recuperó añadió.
- No imaginas cuanto podrían aportarnos.
- Si no sabemos ni el lugar donde se encuentran, si nadie de este continente estuvo nunca allí, y nadie de aquel estuvo en este,…, ¿Cómo podemos saber que tiene que aportarnos?- Faruc guardó un profundo silencio.
- Veremos sitios que nunca vimos.
- ¿Has tenido tiempo de ver todos los de este continente?- silencio.
- ¡Conocimientos! El intercambio con otras culturas siempre ofrece conocimientos nuevos.
- Si realmente están más avanzados que nosotros ¿Por qué no nos encontraron ellos?- Carlos preguntaba lentamente, buscando la verdadera respuesta, no tratando de humillar a Faruc, pero él dejó caer los hombros y miró al suelo dejando escapar todo el aire de sus pulmones.
- De acuerdo, me has convencido- terminó por decir- dejaré mi labor de buscador.
- Si los antiguos buscadores se hubieran rendido tan rápido, hoy no sabríamos como encender fuego.- Faruc dejo sus ojos en blanco, totalmente desconcertado.
- De acuerdo, entonces que hago ¿lo busco o no lo busco?
- Eso lo tienes que decidir tú. Pero lo primero que tienes que tener claro es si quieres buscarlo o no quieres buscarlo. ¿A qué quieres dedicar tu tiempo? ¿Qué puedes ofrecer al mundo y que quieres que el mundo te ofrezca a ti a cambio? Yo por el momento ya se que puedes ofrecerme, mi hijo cumple años dentro de poco. Tú tienes que haber vivido infinidad de historias en tu camino a través de este vasto continente, y si no, podías contarle como imaginas ese que andas buscando. Para él sería un regalo escuchar esas historias. Yo con eso me daré por satisfecho.

Faruc se fue con más dudas de las que contaba cuando llegó. ¿Quería realmente buscar aquel continente? y si no lo hacía, ¿cómo pasaría su tiempo? El no necesitaba muchas cosas pues no podía acarrearlas de acá para allá. No tenía un hogar pues éste estaba aquí y allí. Y algo mucho más importante ¿dónde quería estar a partir de ahora? ¿allí o aquí?

Es curioso pero la calma no llega hasta que no desfila la tormenta entera, del mismo modo que las respuestas no se encuentran hasta que no pasa el tiempo suficiente. Ese espacio de tiempo no había concluido cuando llegó el cumpleaños del hijo del pensador. Faruc se presentó allí con varias historias que pensó que serían agradables de escuchar y que al ser adulteradas con un toque de fantasía, resultaban algo más que agradables. Se sorprendió de ver como había captado la atención del pequeño, y solo cuando terminó, se dio cuenta de que no solo éste escuchaba con atención, sino que todos los que por allí habían ido pasando se habían detenido a escuchar. El posadero se acercó y le pidió.
- Me gustaría que esta noche vinieras a casa a contarnos una historia y si quieres luego podrías quedarte a dormir.
- De acuerdo, allí estaré.- No recordaba cuanto tiempo hacía que no dormía sobre un buen saco de heno.
- Soy Adelaida la mejor cocinera de este pueblo y me gustaría, si no es mucha molestia, que contara sus historias a mi anciana madre, seguro que la ayudarán a pasar tantas horas de cama.- Faruc se dejó querer y aunque quedó durante unos segundos meditativo, terminó diciendo.
- Iré Adelaida, un buen puchero me ayuda a recordar historias.

Faruc se sorprendió de lo que gustaban sus aventuras y sobre todo de lo que a él le gustaba contarlas.
- Gracias Faruc -dijo Carlos- me parece que tu labor es superimportante, eres capaz de inventar la fantasía a raíz de la realidad.
- No menos que la tuya Carlos. Para mi es mas difícil ser capaz de ver la realidad sin involucrar mi fantasía.

Ambos quedaron agradecidos y encantados de la labor del otro. Nadie volvió a recordar el antiguo continente pero él no perdió su apodo de buscador. Solo que ahora, el espacio que buscaba, era esa estrecha línea entre la realidad y la ficción y caminaba por ella. Y justamente por eso, por lo difícil que resulta caminar entre un mundo y otro, para nosotros, el lugar donde se sucedieron estos hechos, sigue llamándose el continente perdido.




 Autora: Nuria L. Yágüez


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CUIDAR A LOS MAS PEQUEÑOS

Paseaba un día, por un camino vecinal con dirección al campo, cuando escuché el graznido de un grupo de aves migratorias, me quede observando como volaban con orden y respeto de jerarquia, que maravilla pense Yo.
De pronto dos niños, apostados detras de una valla y armados con esos artilújios llamados tirachinas, comenzaron a tirar piedras a las aves, haciendo impacto en el ala de una de las más pequeñas que perdio
vuelo cayendo a tierra.
Una de las mas grandes, posiblemente la madre, planeó por encima de la pequeña para ver si remontaba el vuelo. Los niños echaron a correr ahuyentando a la que volaba y apoderándose de la pequeña que estaba
viva, pero que le era imposible volar.
Me acerque, recriminándolos porqué habian echo eso, les dije, imaginaos, que una persona malvada os coge y os aparta de vuestra madre y no volveis a vérla más, sin podérla volver a abrazar, hay que tener mas respeto y pensar en los demas.
Otro día, me los encontré en el mismo lugar, con el ave que sostenian entre sus manos, me comentaron que la habian curado y dado de comer, que todos los días íban allí, para ver si pasaba el grupo de las demas y soltárla para que volase con ellas.

Autor: Alberto López Yepes


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TE NECESITO

Necesito habitar los huecos de
tu cuerpo,
explorarlo hasta conquistar
tu sexo,
que me inhales en cada
respiración
para visitar las cúpulas
de tu pecho.


Tatuarte la espalda de
caricias.
Verme en tus ojos siempre
reflejada.
Abandonarme entre tus
muslos tersos.
Sentirte enamorada.


Autora: Nuria L. Yágüez

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ABRAZO AL RESPETO

Un día, descansaba sentado en un banco del parque, cuando observe como unos niños jugaban con las ramas de los arboles, unos se encaramaban en las ramas fuertes y vigorosas disfrutando con sus juegos sin ocasionárles ningún mál.
Sin embargo, observe, como otros desgarraban las debiles ramas de un pequeño arbol, me acerque y llamando su atención, les pregunte porque hacian eso, les dije que lo que hacian, era como si a ellos les arrancaran un brazo.
Os gusta ser abrazados por los fuertes brazos de vuestros padres, les pregunté, sí, pues imaginaos, que a ellos cuando eran niños y debiles algún desaprensivo, no los hubiese respetado y les arrancan un brazo, como os iban a abrazar ahora.
Desde entonces, algunas veces les veo cuidando y regando el pequeño y debil arbol, esperando que se haga grande y fuerte.

Autor: Alberto López Yepes

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domingo, 24 de octubre de 2010

PALABRAS ALCANFORADAS


- ¿Cuáles fueron sus últimas palabras?
- Me gusta la palabra alcanfor.
- Pobre polilla, que muerte tan horrible.


Autora: Nuria L. Yágüez

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jueves, 21 de octubre de 2010

PODRIA DECIRTE TANTAS COSAS

Hola mi amor


Te escribo esta carta sin saber porque, porque esto mismo podría habértelo dicho hace unas horas, cuando estábamos abrazadas en nuestra cama o dentro de un rato cuando volvamos a estar juntas. Pero prefiero hacerlo por carta, parece que la palabra escrita tarda más en envejecer.


Me gustaría poder decirte que no podría vivir sin ti pero no es así. Me gustaría poder decirte que mi vida no es la misma desde que estamos juntas, pero no puedo. Me gustaría decir que no pienso en otra cosa más que en ti, pero si lo hago miento. Que te adoro como a una diosa, pero no lo hago. Me gustaría poder decirte que tu sonrisa es lo único que ilumina mis días, pero el sol de mis días no la marca tu sonrisa.

Y no puedo por una sencilla razón.

No puedo decirte que no podría vivir sin ti, porque hasta el momento que te conocí viví muchos años sin tu compañía. Eso si, podría decirte sin miedo a equivocarme que los años que viviera a partir de ese momento se convertirían en una búsqueda incesable de tu energía porque después de vivir a tu lado se que es este el lugar que deseo habitar.

No puedo decirte que la vida no es la misma desde que estamos juntas porque se que si es la misma, es la mía, la que siempre he vivido. Pero se que ahora mi vida tiene muchos mas colores, mas matices. Que has enriquecido la visión que tengo de ella. Ahora sonrío más, porque a tu lado, cada mañana, tiene un motivo nuevo para despertar.

Y si mi amor, pienso en más cosas que en ti, pero ahora pienso en plural. He incluido en mis pensamientos todo lo que a ti te concierne. Y en los pensamientos que no estas, he añadido tu forma de ver la vida siempre sencilla y optimista. Ahora lo malo no es tan malo y lo bueno es mejor, así es como tú me has ayudado a pensar.

Y no, no te adoro como a una diosa porque tú eres mucho más cercana. Estás al alcance de mi mano, que te desea. Y al ser dos seres imperfectos podemos dedicarnos a mejorar nuestra vida cada día. Una Diosa no se permite momentos para encender la llama del deseo, como tu y yo lo hacemos a solas.

Tu sonrisa, tu sonrisa no es lo único que ilumina mis días, pues si en algún momento tu no sonríes, no quiero apagarme yo, si no encenderme más para alumbrar tu camino como tu haces cuando el mío oscurece.

Ahora solo se que quiero vivir a tu lado bajo seis arcos de colores como tu sonrisa invertida. Y mientras saborear contigo cada momento de felicidad, y dejarnos así llevar por la lujuria para gozar de nuestra propia luz, aunque al llegar aquí te hayas ruborizado.

Te deseo mi amor. Te amo y te deseo.


 Autora: Nuria L. Yágüez

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martes, 19 de octubre de 2010

TIEMPO DE DIOSES

Hubo un tiempo mejor que este, en el que los sabios eran reconocidos como sabios y no como locos, y los buenos hombres eran alabados como se merecían. Pero aún en aquellos tiempos la vida era difícil y corrías el riesgo de topar con intereses mayores, y sufrir las consecuencias. Uno de estos sabios, a los que me refiero, era un buen hombre, y este buen hombre fue crucificado en una cruz ante el dolor de aquellos que le amaban. Hoy, sin duda, hace falta más de un hombre como aquel, de auténticos discípulos, o de buena gente. Lo malo es que para reconocer a un sabio, hay que creer en él y la fe es un bien escaso en estos días.

Yo he conocido a uno de esos hombres, en un tiempo adverso para él.
Yo trabajaba de auxiliar administrativo en una multinacional, donde no era más que un número de personal, y una escasa nómina a final de mes. Hacía mi trabajo y vivía una vida simple, sin que nadie reparase en mí. Era un ser anónimo e indeterminado que se movía como un fantasma para no molestar, ni ser molestado. En una ocasión, me llegó una carta a casa, del psiquiátrico donde había estado ingresado el hermano de mi madre, hacía ya varios años. Me pedían que me pasara a firmar un papel, otro de aquellos fastidiosos papeles que de vez en cuando, aparecían en algún ordenador de la administración. Solicité un permiso de dos horas y ante la sorpresa de que el trabajador 630/72 pidiera algo, nadie se opuso.

Me puse mi abrigo de paño gris, sobre mi traje gris y acudí a su llamada en un día bastante gris.
- Gracias por venir tan rápido.- Me dijo el director del centro al salir del despacho. En la antesala esperaba un enfermo junto a un celador. Nos miramos mutuamente y saltó la chispa.

Lo primero que vi fueron sus ojos. Aquella mirada potente y misteriosa. Sus ojos de un azul difuminado estaban al fondo de la cueva profunda y oscura que había bajo sus cejas. Unas cejas blanquísimas y pobladas que parecían una cama de algodón para descansar los millones de viejos pensamientos, que habían pasado tras su frente arrugada. Daba la impresión de que aquellos ojos miraban hacia dentro, te traspasaban la mente y desnudaban tu alma.

Y era la intensidad de aquella mirada lo que electrizaba y te dejaba como hipnotizado. Como un grito sordo, susurró a mi paso “SOY GABRIEL, VENGO A DECIRTE QUE DIOS TE AMA”. Y rozó mi mano con sus nudosos dedos de viejo y se santiguó. Su tacto era áspero, sus arrugas eran profundas grietas horadadas en sus manos callosas, pero el momento fue dulce y agradable. Me invadió una gran calma. Fue como si el sentido de la vida pasara ante mis ojos a cámara lenta. Aquel magnetismo duró solo un segundo y después se difuminó como una nube de humo en una corriente de aire, cuando nuestras manos se apartaron. En aquel momento supe que jamás podría olvidar aquella magnitud de sentimientos, de dudas y de paz. Mi corazón encontró la calma, pero a mi mente llegó una inquietud que nada nunca me había hecho sentir.

Volví a mi monótona vida gris pero no podía dejar de pensar en él. Cerraba los ojos y veía los suyos. Intentaba pensar en otras cosas pero mi corazón seguía inquieto. Me costaba conciliar el sueño. Era como si aquel escaso roce siguiera erizando mi piel a cada momento.

A los dos días volví al psiquiátrico. Necesitaba verle de nuevo. No podía comprender porque aquel anciano había invadido mi vida de aquella forma. No sabía que iba a decirle, ni que quería preguntarle pero sabía que debía verle de nuevo. No sabía nada de él, solamente que se llamaba Gabriel. Pocos datos pero rezaba porque fueran suficientes.

Pregunté en admisión de enfermos y no supieron decirme nada de él.
- Estoy seguro. Hace dos días estaba aquí. Era un hombre mayor y estaba con un celador en la antesala del despacho del director.- Reiteré en mis preguntas.
- Le digo que aquí no hemos tenido a ningún enfermo con ese nombre.- Dijo la señorita después de consultar el ordenador por segunda vez.
- Puedo ver al director.
- En este momento no se encuentra en el centro.

“No hagas más preguntas, o terminarán encerrándote a ti” me dije a mi mismo. Como explicar lo que había sentido con el simple contacto de aquella persona, que parecía no haber existido y del que nadie, ni yo mismo sabía nada.

Al día siguiente volví a mi trabajo con la firme intención de olvidarle. Entré como todos los días en la oficina y cuando me dirigía a mi mesa, Magdalena, una compañera de sección me salió al encuentro. Al darme los presupuestos del año que me traía nuestras manos se rozaron.
- “Muchas gracias por todo. Eres una bellísima persona y te adoro por tu sencillez. Por ser el hombre sensible que eres. Y por tu discreción cuando nuestras miradas se cruzan. No quisiera perderte nunca como compañero pero me encantaría poder contar contigo como amigo.”

“¿Quién había dicho eso?” No había nadie a nuestro alrededor y ella no había abierto su boca. No podía entender. En realidad tampoco lo había oído pero tenía la certeza de que esas palabras no salían de mi mente era como si hubiera presentido un sentimiento. La miré a los ojos y supe que era ella quien sentía así. Algo me había hecho percibir la realidad que antes no veía, pero no quería preguntarme como o porque.
- ¿Querrías ,..., ?- Sentí autentico terror de decir lo que iba a decir.
- ¿Si?
- ¿Querrías tomarte algo conmigo esta noche?
- Me encantaría.- Dijo ella con una amplia sonrisa.

Nos cruzamos varias veces por la oficina y no volví a sentir nada fuera de lo normal. No volví a sentirme conectado con ella de aquella manera tan íntima. Mi corazón se aceleraba al verla pues siempre me había fijado en ella pero nunca pensé que ella sintiera nada por mí.

A la hora de la comida pasé por recepción para recoger el correo como siempre hacía. Carlos aquel joven introvertido y grande, con el que siempre comentaba los resultados de los partidos me dio dos sobres.
- Que pase feliz Navidad.- Me dijo mientras me tendía la mano.
- Igualmente.
- “Eres un tío grande. Siempre me has caído bien y me encantaría poder compartir contigo las entradas que tengo para el partido de este sábado. Pero seguro que tienes otros planes.”- Baje la mirada al suelo y suspiré asustado. Me había sentido conectado con alguna fuerza invisible, pues tenía la certeza de que él no había pronunciado aquellas palabras pero yo las había oído. Y aunque en ocasiones había oído hablar de situaciones así nunca les había dado credibilidad. Toda explicación posible escapaba a mi entendimiento pues no había sido educado para creer en estas cosas, sin embargo ahora sabía que eran ciertas.
- Este sábado hay partido ¿Verdad?- pregunté.
- Si, un partido buenísimo.
- ¿Te gustaría venir conmigo? Quizás pueda conseguir un par de entradas.- Dije con la absoluta certeza de que no las encontraría.
- Sería fantástico, pero no hace falta que las compres, a mí me regalaron dos ayer en un sorteo de la radio.

¿Cómo podía saberlo yo? ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué reconocía los pensamientos de la gente? Unos ojos profundos llegaron a mí. Este pensamiento me hizo recuperar la serenidad que había perdido. Supe que aquel contacto que tuve en el psiquiátrico tenía algo que ver con esto. ¿Pero a quién preguntar? Volví a darle la mano a Carlos, pero no sentí nada más que su tacto y un fuerte apretón.

No podía dejar de tocar a la gente. Hubo varias sensaciones más de ese estilo durante el día, la chica que día tras día me ponía la comida en el bar, mi jefe, unos cuantos compañeros y mi portera. Era curioso, toda esa gente me apreciaba más de lo que yo nunca creí. Me conocían. Sabían que existía. Era muy agradable.

Al salir de casa paré un taxi para acudir a mi cita con Magdalena. Cuando después de unos metros recorridos miré hacia el retrovisor y vi de nuevo esos ojos profundos y viejos.
- ¿Gabriel?- Dije sin sentir miedo.
- Dime.
- ¿Quién eres? Fui a buscarte y no te encontré. ¿Has tenido algo que ver tú en lo que hoy me está pasando?
- Si. He sido yo.
- ¿Por qué? ¿Cómo? No, no entiendo nada.
- Soy un ángel y he venido a cumplir un encargo.
- ¿Un ángel?- Pregunté incrédulo.
- Si un ángel.
- Perdona que no te crea, pero en los tiempos que corremos es peligroso ir por ahí diciendo que eres un ángel. Tenemos millones de curanderos que no sanan, de adivinos que nunca predicen nada, de magos que solo usan trucos, ¿Tú comprendes que me cueste creerte?- Gabriel seguía conduciendo lentamente y a pesar de ir con el tiempo justo, no me interesaba por donde iba ni si llegaría a tiempo a mi cita.
- ¿Alguna de esas personas hizo que escucharas lo que sienten por ti los que te rodean? - preguntó con calma.
- Podría ser un truco.
- ¿Y si te enseño las alas?- Preguntó riéndose de mí. Gabriel me miraba por el espejo retrovisor sin prestar atención al tráfico y notó la sorpresa en mi rostro.

Un niño cruzaba la carretera y Gabriel no pudo verle. Yo intenté avisarle pero la voz no salió de mi garganta. En el último segundo el niño se paro y levantó su vista al cielo. Gabriel volvía a leer mis pensamientos.
- ¿Me crees ahora?
- ¿Eso ,...,? ¿Eso lo has hecho tu?- Pregunté tratando de controlar mi corazón que se había disparado.
- Si, podemos hacer muchas clases de milagros. Nuestro señor hace años hizo algo más notorio y dos mil años después se sigue hablando de cómo se separaron las aguas.- Después puso la nota de humor- Así que últimamente somos algo más discretos.
- Pero ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? Yo no soy nada. Hay cosas mucho más importantes que yo, milagros que merecería mucho más la pena.
- Lo tuyo es una deuda antigua.- Dijo con cariño recordando algún tiempo pasado. Lentamente levantó la vista al retrovisor y reparó en mí.

Pasó su mano entre los asientos y la puso sobre mi rodilla. Como en una regresión, me vi treinta años atrás. La escena pasaba en el cuarto de mi madre. Yo había estado presente y no entendía porque me llevaba allí. Yo ya había vivido aquel momento. Mi madre agonizaba en su cuarto, yo me colé a escondidas de mi padre y la vi delirando por la fiebre, sin darse cuenta siquiera que yo estaba allí. Se quedó dormida y nunca más despertó. Al volver al presente intuí algunas cosas.
- ¿Fuiste tú? ¿Tú te la llevaste?
- Si.- Susurró con serenidad mirándome a los ojos y no me sentí mal.

Durante toda mi vida he llevado en mi cabeza las palabras que le escuche decir a mi madre, palabras sin sentido “No ya no lo quiero a él. Tú se lo explicarás. A mí ya todo me da igual. Díselo cuando más esté sufriendo”. Ella hablaba con mucha serenidad, como quien se quita un peso de encima que ha llevado durante años. La oí decir cosas durísimas que me han herido el alma durante toda mi vida. Se reía. Yo en un principio pensé que hablaba conmigo. Que me estaba pidiendo que le dijera a mi padre que no le quería. Luego me di cuenta que deliraba porque no contestaba a mis preguntas. Ya era incapaz de escucharme. A pesar de la certeza que tuve en aquel momento, siempre me he preguntado si deliraba o no.
- No deliraba.- Se me hizo un nudo en la garganta y confirmé que Gabriel leía mis pensamientos.- Sencillamente hablaba conmigo.
- ¿Entonces a quien era? ¿A quien no quería? ¿A mi?- Gabriel sonrió ante mi insistencia por comprender. Parecía un niño que empieza a descubrir el mundo y él un padre orgulloso y paciente.
- No, era un milagro. Eso que ella no quería, era su milagro. A las personas que en vida se lo han ganado, cuando mueren, se las concede un deseo. Algo que durante toda la vida han deseado en lo más profundo de su ser. Ella siempre deseó veros a tu padre y a ti. Quería ver a aquellos que la amaban. Ver su rostro.

Volvió a tocarme la rodilla y entonces les escuché a los dos.
- Hoy voy a concederte eso que siempre deseaste.
- No, ya no lo quiero.- Respondió mi madre, ante la sorpresa de Gabriel.
- Veo en tus ojos mucho amor.- Se sentó a su lado.- Comprendo por tus sentimientos, que ahora deseas que ese milagro que teníamos para ti, se lo concedamos a otra persona.- Una sonrisa fue su afirmación. -¿Y a quién deseas cedérselo?
- A él.- Gabriel miró confuso al niño que lloraba junto a su madre.
- Pero entiende que él no es ciego. Él puede ver a la gente.- No hizo falta aclaración.- Ah! claro. Tu deseo es que en algún momento, él sea consciente de quien es la gente que le quiere. Que lo vea con claridad. ¿No es así?- Mi madre volvió a sonreír-Solo se me ocurre un modo, pero podría ser terrorífico, pues él no entenderá como puede captar los sentimientos de la gente.
- Tú se lo explicarás.
- Es muy bonito lo que estas pidiendo, pero este era tu milagro.
- A mí ya todo me da igual.- Mientras hablaba con ella Gabriel la acariciaba la mano y ella sonreía. Había mucha paz en sus ojos.
- Hoy no puedo concedérselo porque tendría que consultar con el Señor si puedo hacerlo. De poder ser ¿Cuándo quieres que se lo diga?
- Díselo cuando más esté sufriendo

Jamás en la vida le dije a nadie las palabras que yo escuche decir a mi madre en su lecho de muerte. De modo que eso me hizo saber que era verdad lo que decía. Supe que Gabriel era un ángel. Cuando fui capaz de abrir los ojos y enjugar mis lágrimas, Gabriel ya no estaba en el coche. Un señor me abría la puerta.
- ¿Señor se encuentra bien? Está hablando solo.
- Si, disculpe.
- Necesito que me pague la carrera.- Era el conductor del taxi.

Tal vez al leer esto puedas pensar que todo fue fruto de mi imaginación. Piénsalo si quieres. No tengo una pluma de sus alas. No tengo una foto con él. Solo yo lo vi. Pero como le dije a Gabriel hay mucho loco suelto, por lo que no podemos creer en todo y mucha falta de fe, por lo que algunos no pueden creer en nada. Sin embargo yo se con certeza que tengo un ángel de la guarda, y no me importa mucho lo que digan los demás. Yo soy feliz, aunque ahora sea a mí al que le tachen de loco.
Autora: Nuria L. Yágüez

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lunes, 18 de octubre de 2010

TE EXTRAÑO MUCHO, Enigmático

Era noche cerrada. La lluvia resbalaba por los cristales como las lágrimas de Nora por sus mejillas. Lloraba pensando que hubiera pasado. Abrazada a su almohada en la oscuridad de su cuarto escuchaba una canción. “TE EXTRAÑO. COMO LOS ÁRBOLES EXTRAÑAN EL OTOÑO”. De pronto su teléfono móvil pitó señalando que había recibido un mensaje. Contuvo la respiración sin moverse de la cama. “No lo miraré” se prometió a si misma. “EN ESAS NOCHES QUE NO CONCILIO EL SUEÑO” Un pitido más. “No lo miraré” volvió a repetirse. “NO TE IMAGINAS AMOR COMO TE EXTRAÑO” Unos segundos más tarde pitó de nuevo. “Lo apagaré” se dijo por fin. Se levantó y justo en ese momento volvió a pitar.

Lo miró con la respiración contenida y un sobre le indicaba que tenía mensajes. Pulsó la tecla y en su pantalla de cuarzo apareció el mensaje. “Tiene 4 mensajes nuevos. Leer?” Ok dijeron al unísono la tecla, su dedo y su corazón. “TE EXTRAÑO COMO LOS ÁRBOLES EXTRAÑAN EL OTOÑO. Enigmático” decía el primer mensaje.”EN ESAS NOCHES QUE NO CONCILIO EL SUEÑO. Enigmático” decía el segundo. “NO TE IMAGINAS AMOR COMO TE EXTRAÑO. Enigmático” decía el tercero. “SI ME EXTRAÑAS MIRA DETRÁS DE TI. Enigmático” decía el cuarto. Nora sonrió, pero una lágrima luchaba por no caer de su párpado tembloroso, apagó el móvil.

Dejó caer el teléfono sobre el periódico del día, que había sobre la mesa, cuyo titular decía: “Ayer resultó muerto en su detención "Enigmático", el psicópata que martirizó durante meses a la famosísima NORA.”

A la mañana siguiente los titulares cambiaron. “NORA fue encontrada muerta ayer noche en su propia casa. Prosigue la búsqueda del verdadero ENIGMATICO.”
Autora: Nuria L. Yágüez

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viernes, 15 de octubre de 2010

SUEÑOS DE AMOR

Sueño cuando cada día
nos veíamos un rato.
Sueño, cuando eras mía.
Sueño, que estás en mis brazos.

Suelo soñar con tus besos.
Sueño yo con tus abrazos.
Sueño, cuando me querías,
y soy feliz con sólo soñarlo.

Son sueños que cada día
los sueño y no me hacen daño.
Sueño, si llegará el día
de otra vez, besar tus labios.

Soñé, mi amor, el otro día
que de mí te has olvidado,
Y desperté con los ojos
empapados por el llanto.

No te olvides de mí, amor.
Que yo seguiré soñando.
Y seguiré esperando el día
de poder volver a tú lado;
para darte mi cariño
mis besos, y mis abrazos.



Autor: Alberto López Yepes

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QUISIERA ESTAR SIEMPRE CONTIGO

Quisiera ser viento
para alborotar tu cabello,
Quisiera ser cadena
para abrazarme a tu cuello.


Quisiera ser gallo
para despertar tu sueño.
Quisiera ser de tu vida
el único dueño.


Quisiera ser polvo
para posarme en tu suelo.
Quisiera ser peine
para acariciar tu pelo.

Quisiera ser caño
para besarte los labios.
Quisiera ser libro
para hacerte sabio.

Quisiera ser sol
para verte el primero
Quisiera que me quisieras
como yo te quiero.



Autor: El Amante gay

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miércoles, 6 de octubre de 2010

LA TABLA DEL NAUFRAGO

Anoche me besó
¡Cuantas noches soñé aquello!
Su boca entre mis labios,
y entre mis brazos su cuerpo.
Sus manos acariciaban mis pechos
y su boca; con urgencia
huyó hacia mi sexo.
¡Dios mío, aun se inflama el aire
con tan solo el recuerdo!

Mas se desveló el misterio.

Ella sabe que la amé
y yo,
que fue un barco que ante la tormenta
buscó cobijo en mi puerto.
Y cuando llegó la calma,
zarpó hacia mar abierto.



 
Texto creado por: Nuria L. Yágüez


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