martes, 30 de noviembre de 2010

MADRE

¿Por qué me has dado vida
si sabes que mañana he de morir?


¿Por qué me has dado vida
si corren tiempos tan confusos
y los cambios están tan lejanos?


¿Por qué me has dado vida
si hoy has muerto
y no puedo volver a tu seno
en busca de protección?


Podría decir más palabras
llenar los espacios con ellas
pero solo se me ocurren estas porque,
¿para qué seguir hablando
si hoy has muerto
y no puedo retornar al seno que me dio la vida?


En memoria de Iván Croissier
Relato enviado por su familia



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domingo, 28 de noviembre de 2010

VIVIENDO CON LO PUESTO

Río, brinco y salto,
y casi nunca me lamento,

disfrutando lo que tengo
aunque viva con lo puesto.

Brindo, siento y canto,
y de todo me sorprendo.

Si siento que algo he perdido
es porque un día me fue dado
y como vivo el día a día
seguro lo he disfrutado.


Texto creado por: Nuria L. Yágüez

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TODA UNA VIDA, TE ESTARIA ESPERANDO

Cogerte de la mano
y caminar las dos al tiempo,
es todo lo que preciso
para expresarte lo que siento.


Acariciarte con dulzura
como lo hace en el mar la corriente,
es todo lo que necesito
para saber lo que tú sientes.

Si el suave sol de la mañana
con su trémula curiosidad,
nos sorprendiera en la cama un día
abrazadas; abrazadas sin más,
sabría que lo que en sueños veía
una noche se hizo realidad.

Y si no llegara el momento
Reconocería que mi mente miente
Y tenía razón cuando decía
que no hay más dura soledad
que compartir con quien no siente
y llama vida a lo que es tormento.



Texto creado por: Nuria L. Yágüez

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sábado, 27 de noviembre de 2010

OTRA PERSPECTIVA

¿Por qué la moto y no el balón?¿por qué motocross?
Muchos me lo preguntan, cuando un sábado a las 12 de la noche dices que tienes que marcharte a casa mientras todos los demás jóvenes de mi edad se van de fiesta, ¿por qué te vas?. Mañana entreno o mañana tengo carrera ¿Y tú a qué juegas? . Yo juego con la moto. Lo que piensan de mi respuesta se ve en la cara de quien me pregunta. Muchos expresan admiración, otros se quedan sin entender nada, otros se ríen.
La moto es ese cacharro que todo el mundo utiliza alguna vez pero que en este deporte es tan dura y extenuante que te hace perder la conciencia, capaz de ponerte el corazón a 220 pulsaciones, capaz de hacerte vomitar sangre. Es un deporte tan gratificante como desesperante en el que hay que ser paciente y tener sangre fría. Un deporte que crea un estilo de vida, el deporte de más exigencia a ti mismo y más orgullo personal. Un deporte que te hace brillar, llegar a lo más alto a ti sólo, donde por mucho equipo que tengas no eres nadie si no eres bueno, si no tienes estilo, si no tienes raza, si no tienes valor. Un deporte donde hay que echarle mucho coraje, donde tienes que ser de otra pasta. El motocross no es un deporte cualquiera.
Casi nadie se levanta un domingo, lloviendo, con frío, a las 6 de la mañana para ir a una carrera a 400 km de casa, competir y volver por la tarde. Un deporte tan duro que las caídas son parte de tu oficio, donde las clavículas, muñecas, brazos y rodillas maltrechas son el pan de cada día.
Para ser piloto de motocross hay que sentir amor por el deporte, por la moto y tener capacidad para el sacrificio y el sufrimiento.
Es un sacrificio que a veces te lleva a tocar el cielo, que hace que él y tú aguantéis y aguantéis hasta el borde del infarto. En ese momento es cuanto tengo que pensar soy el mejor y lo voy a lograr, vamos, vamos!!.
Es un deporte donde se juntan muchos sentimientos. Emoción inigualable cuando ganas una carrera, cuando subes al primer cajón. Por otro lado, dolor cuando entrenas a 0º y vuelves a casa de noche congelado entero, o a 40º y sientes que no hay aire para respirar, cuando te vas a 1.000 km de casa para competir, cuando te caes, cuando te lesionas. En otros deportes una simple sobrecarga es un mes de baja, en motocross corres hasta con una luxación en el hombro pero nada te duele cuando la gente te grita, cuando das espectáculo, cuando te apoyan, cuando te caes y ves a la gente ponerse en pie y venir en tu ayuda, entonces, entonces te vuelves a levantar con más coraje que nadie.
Este deporte te hace crecer como persona, te hace vivir cada día con ilusión, cuando te montas en la moto te hace sentir orgulloso por todo el esfuerzo, por lo que eres capaz de hacer, porque eres de otra pasta, porque eres tu primer rival, porque eres... piloto de motocross. Te da igual el reconocimiento, la prensa, las medallas, el dinero. Tú, solo quieres un circuito, un par de amigos y la moto. El que no está dentro, no sabe lo que es, lo que se siente, lo que se sufre. Hay que tener mucho valor para vivir este deporte. Todo aquel que se sube a una moto, ya sea un aficionado o un profesional, merece toda mi admiración y reconocimiento. A veces me pregunto ¿valgo para esto? ¿es esto para mi? En ese momento me doy cuenta de quién vale y quién no, quién tira la toalla y se va a casa al sofá y quién sigue y sigue aunque su pulso diga para.
Para todos los que no nos rendimos un ole, ole y ole.

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viernes, 26 de noviembre de 2010

ME GUSTAS

Me gusta coger tu mano
porque al hacerlo
te siento.

Me gusta abrazarte
porque al hacerlo
vibro.

Me gusta besarte
porque al hacerlo
mis labios pueden percibir
el secreto nombre de tus poros.

Me gusta dialogar contigo
porque al hacerlo
tu siendo tu
yo siendo yo
nos aportamos.

En memoria de Iván Croissier
Relato enviado por su familia



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LA GRAN HERENCIA

Soy la tercera en una familia con recursos económicos bastante limitados. Los dos hijos anteriores también eran chicas. Desde niña oí contar que cuando yo nací mi padre se echaba las manos a la cabeza diciéndose ¿con tanta mujer quién me va a ayudar a mi a sacarlas adelante? Ellos esperaban que fuera el chico deseado por mi padre, pero tuvieron que pasar cinco años más para que llegará el único hijo varón. Nunca me sentí diferente a mis otros hermanos en el trato que recibí de mis padres, ni siquiera tuve celos de mi hermano a pesar de ser el varón, el pequeño, el más alto y con los ojos más claros. Hoy quiero dar las gracias públicamente a mis padres. A ti papá, gracias por inculcarme los principios y valores que el ser humano debe poseer para sentirse orgulloso como tal. Porque a pesar de trabajar muchas horas diarias y tener falta de sueño hasta el punto de quedarte dormido con la cuchara cerca de la boca, sabías sacar unos minutos para preguntarme la tabla del 6. Porque tu mes de vacaciones las disfrutabas en diciembre para irte con mamá a trabajar en los puestos navideños, pasando un frío insoportable, aunque ibais forrados con varios pijamas debajo de la ropa, para poder comprarnos un abrigo de nuestra talla, unos zapatos que no nos hicieran llevar los dedos encogidos, y que la noche de Reyes tuviéramos los regalos que ansiábamos. A ti mamá, gracias por enseñarme lo que es la ternura, el amor a los hijos, el que con un beso se cura una herida en la rodilla, por oírte cantar siempre mientras hacías las tareas de la casa o cuando confeccionabas aquellas camisas para una tienda dándole sin parar al pedal de aquella vieja máquina. Porque cuando ya estábamos los cuatro acostados tu te ponías a lavar nuestra ropa en esa tabla ondulada para que estuviera todo preparado y limpio. Por no acostarte una sola noche sin venir a arroparnos y darnos las buenas noches aunque ya estuvieramos dormidos. Por ser mi cómplice. Por tener siempre esa dulce sonrisa en tu cara. A los dos, por no haber visto nunca una discusión acalorada entre vosotros. Por habernos enseñado que el amor a la familia es el pilar más importante en una vida. Porque aunque no salíais de vacaciones. ni puentes, ni siquiera los domingos, os veíamos reir echando una partida de cartas en la mesa camilla del cuarto de estar. Por haceros los sorprendidos y no echarnos con un “dejarnos dormir” cuando el día de Reyes nos subíamos a vuestra cama para enseñaros los regalos aunque no hacía ni una hora que habíais llegado de cerrar el puesto de venta. Por habernos dejado ver hasta vuestro último día como seguíais agarrados de la mano. Por habernos hecho sentir tan queridos. Os echo muchísimo de menos pero tengo el consuelo de que ahora también estáis juntos, felices, sin dolor y os recuerdo con una sonrisa que solo se ve empañada por la lágrima que no puedo contener. Gracias porque es la más maravillosa herencia que me pudisteis dejar. Estéis donde estéis os sigo queriendo con todo mi corazón.


Autor: Marisa Prieto Guijarro

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jueves, 25 de noviembre de 2010

CONDENA AL MALTRATO DE GENERO


25N Día internacional contra el maltrato

Hola cariño, se que estas en casa y borras los mensajes porque de no ser así hace veinte días que
se habría agotado la cinta.  Por favor cógeme el teléfono,...,   No podemos seguir así, no podemos
seguir eludiendo nuestras responsabilidades.  Si tu no quieres hablar conmigo deja por lo menos que
hable yo con ella ,..., Si cambiaras de opinión llámame. Un beso


Hola Amanda soy yo otra vez. Hoy me he pasado por casa Y he visto luz. Se que estáis ahí aunque no quieras hablar conmigo, pero tu contestador es terco y me sigue la corriente. Creo que tengo algún derecho aunque solo sea por los años que viví contigo. Tengo derecho a ver a mi hija y a verte a ti porque siempre serás mi esposa. Tengo derecho a que me des una explicación y me digas exactamente qué ha pasado para que estemos así. No me creo lo de ese amante tuyo. Creo que es mentira lo que pasa es que es más fácil decirme eso. Me dices que hay otro para que me enfade y no insista. Lo malo es que duele, aunque piense que es mentira duele. Quiero ver a mi hija. Necesito ver a mi hija. Ya no por mí, sino por ella. Pienso que se la romperá el corazón, si no está conmigo, si no habla conmigo. Sabes que siempre hemos estado muy unidos. Os hecho tanto de menos,..., Hecho de menos aquellos besos y aquellas caricias, pero ya no es solo eso. Te echo de menos a ti. Aquel juramento de querernos hasta la muerte sigue vivo en mí. Y sé que en ti también, aunque no quieras reconocerlo.


Hola Amanda estoy aquí de nuevo al otro lado de la puerta. Te estoy oyendo llorar y sé que tú puedes oírme a mí mientras grabo el mensaje en tu contestador. ¿Sabes? ya es intimo amigo mío. No llores por favor. No sé que estará pasando por tu cabeza pero debe ser muy grave para que me eludas de esta forma. Me rompe el corazón oírte llorar al otro lado de la puerta. Nunca te había visto llorar y estoy preocupado. Ábreme. Déjame al menos que seque tus lágrimas, que te consuele mi hombro y te abracen mis brazos. Tal vez un médico pueda ayudarnos. La psiquiatría está muy avanzada y seguro que tiene un remedio para lo que quiera que te esté pasando. No es nada del otro mundo tener que acudir a un psiquiatra. He estado informándome y estoy dispuesto a ir contigo si él lo creyera conveniente.

Te quiero ahora más que nunca, porque sé que ahora me necesitas. Me estoy quedando sin batería pero hablaré hasta que se corte. Ayer la vecina de enfrente me trajo un café, porque hacía frio mientras esperaba a que volvierais de la calle. Pero no te vi. Probablemente me viste tú primero y os fuisteis y volvisteis cuando me quedé dormido. ¿Pasaste por encima de mí? Se hacen largas las horas sin ti. Esperando a que un día me abras este muro infranqueable que es mi propia casa. Esa coraza que te creció en el corazón se hará más dura mientras no hablemos. Sigues llorando y cada lágrima que cae sobre tu regazo se clava en mi alma como un arpón. Necesito veros a las dos. Y besaros los labios, como siempre he hecho. Necesito acariciarte el pelo. Tu pelo rubio y sedoso. Sé que algo debo haber hecho aunque no sepa el qué. Tú deberías decírmelo, deberíamos ha ,..., piiii


Hola mi niña vuelvo a ser yo. Hoy he ido a ver a tu psicólogo y no le he sacado la más mínima palabra. Me ha dicho que te echaba de menos y que te ha llamado pero no le has cogido el teléfono. Yo creo que ha sido compasión. Creo que pensó que me sentiría muy mal si me hubiese dicho que con él si hablas. Si en realidad es así, que no le coges el teléfono a él tampoco, creo que deberías hacerlo. Tal vez hablar con él pueda ayudarte. Tal vez pueda ayudarnos. Tal vez yo también debería hablar con él, eso podría ayudarte a ti. Todo lo hago por ti. Mi mente es un mar de dudas y no creo que él sea capaz de aclarármelas. Pero tú sí. He decidido que si hoy tampoco me hablas voy a darte tiempo y distancia. No seguiré esperando día tras día al otro lado de tu puerta. Voy a alejarme unos días para que puedas pensar en paz. Así que si a partir de mañana no escuchas mis mensajes desesperados no me echéis de menos, ni tu contestador ni tú. Bueno os quiero mucho a la niña y a ti pero debo irme.


Eh tu. Sé que ayer te prometí no volverte a llamar pero que cojones es mi casa y llamo porque me sale de los,...,


Se me ha cortado. Que salgas de una puta vez, ¡ostias! Eres una,..., ¡Coño déjame el teléfono! Es mi mujer y la llamo lo que quiero. Dame el puto teléfono. ¡Quita joder! Que leches voy a empeorar, si ya no hay nada que pue,...,


Hola Amanda. Quiero pedirte perdón. Ayer estaba muy borracho y no era consciente de mis actos. Me junte con Julio y me calentó la cabeza demasiado. Creo que ahora sí que lo he jodido todo, pero tú sabes que ni pienso, ni he actuado nunca de ese modo. No sé ni lo que dije. No hay palabras suficientes para pedirte perdón, porque sé que no hay perdón que valga. No sabes hasta que punto estoy arrepentido. Tanto que estuve a punto de coger mis llaves y entrar a por la cinta del contestador. Pero te prometí no usarlas hasta que tú me dieras permiso y yo siempre cumplo mis promesas. A pesar de lo que puedan traer consigo. Tanto que un día jure amarte hasta la muerte y a pesar de que tú dudes de lo que un día estabas tan segura, yo no. Y a pesar de que se me rompa el corazón en mil pedazos y lo pises con crueldad, no dejaré de amarte nunca. Bueno como también te prometí darte un poco de distancia esta será mi última llamada.


Hola Amanda. Hoy hace tres días de mi última llamada y las cosas no han cambiado, pero hoy es el cumpleaños de mi hija y me gustaría felicitarla. Por favor, déjame hablar con ella. ,.., Solo llamo para eso

No puedo creer que me nieges esto que te pido, solo quiero felicitarla. Que sepa que su padre se sigue acordando de ella cada minuto que vive. No sabes hasta que punto me ha costado no llamaros estos días. No sabes lo que me costó veros pasar la otra tarde a dos metros de mí y morderme la lengua para no saludaros. Pero tal vez tú lo habrías interpretado como una traición. Yo no os busque pasasteis por delante de mi pensión. Ibas camino del psicólogo, de modo que ahora sé que por lo menos con él si que hablas. Si tú quieres que las cosas sigan así sumidas en este eterno monólogo entre tu contestador y yo, así seguirán. Pero quiero que sepas que no es grato ni para mí, ni para nadie estar sentado en tu felpudo como un perro esperando las sobras de tu amor. No obstante creo que mi paciencia es más grande que mi desánimo, así que resistirá. La niña también es mía y tengo el mismo derecho que tú sobre ella. Solo digo que no me gustaría tener que actuar como esos padres que desaparecen con sus hijos para hacer sufrir a las madres. Piénsalo, es tu decisión.


Hola Amanda he vuelto a ir a tu psicólogo. En un principio me dijo que ya no ibas pero le aseguré que te había visto salir de su consulta y finalmente dio su brazo a torcer. Aun así no quiso contarme nada. Dice que sus consultas son íntimas, que se debe al secreto profesional. No lo entiendo, si tu vas a contar nuestras historias a un tio a cambio de dinero ¿qué intimidad puede haber en ese acto? Lo único que me dijo es que estabas mejorando y cuando insistí me amenazó con llamar a la policía. Entonces le dije que de acuerdo que si a ti podía aconsejarte por dinero, que yo le pagaría para que me aconsejara a mí. Supongo que ya lo sabrás porque hoy ha sido día de consulta y él no estaba, pero quería que supieras mi versión de los hechos. El podría haber tergiversado las cosas, así que no me quedó más remedio que hacerle lo que le hice. No quisiera que supieras lo que le dolió en primera persona.


Sigo aquí, un día más haciendo guardia ante tu puerta. Me estoy empezando a cansar, así que creo que cambiaré de táctica. Me he comprado una tienda de campaña y haré una manifestación en tu jardín. En nuestro jardín. Huelga de hambre. Suena duro, pero tú me estás empujando a ello. He dejado el trabajo para poder vigilarte a todas horas. Así no podrás salir de mi casa sin toparte conmigo. Ni siquiera comprarás el pan sin ver mi fea cara. Tal vez así te dignes a dirigirme la palabra aunque solo sea para pedirme paso. A mirarme a los ojos para apartarme de una patada. A recordar que un día fui parte de tu vida, todo eso sabrás cuando pases por encima de mí. Y si no sales o se te ocurriera llamar a la policía atente a las consecuencias.


Ya estoy aquí. Ya no podrás volver a deshacerte de mí nunca más. Ya no podrás hacer que mi hija se olvide que un día tuvo un padre. ¿Qué la dirás cuando la tengas que decir que no podéis salir de casa? No creo que la hayas dicho como otras estúpidas que su padre murió y está en el cielo cuidando de ella. No, tú no eres así. No eres tan inteligente como para poder inventar una historia completa. Déjame verla o empezaré la huelga de hambre en este mismo instante. Es la última vez que te lo pido. Bueno Amanda odio tener que haber llegado aquí pero la próxima vez que hablemos será aquí fuera. O en el cementerio. Porque te aseguro que o das tu brazo a torcer o esto llegara a la muerte. Pero porque tenemos que morir sin luchar. ¿Sabes qué te digo? Tengo la llave en la mano y voy a usarla. Voy a entrar y si quieres lucha lucharemos porque estoy muy cabreado. Tú me has obligado a hacerlo de nuevo. Luego no vayas a denunciarme, y si es así diles que te lo has merecido.
Vamos Valentín. Ya has tenido suficiente.
¿Quién es usted? ¿Quien ha llamado a la policía?
Vámonos Valentín. Sabes que esta no es tu mujer, que jamás has tenido una hija y que si dejas de tomar la medicación te pasan estas cosas. Venga vámonos. Tienes una sorpresa en el psiquiátrico ¿Sabes? Hemos plantado un árbol, tú nos diste la idea. Venga levanta. Buen chico. Apaga el móvil y dime de donde lo has sacado.

Hay más locos que los reconocidos
Nadie merece encontrarse con uno de ellos


 Autora: Nuria L. Yágüez

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miércoles, 24 de noviembre de 2010

EL HOY EN UN ANILLO

La vida da muchas vueltas
redondas como un anillo.
No preguntes por el mañana,…,
Hoy solo se que te sigo

No busques un porque.
Tiritas como un pajarillo herido.
Anida hoy aquí en mi pecho,
si no me hieres; yo te cuido.

No preguntes por el mañana
y arrima tu fuego al mío,
que por muy valiente que me veas
mi alma también tiene frío.


Autora: Nuria L. Yágüez

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martes, 23 de noviembre de 2010

Y SI FUERA PARA TODA LA VIDA

Aquel día una espesa niebla lo cubría todo. Tan espesa era que había llegado a paralizar la gestación de los preparativos del torneo, que el rey había organizado como cada año, en el día del aniversario de su boda. El frío calaba los huesos, pero Adán quiso aprovechar ese momento para ir a ver al pequeño Luis. Luis había sido un niño que se crió como muchos otros al calor de los cuentos de Adán, pero que ahora convertido en fiero caballero disponía de poco tiempo para escuchar cuentos. Así que Adán aprovechó que Luis estaba de vuelta en el castillo para ir a verle por si necesitaba algún cuento.
- Hola Luis, he venido para ver que tal te va.
- Adán, que bueno que viniste. Ya te echaba en falta.
- Vengo a ver como sigue tu corazón.
- Bien todo me va bien.
- ¿Seguro? Yo noto algo de tristeza en tu tono de voz.
- Un caballero no conoce la tristeza, si está alegre sale a guerrear y si está apático sale a guerrear.
- ¿Y si está triste?
- Sale a guerrear
- ¿Por eso viniste al torneo?- Luis guardó un silencio que dijo más que cualquier palabra que pudiera haber pronunciado.- Como está la bella Helena.
- Ya no existe ninguna bella Helena.
- ¿Es ese el motivo de tu participación en el torneo?- Luis bebió de su jarra de plata e ignoró aquella pregunta.- Comprendo. Solo una pregunta ¿estás bien verdad?
- Así es, estoy bien.
- Luis todos, y digo bien todos, tenemos sentimientos. Desde las valientes rocas hasta los duros y pétreos caballeros. Y tú también. Siéntelos, no dejes que se encallen en tu corazón.- Luis guardó silencio pues sabía que Adán le conocía lo suficiente como para saber que él sentía sus sentimientos pero dolían tanto que no podía exteriorizarlos delante de otros caballeros.
- ¿Te puedo contar un cuento?


- Adán,- le reprendió Luis notablemente alterado- hay más gente.
- De acuerdo, entonces lo contaré para todos. Caballeros por favor ruego su atención.
- ¡Adán!- dijo Luis en un tono más alto del que debía haber utilizado.
- Gracias por presentarme, mi nombre es Adán, soy el cuentacuentos del castillo y hoy voy a contaros un cuento por si alguno necesitara de él.- Todos atendieron y Luis tomó de nuevo asiento con el rostro enrojecido de ira y vergüenza.

- “La leyenda cuenta como las rocas son duras como rocas y carecen de sentimientos. Pero una vez sucedió, que una roca dura y fría que vivía rodeada de otras rocas, tuvo una debilidad y se creyó castigada duramente por ello.

Esta a la que me refiero, tenía un aspecto pétreo e impenetrable. A la vista de los demás, carecía de todo aquello, que a su entender, debía carecer una roca como sentimientos, sentidos y sensibilidad. Vivía tranquilamente, viendo como la vida sucedía a su alrededor, sin intervenir ni influir en todo aquello ajeno a su gran fortaleza. Una tarde que soplaba el viento fuerte como ahora, llegó un pajarito volando hasta un hueco que la roca había formado en su ruda existencia. Allí descansó el canario agotado de luchar contra el aire. Extenuado depositó la semilla que traía en el pico bajo sus patas e intentó descansar. La roca sin hacer alardes, si no como algo natural, le abrigó en las cavidades que el paso del tiempo había ido horadando en sus entrañas. Tan cansado estaba el pequeño pajarito que descanso durante dos días enteros, cuando salió de su escondite, se sorprendió de no encontrar allí, lo que hacía unos días había dejado. Sin embargo estaba tan hambriento que no pudo esperar más y se fue en busca de comida, pues después de dos días durmiendo, tenía un apetito voraz.

En estos días el viento amainó, cayeron unas pequeñas gotas y el sol, por fin, cabezota como siempre, se abrió paso entre las nubes y brillo con todo su esplendor para dar color a la primavera. Al cabo de las semanas en aquel lugar de la roca donde el canario había depositado su simiente, apareció un pequeño botón verde. En un principio lo ignoró. No podía permitirse el capricho de sentir admiración por otra cosa que no fuera su propio roquedo. Sin embargo el paso de los días hizo que de aquel pequeño botón saliera una hoja, después otra y otra, así hasta cinco hoja verdes y frescas, con un pequeño tallo coronado por un precioso diente de león. La roca no podía dejar de mirar aquel hilito de vida. Al principio lo miraba de reojo pero al cabo de los días, estaba tan entusiasmado de encontrar en su regazo algo tan delicado como lo que allí había, que no podía quitarle la mirada de encima. Sus pétalos amarillos alegraron sus días. Las rocas contiguas jamás habrían entendido los sentimientos que despertaban en ella , el nacimiento de aquella planta, por lo que esta jamás comentó con nadie como se sentía. No se movió por miedo a deshacer la magia de ver tanta vida donde nunca antes la hubo.

La flor vivió sus días maravillada por las vistas que desde tan envidiable altura tenía. Bebió si tuvo sed y se sintió tranquila de todo peligro por la protección que le ofrecía la roca.

Con el paso de los días la flor se fue secando y una noche, cuando la oscuridad era total y la roca descansaba del ajetreo que tantos sentimientos le habían traído, la magia materializó el milagro. La flor, antes amarilla, despertó convertida en una redonda bola blanca sumamente delicada. La roca no podía dar crédito a lo que veía. Y comprendió que lo que antes fue simple afinidad ahora se había convertido en autentica admiración. Convencida de que sus sentimientos fueran mutuos, intentó dar un paso más.
- Te quiero linda flor.- intentó decir la roca, pero con cada hilo de aliento que escapaba de sus palabras, el molinillo de viento en el que se había convertido el diente de león, se fue desbaratando y esparcido por el aire voló lejos de lo que había sido su nido.

El canario que no podía olvidar el cobijo que recibió, volvió y observó el enfado de la roca, y un montoncito de hojas secas en el hueco donde había dejado su simiente.
- ¿Qué pasó?- preguntó el pajarillo- ¿Por qué lloras?
- ¿Recuerdas la simiente que dejaste bajo tus patas? Valiente desagradecida. –dijo la roca compungida.- Tomó de mi todo lo que deseó y cuando intenté expresarle mis sentimientos, se fue sin mas. Solo deseaba decirle cuanto la apreciaba pero ella jamás sintió nada por mi.
- No te aflijas bella roca. Ella quizás no estaba preparada para sentir.- Dijo el pajarito- Hay rocas con más y más bellos sentimientos que muchas de las dulces flores que vemos en los campos. Y duros e insensibles sentimientos, con la apariencia delicada de un diente de león.- El canario seguro de lo que decía continuó.- Deberías estar orgullosa de poseer lo que tu aspecto de roca oculta, pues aunque aquella flor despierte el amor de aquel que la vea, su sentimiento será efímero y durará lo que tarda en volar su simiente. Sin embargo el que sea capaz de encontrar el amor tan bello que tu corazón esconde, lo tendrá para toda la vida.

Y de esa forma nació la amistad entre el pájaro y la roca, que como este predijo, duraría, aunque en ocasiones estuvieran lejos y no se vieran, para toda la vida.”

Los caballeros que habían escuchado con atención aplaudieron ruidosamente. Todos menos Luis que como siempre se había perdido en algún recoveco de sus pensamientos. Escuchó su nombre y esto le hizo volver a la realidad.
- Espera a tu canario,- le dijo Adán.- espérale porque algún día volverá. Y si no búscale mañana entre las gradas, quizás haya algún canario que desee que le dediquen una victoria.
- Lo hay Adán y mañana recibirá una respuesta, solo espero que el rey no me corte después el cuello por dedicar la victoria a su querida hija, sin haberle pedido antes su consentimiento.

 Autora: Nuria L. Yágüez

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lunes, 22 de noviembre de 2010

MARIETA

Es todavía de noche
pero ya se oye en la calle,
hablar a los pescadores
que hacia el puerto van bajando.
Antes de llegar el alba
ya estarán faenando,
los más viejos taciturnos
un poco malhumorados,
los más jóvenes alegres
y casi siempre cantando
canciones para las mozas
que les están esperando.

Mas si el tiempo se enrabieta
y el mar ruge embravecido,
buscaran deprisa un puerto
poniéndose allí al abrigo.


Y regresa La Mariola.
Entrada está ya La Veleta.
Noto inquietud en el puerto
¿Qué es lo que pasa Marieta?
Que la barca de mi padre
que mi nombre lleva puesta,
está todavía en el mar
y no sé qué será de ella.


Yo no soy hombre de mar
ni pescador ni monsergas,
solo soy un hombre joven
enamorado de Marieta,
que su padre no me quiere
por no gustarme la pesca.
Y aunque ella no lo dice
yo se que por mi está muerta.

Pero ahora no es momento
de hablar de nuestros deseos.
Voy a demostrar quién soy
trayendo a su padre al puerto.

Hablo con los de las barcas
mas no se ponen de acuerdo.
Unos, que no lo resisten,
otros, que les da un poco de miedo.
Hablo con el capitán de un barco,
que anclado está en el puerto,
contestándome al instante
que no es un buen momento.

Me noto como la sangre
que ya hierve por mi cuerpo,
me empuja hacia una barca
y quitando sus amarras,
voy saliendo hacia la mar
a buscar la que faltaba.

Navego hacia mar adentro
mirando a todos los lados,
divisando a lo lejos
un punto que está brillando.

Hacia allá pongo mi rumbo
llegándome hasta su lado
diciendo con voz muy alta
¿Qué les pasa? ”ah del barco”,
Oigo decir una voz.
Que aquí nos hemos quedado,
se nos ha roto el motor,
¿Usted puede remolcarnos?
A ello vengo tío Pedro.
Pues venga lanza un cabo.
Lo lanzo, y así que lo ata
salimos para el puerto andando.

Ya estamos en el puerto
y ni sé lo que ha pasado.
Oigo gritar a la gente:
¡La Marieta ya está a salvo!
Me voy para la taberna
quedándome allí sentado,
queriendo beberme el vino
que tiembla entre mis manos.

Llega gente a la taberna.
Alguien se ha sentado a mi lado,
oigo unas palabras
pues el Tío Pedro me está hablando.
Eres un tío muchacho
me tenías equivocado
para hacer lo que tú has hecho
hay que ser un tío bragado.
Si es que quieres a Marieta,…,
hay fuera te está esperando.
¿Me da permiso Tío Pedro?
¿Por qué iba a negártelo?
Quería para mi hija un hombre
y tú me lo has demostrado.

Autor: Alberto López Yepes


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domingo, 21 de noviembre de 2010

LOS OJOS DE LA OSCURIDAD

Hoy es mi corazón el que cabalga entre mis costillas. Hoy soy yo la que se ha esforzado por sorprender tu alma. Hoy me he levantado temprano con el deseo de ver tu sonrisa ilusionada. Me he preparado un gran desayuno casi a oscuras y me he sonreído ante el espejo. Soy esa que me ha devuelto la sonrisa con entusiasmo. Al salir a la calle, vi el sol anaranjado saliendo por el horizonte y me he dicho que este será un gran día. Y hoy, es un gran día.

Ahora espero en la estación del metro. Siento una emoción casi incontrolable por verte y que me veas. Aquí, esperándote, con el nerviosismo que me provoca la propia alegría de estar aquí. Todavía no has llegado y me entretengo mirando las caras dormidas e inexpresivas de la gente. Y pienso que soy la única que siente una inmensa felicidad de estar aquí, en esta estación gris, fría e impersonal. Viene un tren con cientos de seres acostumbrados a pasar por aquí a diario, que caminan como autómatas en su rutina. Te retrasas y empiezo a preguntarme si será esta la estación que me dijiste. Pero creo que sí, así que sigo esperando.

Me parece que fue ayer mismo cuando hablamos de este lugar y hace casi ya tres meses. Tu esperabas en el ascensor y yo me acerqué a ti por detrás. Al abrirse las puertas me cediste el paso y yo me sorprendí porque pensaba que no me habías visto. Tu sonrisa como siempre radiante y tu exquisita educación volvieron a reflejarse en tus palabras.
- Hola Nora ¿Cómo estás?
- Bien gracias. A casa a descansar que ya es hora- Te dije por no decirte que estaba hasta las narices de trabajar.
- Eso está bien, hoy hemos trabajado duro y nos merecemos un buen descanso.- Tu siempre eres correcto y aunque ahora me encanta, al principio me irritaba que siempre tuvieras en la recámara las palabras que yo esperaba escuchar.




De pronto el ascensor se detuvo entre dos pisos y todas las luces se apagaron. No había movimiento. El pánico había entrado con nosotros en el ascensor sin ser visto y ahora se había abalanzado sobre mí sin compasión. Tú no hablabas. Mi respiración empezó a acelerarse como si en vez de bajar los doce pisos que habíamos bajado en ascensor lo hubiera hecho a pie.
- Nora. -Creo que estaba rezando en alto, como siempre hago cuando el terror me invade con sus horribles tentáculos y eso a ti te pareció insólito.- ¿Nora?- Tus manos torpes avanzaron por la oscuridad hasta tocar mi hombro.- No te asustes, no pasa nada.- Entonces fui yo la que se aferró a  tu brazo mientras gritaba.
- Nora, no pasa nada, Nora, tranquila.- susurraste mi nombre.
- Son las once y media, no creo que quede nadie en el edificio. ¿Quién nos va sacar?
- Esto es un apagón momentáneo, enseguida vendrá la luz y continuaremos bajando.
- ¡Por un apagón de luz no se para el ascensor, imbécil!- Yo chillaba como una rata histérica mientras tu tratabas de mantener la calma por los dos. Cosa que me irritaba más todavía.

Fue entonces cuando comprendiste hasta que punto estaba asustada y cuando yo comprendí que además de los nervios estaba a punto de perder mi puesto de trabajo. Tu no dijiste nada. Me abrazaste con fuerza y empezaste a chistar como una serpiente en mi oído.
- Schissss. Venga tranquila. Te aseguro que no pasará nada. Schisssss. Posiblemente haya habido una sobrecarga de luz y el ascensor se habrá parado como método de seguridad.- Decías mientras me acariciabas el pelo.- Schisss, mientras estemos abrazados no pasará nada.
- Tengo fobia  a los sitios cerrados. Pero es la oscuridad la que me descontrola.- Conseguí decirte algo más calmada.
- Schisss, no pienses ahora en eso. No pienses en nada, schisss.- El simple contacto contigo me había hecho relajarme pero tus palabras como siempre oportunas aclararon en gran parte mis dudas.
- Prométeme que no pasará nada.- Te pedí.
- Schisss, -seguíamos abrazados y el aire que se escapaba entre tus dientes acariciaba mi oído.- No va a pasar nada.- Tus palabras transmitían seguridad y poco a poco iban apaciguando mis nervios. De pronto me dijiste- ¿Puedes recordar mi rostro?
- ¿Qué?- Pregunté sin saber que pretendías.
- Verás, yo describiré tu rostro y luego tú el mío.

Tratabas de alejar mi atención del problema y lo estabas consiguiendo. Empezaste a describir mi cara con una precisión extrema. Parecía como si lo estuvieras viendo en ese momento. Cada detalle de mi cara lo explicabas con paciencia y ternura, con seguridad, sin titubear.  Tu hablar pausado, educado, dulce, casi meloso iba embaucándome. Como una balsa que se mece en la corriente, al vaivén de las olas, ora arriba ora abajo, cadencioso, sereno. Tus palabras hipnotizaban mi mente y desnudaban mi alma. Ya no podía escuchar lo que decían. Tu voz llegaba a mis oídos desde muy lejos, como el rumor del viento en la rendija de una ventana. No conseguía comprender su mensaje, pero su tono grave alejó mis miedos.
- Ahora te toca a ti.- Volví a la realidad.
- ¿Qué? No ,..., no, no me atrevería.- Conseguí decir tartamudeando.

Sin verte, se que sonreíste. Entonces tus dedos ciegos tocaron mi boca y mis labios desearon besar los tuyos. Nos amamos lentamente sin rozarnos, nos dijimos cosas maravillosas en silencio y permanecimos abrazados toda la noche. Casi sin rozarnos. Cuando por la mañana abrieron la puerta, el jefe de comerciales y la secretaria del director salieron con rostros cansados y se fueron a sus respectivas casas. Pero en nuestro interior habíamos experimentado algo más. Algo que jamás olvidaré. Había nacido una gran amistad.

Fue así como aprendimos a besarnos con la mirada y amarnos con la sonrisa. Pero si a vista de los demás, incluida la nuestra, no podíamos amarnos, en nuestras mentes no teníamos límite.

Me extraña que no hayas llegado todavía. Miro el reloj y me pregunto si será el primer día en toda tu vida que llegues tarde. Justamente hoy que te estoy esperando. He visto llegar a tanta gente que no sé si te habrás ido sin llegar a vernos. Tal vez estés enfermo. Podría ser. Tal vez no fuera ésta la estación donde me dijiste que cogías el metro. Sólo hablamos una vez de ello, pero puedo recordarlo como si fuera ayer. Si no vienes antes de que llegue el siguiente tren optaré por irme, no puedo seguir esperando o seré yo la que llegue tarde.

- No puedo creer que recuerdes mi cara con tanta exactitud.- Te dije cuando nos sentamos cansados sobre tu abrigo.
- Siempre me he fijado en ti.- Tu voz seguía adulando mi cuerpo y alabando mi ego.-  Tienes una clase especial.
- Yo nunca había pensado en ti de esta forma. Te veía tan,..., inaccesible.
-  ¿Inaccesible?- Preguntaste incrédulo.
- Tú eres jefe. Tu tienes un despacho y una plaza de aparcamiento reservada. No creo haberte visto nunca en la parada del autobús.
-  No soy como los otros jefes.- Aseguraste con total convencimiento.- Yo vengo en metro, porque el autobús te deja más retirado. Como en el comedor de empleados  y no creo haberte visto nunca allí, por eso no creo que seas ,..., inaccesible.- Por primera vez te veía ponerte a la defensiva, y me gustó importunarte.
- Ahora ya lo sé, pero a mí me lo parecías.- Dije restándole importancia al asunto.
- ¿Porqué vienes en autobús?
- Es más cómodo.- Te mentí, sin conseguir que lo creyeras.- Lo cojo en la puerta de casa y me deja ahí mismo.
- Pero tienes que coger dos autobuses. El metro sin embargo es directo. Si bajas un par de calles puedes cogerlo en Argüelles. Y desde allí viene directo.
- Mario, ¿sabes donde vivo?- Hablabas como si realmente lo supieras.
- A cuatro manzanas de mi casa. Te he visto varias veces. Pero no te dije nada porque me parecías una persona ,..., - dudaste un momento y añadiste con una pícara sonrisa- ,..., inaccesible.

Me parecía mentira que supieras tantas cosas sobre mi vida. Hablamos toda la noche, sin pasar de las palabras. Sin embargo en nuestras mentes aprendimos a querernos. Fue después; casi cuatro días más tarde, cuando llegó a la oficina un ramo de rosas con una nota anónima. “Esta tarde estaré en el Afnac a las 19:30, busca el disco de Luz Casal, necesito verte otra vez a solas.” Mi forma de ser es asustadiza por naturaleza. El miedo volvió a atenazarme el estómago y pasé muy mal día. ¿Quién necesitaba verme otra vez? ¿Quién me había visto alguna vez a solas? ¿Quién estaría allí? Mi mente no paraba de hacerse preguntas y no podía concentrarse en su trabajo. Recuerdo que al pasar por mi mesa comentaste “bonito ramo, es una pena que haya algunas rosas que se marchiten”. Pienso que viste la duda en mi rostro e intentaste darme una pista. El caso es que sin saber porque a la hora acordada me encontraba  tras un expositor mirando hacia la esquina donde me habían dicho que estaba ese disco. Pasaban ya diez minutos y nadie conocido se detuvo en ese lugar. Por fin me acerque con desconfianza y al buscar el disco, que me habías dicho, vi una nota. "Gracias por venir, ahora si tú también quieres verme, ve al área de lectura, te estaré esperando. Mario”.  Sonreí como una tonta y corrí hacia donde me habías dicho. No se porque pero supe que tenías la seguridad de que iría. Cuando llegué me besaste en los labios como si lo hubieras hecho toda la vida. Reconocí el brillo de tus ojos, sabor de tus labios, reconocí el olor de tu perfume, la suavidad de tu tacto y la dulzura de tus palabras. Fue como llegar a mi hogar, a ese lugar donde siempre había estado antes. Nos fuimos a tu casa cogidos de la mano e hicimos el amor lentamente.

- Siempre te he querido.- Me susurraste al oído.
- Yo siempre te he esperado.- Después apagaste la luz y notaste como mi cuerpo se tensaba. Acariciaste mi espalda mientras chistabas.
- Schiss. ¿Te atreverías ahora a describir mi cara?
- No.- Dije con mucha tensión.
- Schiss, no hace falta que lo hagas con palabras. Piensa en alguna parte de mí que te guste y trata de imaginarla en movimiento. Siempre que tengas miedo piensa en algo que te guste.

Yo recordé tus ojos. Parpadeaban lentamente. Almendrados, claros, brillantes, pero sobre todo sinceros. Me habías regalado el disco y me dijiste que la segunda canción la podías haber escrito para mí, pero que le dejaste el privilegio a Luz Casal. Me gustó. Sonaba lenta, a un  volumen moderado, hablaba de que siempre confiarías en mi. Después de hacer el amor tenía tu aroma impregnado en mi cuerpo y desnudos sobre las ropas de la cama seguíamos abrazados. Cantabas la canción como si la hubieras escuchado muchas veces. Me enamoraste por segunda vez.

Ya no puedo esperar más cuando llegue al trabajo buscaré un momento para llamarte. Estoy preocupada, me extraña tanto que no estés ya aquí ,..., . Alguien se ha parado a mi espalda y sé que eres tu. He vuelto a olerte. Tu perfume me está abrazando por la espalda. Me hago la remolona y disimulo como si no lo hubiera notado. Por fin me doy la vuelta sonriendo, pero no eres tu. He perdido la sonrisa y decido irme en el siguiente tren.

Nuestros encuentros siempre fueron así. Cada vez más esperados pero en el fondo, sorpresivos y sorprendentes. Me llegaba una entrada de teatro por correo y casualmente tú tenías la de al lado. Volvíamos a vernos. Un día aparecía sobre mi mesa un billete de tren y un bono de hotel. Siempre ese hotel al lado del mar. El día del viaje, casualmente tú ibas sentado a mi lado y no tenías donde dormir. Me gusta ese tipo de sorpresas, porque ahora sé que vienen de ti. Me regalas la ilusión del amor cada día. El que en la oficina nadie lo sepa me gusta pues cuando nos miramos nos decimos cosas que sólo tu y yo comprendemos. Es un aliciente más.

Por fin llega el metro. Viene lleno y nos apretujamos unos contra otros. Eso me altera un poco, pero cierro los ojos y los tuyos aparecen en mi mente. Vuelven a parpadear con esa cadencia lenta con que siempre suelen hacerlo. De pronto me sonríen. Entramos en el túnel y mi corazón sonríe como tus ojos. Lo he superado. He superado mis miedos y me hubiera gustado enormemente que hubieras estado aquí para verlo.

Llegamos a la siguiente estación y nos detenemos. El siguiente túnel lo pasaré con los ojos abiertos. Es todo un reto pero sé que lo superaré, porque aún puedo ver tus ojos. De pronto abro los míos y te veo allí, sonriendo. Me alegro contigo desde la distancia pero tu desvías la mirada con nerviosismo. La mujer que va a tu lado, te habla al oído y tu ya no te atreves a mirarme. Sigues con la mirada ausente. Ahora es ella la que se ríe pero tu no consigues levantar la vista del suelo, que no puedes llegar a ver por las apreturas. Te besa en la oreja y tú la rehuyes pero ya está todo claro. Entramos en el túnel y con los ojos abiertos, veo los tuyos que parpadean lentamente. Pero ellos ya no sonríen, yo sin embargo sí. No te guardo rencor. Me has dado algo que vale más que todos los besos que pudieras darme en toda tu vida y tu sin embargo ni siquiera lo sabes.

Al llegar a la oficina, preparo mi trabajo como todos los días. Tú te has hecho el remolón y has llegado cinco minutos después. Cuando entras te miro sonriendo como siempre. Desde que te conozco, siempre lo he hecho. Tú no te atreves a mirarme. Al pasar junto a mi mesa te digo como todos los días.

- Buenos días Mario.
- Hola.- Susurras escuetamente. Yo sonrío, pero tu no.

 
 Autora: Nuria L. Yágüez

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sábado, 20 de noviembre de 2010

2050

Bajo las estrellas que alumbran el planeta muerto,

a escasos minutos de la luz del sol,
donde crecen pinos sintéticos
sobre un suelo de latas oxidadas;
allí he llorado.

Escondidos tras vuestros puros
olvidasteis la naturaleza.

!He aquí vuestro mundo sintético¡
Olvidado por la vida y conquistado por las máquinas.
Ya no "sois"
solo "existís".

!He aquí vuestro mudo sintético¡
Pero yo he emigrado,
he viajado a través del tiempo y la distancia,
he pasado por planetas de burguesía,
de maldad,
de hipocresía,
de opresión,
de injusticia;
pero por fin he llegado a mi planeta,
un planeta donde todo es naturaleza y amor.
Donde he olvidado vuestro asqueroso mundo.

En mi planeta hay grandes pinares y un gran lago,
y yo vivo allí,
con mi chica,
en una pequeña cabaña hecha de troncos.

2050.

Bajo las estrellas que alumbran el planeta;
allí he llorado.


En memoria de Iván Croissier
Relato enviado por su familia, para que
vean la luz los textos de Iván.

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MI MEJOR NEGOCIO

Esta historia sucedió, hace ya bastante tiempo, en un pueblito costero de la Isla Gran Canaria, perteneciente a un País llamado España.Fue una mañana, después de una noche con terribles tormentas, que apareció en la costa, un gran barco varado muy cerca de la playa. El barco, era un velero de lujo digno de ser admirado. Los vecinos del lugar, estaban acostumbrados a verlos pasar de lejos, pero no que estuviese varado uno justo enfrente del pueblo, pues este carecía de puerto donde poder atracar ninguna clase de embarcación. El vecino del pueblo que lo vio, llegó corriendo al único bar que había en la localidad, entro corriendo gritando.- Está ahí, en la playa, está varado pero no se ve a nadie .- ¿Qué es lo que está ahí?, pregunto el dueño del bar.- Un velero de esos de lujo, de los que siempre vemos de paso, pero que ninguno para.- Voy corriendo al Ayuntamiento, para avisar al Alcalde. El Alcalde, junto con sus convecinos, fue a la playa y observaron atentamente aquel velero que no se movía. Más de pronto, vieron que desde el barco, alguien manipulaba una barca pequeña provista de un motor, la cual deposito en el agua, arrancó el motor y de dirigió hacia la playa, donde se encontraban reunidos casi la totalidad de los vecinos del pueblo.Cuando el hombre de la barca paró el motor, se puso de pies, apareciendo un hombre alto, rubio, de pelo rizado, el cual dando un ágil salto aterrizó en la arena.- Buenos días, saludo con un castellano, algo deficiente en la pronunciación, con un deje del Norte de Europa. Mi nombre es Erick. Anoche durante la tormenta, se me rompió el motor del velero, viniendo por suerte a vararse enfrente de este pueblo. ¿Hay entre ustedes algún mecánico que pueda repararlo?- El Alcalde, lo saludo en nombre de todos sus convecinos. -Buenos días Mr.- Seria mejor que me acompañase al Ayuntamiento, tal vez allí podamos hablar con más tranquilidad. Ya en el Ayuntamiento, el Alcalde le informó, que allí tenían una persona que entendía de mecánica, pero que dudaba que tuviese la pieza que él necesitaba. El vecino que entendía de mecánica, confirmó que la pieza había que pedirla, y que tardaría cuando menos una semana en llegar.- Bien pídala, Yo esperaré en el pueblo hasta que llegue la pieza, ¿Dónde puedo encontrar un Hotel?- Mr. Erick, en este pueblo no tenemos hoteles, pero si usted me lo permite, puedo alojarlo en mí casa, le ofreció el Alcalde.Esa aburrida semana, Mr. Erick la pasó, paseando por los campos de alrededor admirando sus cultivos y dialogando con los lugareños. Cuando llegaba la noche, se acercaba al bar del pueblo bebiendo con todos los que allí se reunían, eso sí, pagando todas las consumiciones. Cuando alguno quería pagar alguna consumición, él les contestaba, que en su país, siempre pagaba el último en llegar al pueblo. Pensaba que de esa forma, les demostraba su gratitud, por la acogida que le habían dispensado todos los habitantes.Una noche, se desató una gran tormenta, la cual estuvo toda la noche descargando toda su furia sobre el pequeño pueblo. Durante todo el día, no vio a nadie, pensó que estarían en el campo arreglando los desperfectos que hubiese podido originar la tormenta.Por la noche, se acerco al bar como solía hacer a diario, pero aquella noche, todos estaban serios, nadie reía como otros días, y mucho menos cantaban. Intento invitar a unos tragos, pero a nadie le apetecía beber aquella noche, quiso saber que sucedía, pero nadie le dio razones, por ello cabizbajo y entristecido, por si era él causante de aquél cambio, se retiró a su habitación que ocupaba en casa del Sr. Alcalde.Al llegar a casa del Alcalde, este le preguntó.- Pronto se recoge usted hoy, Mr. Erick.- ¿Le puedo hacer una pregunta Alcalde?, pero quiero que me cuente usted la verdad, por dura que sea para mí.- Pues claro que si, Mr. Erick, aquí nadie le ha ocultado nada de lo que pasa en el pueblo, sabe usted ya de nuestras vidas tanto como nosotros.- Vera usted Alcalde, vengo del bar, y allí al contrario que otras noches en las cuales bebíamos, reíamos y cantábamos, hoy todo el mundo está triste, nadie bebe, ni ríen, ni cantan, lo que es peor, pienso que la presencia de mi persona no es grata, o he hecho o dicho algo que les incomoda, si es así, quiero saber que es ello, para poder remediarlo antes de marcharme de aquí.- Venga usted, Mr. Erick, siéntese cerca de mí, le voy a contar algo que usted no sabe de nosotros. En el pueblo, somos como una cooperativa mancomunal que no está declarada, pero que todo el mundo respeta, desde los más jóvenes, hasta los más mayores. La mancomunidad consiste, en que todo lo que sembramos, y recogemos lo repartimos a partes iguales, unos aportan las tierras donde sembramos, otros aportan sus trabajos, y todos los gastos que originan cosecha tras cosecha, los sufragamos entre todos, repartiéndonos a partes iguales las ganancias, lo que nos da para vivir dignamente todos los del pueblo. Dicho esto, le explico el porqué de esa seriedad que usted ha visto esta noche en el bar. Con la tormenta de anoche, hemos visto afectado todo el montaje que teníamos tanto de acumulación de aguas, como los elementos para su regadío. No contábamos con estos desperfectos, que pueden ascender a unos treinta millones de pesetas, por lo cual carecemos de tanto dinero. Así que si Dios no lo remedia, el próximo año no habrá cosecha y los conciudadanos del pueblo, se verán obligados a emigrar a las grandes ciudades en busca de trabajo. Eso es todo, así que usted no ha tenido nada que ver. Quede tranquilo, que el pueblo le sigue respetando de igual manera. No obstante, le pido disculpas en nombre de mi pueblo y en el mío propio, por haberle hecho sentir mal esta noche. Ahora, Mr. Erick, acépteme un vaso de vino, y disfrutemos de la velada.- Alcalde, le voy a pedir un favor, ¿puede usted prestarme mañana su coche?- Todo lo que hay en esta casa está a su disposición, bueno todo lo material, permítame que todo lo humano de esta casa, siga considerándolo patrimonio mío.- Por supuesto Alcalde, siempre respetare todo el patrimonio humano que Dios le ha concedido, así como a su misma persona.Por la mañana temprano, se desplazó a la ciudad con el coche del alcalde, entró en una entidad bancaria, después de identificarse, se reunió con el Director, el cual lo recibió muy complaciente.- Mr. Erick, es un placer para este humilde Director, contar con su presencia en esta sucursal bancaria, la cual está a su disposición para todo lo que usted necesite.- Sr. Director, necesito que transfiera de mi cuenta en Suiza a la cuenta que le voy a facilitar, la cantidad de treinta millones de pesetas, si puede ser, a la mayor brevedad posible.- Mr. Erick, lo tendrá usted disponible en el trascurso de la mañana.- Muchas gracias Sr. Director, daré buenas referencias suyas en el banco de Suiza, por su eficiencia y buen hacer, dicho esto estrechó la mano del Director y se marchó. Uno de los empleados preguntó al Director- ¿Quién es ese señor que ha estado aquí?- a lo cual el Director le respondió-- El mayor financiero que hay en Suiza.A los pocos días, el Velero estuvo reparado dispuesto para la navegación, se preparó una hermosa fiesta de despedida en el bar, a la cual asistieron los vecinos del pueblo, todos entre abrazos y despedidas, le agradecían a Mr. Erick, el favor que había hecho por el pueblo, a lo que siempre contestaba, que en su vida había pasado unos días tan agradables, como los que había pasado en su compañía.Al día siguiente por la mañana, el velero partió mar adentro, mientras los vecinos del pequeño pueblo lo veían, desde la playa, perderse en lontananza.Pasados varios años, en Suiza un hombre llamado Erick, estaba sentado en su despacho repasando con su secretario personal, lo mal que se encontraban todas sus finanzas. La bolsa se había desplomado, las acciones navieras se habían ido al garete, lo mismo sucedía con las de la construcción, y así encontraba malas noticias por donde quiera que le llegaran. Cerró su agenda diciendo a su secretario, la ruina es total, estoy en banca rota.- Bueno Erick, de peores hemos salido, sabes que siempre encontramos un resquicio por donde podemos empezar de nuevo.- No, ya no tengo fuerzas, me encuentro mayor y cansado. Con los cuatro cuartos que me quedan, me voy a hacer un viaje para olvidarme de todo. Te deseo que encuentres un trabajo mejor que el que yo te puedo ofrecer, has sido mi mano derecha durante muchos años, y mi fiel y leal amigo, siento no poder ofrecerte una suculenta cantidad de dinero para tu seguridad, pero la vida es así.Un día, en el pequeño pueblo da la Isla de Gran Canaria, paró una gua-gua. De ella bajó un hombre alto, rubio y de pelo rizado, al principio, las buenas gentes no lo reconocieron, pero una vez que uno de ellos lo recoció, la noticia corrió como la pólvora. Ha vuelto Mr. Erick, repetían por todas las calles, plazas y esquinas, pero ha llegado en gua-gua, ¿no es raro?El Alcalde, envió al municipal a buscarlo para que lo llevase al Ayuntamiento, donde él lo esperaba. El municipal, se dirigió al bar, donde encontró a Mr. Erick, dando buena cuenta de un vaso de vino. Una vez en el Ayuntamiento, después de un abrazo con el Alcalde como saludo, este le dijo, tenemos mucho de qué hablar. Mr. Erick, comenzó narrando al Alcalde, todo lo que le había acontecido allá en su Suiza natal, una vez que había concluido, le dijo:- Sr. alcalde, estoy en ruina total, si me da alojo por unos días, me gustaría quedarme para recordar tiempos pasados, que para mí fueron los mejores de mi vida, después seguiré mi rumbo.- El Alcalde, rascándose la cabeza le dijo.- Tiene usted mala memoria Mr. Erick, ¿no se acuerda del dinero que usted aporto a este pueblo para salir de la ruina? Nosotros no lo echamos en el olvido. En una cuenta bancaria tiene usted depositado todo lo que le ha correspondido a través de estos años como miembro de la mancomunidad. Recuerde que le dije, que cada uno aportaba lo que podía, pues bien, usted aporto el dinero suficiente para poder seguir adelante, haciéndose merecedor de ser un miembro más de la mancomunidad. No sé lo que usted necesitara, pero le puedo decir que en la ruina no está.- Mr. Erick se quedo mirando al Alcalde, se levanto dándole un fuerte abrazo. - Sr. alcalde en mi vida he tratado con los mayores financieros de medio mundo, he hecho muchos negocios con ellos, pero con usted he hecho el mejor negocio, sólo por treinta millones invertidos, gané los mejores amigos de mi vida.

Autor: Alberto López Yepes

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jueves, 18 de noviembre de 2010

¡¡¡¡ HEMOS NACIDO !!!!

Hoy ha nacido el hermano pequeño de Esperando a Gala. Por eso estamos celebrándolo. Gracias por tu apoyo para llegar hasta aquí. Sin ti no hubiera sido posible. GRACIAS, GRACIAS Y MIL VECES GRACIAS

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