viernes, 26 de noviembre de 2010

LA GRAN HERENCIA

Soy la tercera en una familia con recursos económicos bastante limitados. Los dos hijos anteriores también eran chicas. Desde niña oí contar que cuando yo nací mi padre se echaba las manos a la cabeza diciéndose ¿con tanta mujer quién me va a ayudar a mi a sacarlas adelante? Ellos esperaban que fuera el chico deseado por mi padre, pero tuvieron que pasar cinco años más para que llegará el único hijo varón. Nunca me sentí diferente a mis otros hermanos en el trato que recibí de mis padres, ni siquiera tuve celos de mi hermano a pesar de ser el varón, el pequeño, el más alto y con los ojos más claros. Hoy quiero dar las gracias públicamente a mis padres. A ti papá, gracias por inculcarme los principios y valores que el ser humano debe poseer para sentirse orgulloso como tal. Porque a pesar de trabajar muchas horas diarias y tener falta de sueño hasta el punto de quedarte dormido con la cuchara cerca de la boca, sabías sacar unos minutos para preguntarme la tabla del 6. Porque tu mes de vacaciones las disfrutabas en diciembre para irte con mamá a trabajar en los puestos navideños, pasando un frío insoportable, aunque ibais forrados con varios pijamas debajo de la ropa, para poder comprarnos un abrigo de nuestra talla, unos zapatos que no nos hicieran llevar los dedos encogidos, y que la noche de Reyes tuviéramos los regalos que ansiábamos. A ti mamá, gracias por enseñarme lo que es la ternura, el amor a los hijos, el que con un beso se cura una herida en la rodilla, por oírte cantar siempre mientras hacías las tareas de la casa o cuando confeccionabas aquellas camisas para una tienda dándole sin parar al pedal de aquella vieja máquina. Porque cuando ya estábamos los cuatro acostados tu te ponías a lavar nuestra ropa en esa tabla ondulada para que estuviera todo preparado y limpio. Por no acostarte una sola noche sin venir a arroparnos y darnos las buenas noches aunque ya estuvieramos dormidos. Por ser mi cómplice. Por tener siempre esa dulce sonrisa en tu cara. A los dos, por no haber visto nunca una discusión acalorada entre vosotros. Por habernos enseñado que el amor a la familia es el pilar más importante en una vida. Porque aunque no salíais de vacaciones. ni puentes, ni siquiera los domingos, os veíamos reir echando una partida de cartas en la mesa camilla del cuarto de estar. Por haceros los sorprendidos y no echarnos con un “dejarnos dormir” cuando el día de Reyes nos subíamos a vuestra cama para enseñaros los regalos aunque no hacía ni una hora que habíais llegado de cerrar el puesto de venta. Por habernos dejado ver hasta vuestro último día como seguíais agarrados de la mano. Por habernos hecho sentir tan queridos. Os echo muchísimo de menos pero tengo el consuelo de que ahora también estáis juntos, felices, sin dolor y os recuerdo con una sonrisa que solo se ve empañada por la lágrima que no puedo contener. Gracias porque es la más maravillosa herencia que me pudisteis dejar. Estéis donde estéis os sigo queriendo con todo mi corazón.


Autor: Marisa Prieto Guijarro

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10 comentarios:

Nuria L. Yágüez dijo...

Gracias a ti Marisa por sincerarte de esta forma. Al mandar el escrito, tú lo clasificaste como relato, y por ser tu clasificación yo la dejé así. A mi me hubiera gustado clasificarla como carta de amor,..., que amor más sincero y puro que este. Me siento identificada en tus palabras y conozco la añoranza de tenerlos cerca. Aunque gracias a Dios, y pido que por mucho tiempo, yo conozca ese dolor solo a medias.

Aprendiz dijo...

Está muy bien este relato, me ha hecho recordar cosas que tenía olvidadas en mi mente, en un rinconcito pero que ahí están. Y me ha encantado la fotografía, que si no me equivoco, es de la plaza mayor de Madrid, que suerte vivir en aquel entorno. Un abrazo, Sara.

melania dijo...

Qué recuerdos han venido a mi memoria al leer tu relato,yo tuve una infancia parecida, pero fue solo mi madre la que hizo el papel de los dos. Aunque soy una persona orgullosa de su madre, pues nunca olvido el sacrificio que hizo por nosotros. Muchas gracias Marisa por hacerme viajar por unos instantes por mi infancia.

Anónimo dijo...

Como siempre me emocionas por el cariño que tratas a mi escritos Nuria. No has podido escoger mejor fotografía, ahí precisamente ellos pasaron muchas navidades. Gracias, a ti también Nuria por ese comentario lleno de sentimientos. Marisa.

Alberto López Yepes dijo...

Linda historia de amor, con esa dedicación a unos padres generosos con sus hijos.Tu sinceridad me ha emocionado de tal forma, que no he tenido mas remedio que hacer un recuerdo a los mios. Es de bien nacidos el ser agradecidos, y con este homenaje a tus padres, seguiran orgullosos de ti, esten donde esten. ¡FELICIDADES¡

Anónimo dijo...

Esta es una gran lección de amor y entrega por los suyos, pero sobre todo una GRAN LECCION de amor de pareja. Ojala y hubiera muchos así en el mundo. Gracias Marisa por tu relato. me ha emocionado.

Anónimo dijo...

Una vez mas consigues llegar a lo mas profundo de mi corazon con tu manera tan intensa de expresar los sentimientos. Esas palabras me llenan de hermosos recuerdos y a la vez me dan mucha fuerza para segir adelante. Gracias por hacerme meditar sobre tantas cosas bonitas y tanto Amor que deje atras en un momento de mi vida, pero que te aseguro, voy a recuperar. Eres muy especial para mi y lo sabes.Ojala todos consiguieramos en esta vida esa felecidad de llegar hasta los ultimos dias dados de la mano con nuestra persona amada.
TE QUIERO. Besoossss.

Gloria Elena Gil Hernández dijo...

Gracias Marisa por una carta tan maravillosa y llena de sentimientos tan bellos y profundos. Mientras la leía me parecía como si pudiera colarme en esas escenas familiares, como si pudiera sentir la emoción de los más pequeños el día de reyes y la satisfacción del padre y la madre por poder ver felices a sus hijos. El amor siempre perdura, y es el regalo mayor que podemos dar y recibir. Gracias por compartirlo.

Anónimo dijo...

Gracias, gracias y gracias me has emocionado mucho,que cantidad de sentimientos recuperados me vienen a mi memoria y porque gracias a ellos, yo también soy una "pequeña" parte de esa herencia, y solo por eso ya me siento orgullosa. Un besazo. Laura.

Anónimo dijo...

Hoy has conseguido que otra lágrima brote de mi corazón al leer tu escrito. Qué suerte tuvimos! Y tengo suerte de tenerte cerca y me llena de orgullo ver lo capaz que eres de plasmar sentimientos que, afortunadamente, comparto contigo. No pasará un sólo día de nuestra vidas sin que les echemos de menos.
Por qué no habrá una asignatura denominada " amor"? Si hubiera existido, nuestros padres serían catedráticos.
Gracias, de nuevo, por narrar una historia tan sencilla, tan humilde, tan verdadera y tan plena de sentimientos.
Felicidades, cariño. Te quiero, hermanita pequeña.
María Jesús