lunes, 15 de noviembre de 2010

NECESITO QUE ME CUENTES

Os voy a contar ahora que estamos en confianza, algo que una vez me contaron de un cuentacuentos ciego llamado Adán. Contaba Adán, que estando una vez pensando en palacio, escuchó un leve quejido. Como un apagado llanto. Agudizó los sentidos y buscó la tristeza en si mismo, mas no la halló. De modo que escuchó más allá de su propio corazón y encontró a la pequeña princesa.
-        ¿Por qué lloras princesa?
-        No estoy llorando.- Contestó la joven extrañada de tal pregunta.
-        La sonrisa de tu cara grita más que la tristeza de tu corazón, pero yo que escuché atentamente, le oí suspirar de amor.
-        Soy muy feliz. Realmente soy muy feliz. Pero,…, ¿Has escuchado alguna vez al sapo que croa en la charca?
-        ¡Por supuesto!- Dijo Adán- Creo que ni los sordos podrían dejar de escuchar ese canto de amor.
-        Pues ese es mi problema. Es mi príncipe que canta para que le bese y salir así de su hechizo. Yo realmente quisiera besarle pero me da tanto miedo,..., ¿Qué pasará o como nos sentiremos si un día no puede olvidar que fue sapo y quiere volver a cantar a la charca? ¿O si al ser príncipe tiene que partir a cuidar de su reino?
-        Déjame que te cuente el cuento de los dos amantes.
“Hace muchos, pero que muchos años, antes de que existiera el universo, el creador tenía todo lo que para ello necesitaría metido en su caja de herramientas. Allí se conocieron los mejores amantes que nunca existieron. Se amaban cada día y cada noche. Y cada uno de ellos vivía por el amor del otro. La paz de sus corazones y la luz de sus miradas no hubieran existido sin su mutuo amor. Pasaba el tiempo y su pasión crecía. Tanto creció que llegó a ofender la mirada de los que lo veían, y la envidia protestó.

Por eso un día el creador les habló, “Necesito inventar un universo y en ello, cada uno tenemos nuestro cometido, así que mañana, muy a mi pesar, tendréis que separaros para siempre.” Las palabras “tendréis que separaros” les dolieron en lo más profundo de su ser, pero ese “para siempre” fue insuperable para ella, que lloró tanto, y durante tanto tiempo, que se la ahogaron los ojos en sus propias lágrimas. Y su rostro perdió la luz que antes tenía.

Cuando iban a separarse, él habló con el calor y el amor que siempre ponía en todo lo que hacía. “No temas nada amada mía, yo juro seguir amándote por siempre. Cuando me necesites, da una vuelta sobre ti misma, para que el calor de mi amor pueda darte el brillo que te falte. Y sepas así donde encontrarme en cada momento” Dicho esto se separaron.

Desde ese día la Luna gira ciega en busca del sol y cuando se encuentran cara a cara la Luna refleja el brillo de un amor inigualable. Así llevan toda la vida reavivando su amor, día a día y en la distancia. Pero lo que muy pocos saben es que cuando las nubes les permiten un poco de intimidad y nadie los ve, se aman más placenteramente que antes de separarse.”
-        Que bonita historia.- Dijo absorta la princesa- Pero,..., “¿Y si después de convertirle en príncipe resulta que no nos amamos tanto como el sol y la luna? Sufriríamos y yo me sentiría tan culpable,..., No querría hacerle daño.
-        Tengo otra historia que tal vez te ayude con eso.
-        Cuéntame, cuéntame,...,
-        Te voy a contar algo que sucedió una vez, muy lejos de aquí. Yo conocí a una cíngara  llamada Candela. Una gitana atractiva y seductora, cuya longitud de pestañas y lo dulce de sus labios hipnotizaban a aquellos que la miraban. Pero había algo en ella que valía más que todo eso y era el amor que albergaba su corazón. Era un amor tan grande y puro que en pocos minutos quedaba enamorado de ella, todo aquel que la veía bailar y tocar su pandereta. Ya fueran hombres o mujeres. Pero su corazón era trashumante como su propio pueblo, y siempre andaban de acá para allá.

Un día un brujo al que había enamorado y que había sido capaz de entrar en varias ocasiones en su cueva del deseo, le pidió que se casara con él. Candela podría haber llegado a amar a aquel brujo pero las palabras “para toda la vida” hicieron que huyera de sus brazos, como alma que lleva el diablo. El brujo, para castigarla, la convirtió en gata con uno de sus conjuros mágicos.



La gata Candela unas veces se restregaba por las piernas de los hombres y estos la tomaban en sus brazos y la acariciaban mientras ella ronroneaba. En esos momentos los hombres se sentían felices, pues eran capaces de sentir el calor que albergaba su corazón. Pero otras veces ella sacaba las uñas como felina que era y entonces los mismos que la habían acariciado, la espantaban a patadas y ella misma huía huraña en busca de su soledad.

Solo hubo un hombre, un hombre sabio, que la dejó ser gata. La amaba cuando ella quería y la daba la libertad que ella necesitaba cuando lo exigía. Así pasaron amándose el resto de sus días. Y solo cuando el viejo brujo murió y desaparecieron con él sus conjuros, allá cuando Candela y su amante eran viejos ancianos, el sabio descubrió que había estado amando a la joven cíngara a la que todo el mundo deseó. Y ella descubrió que su amante no era tal anciano, sino una mujer inacabada y tullida. Pero se amaban tanto que en ellas no cambió nada, sencillamente se amaron con respeto como siempre lo había hecho. Sin saber ni preguntarse hasta cuando.
-        No lo entiendo- dijo la princesa- ¿Qué cambió en ella para que Candela la cíngara rechazara al brujo y sin embargo la gata Candela amara al sabio para toda la vida?
-        No busques el cambio en ella sino en la forma de amar. El amor no tiene leyes ni normas. No se debería hablar de un “para toda la vida” si no de “mientras el amor exista”. Es muy bonito un amor para toda la vida pero no podemos estar seguros de eso más que en algunos cuentos. Sin embargo si nos planteamos un “mientras el amor exista” es posible que exista,…, durante toda la vida. Y eso si que sería maravilloso. Si ahora le amas, bésale y ámale con toda tu alma; mañana será otro día y tendrás otros motivos para amarle.
-         ¿Y si no los hay?
-        Entonces,..., te contaré otro cuento, pero eso será en otro momento.

El croar del sapo llegó alto y claro hasta sus oídos. El cuentacuentos ciego no pudo ver a la princesa ir hacia la charca, pero escuchó un beso y dos sonrisas que apagaron el llanto de sus corazones.

Y realmente, no sabemos si fue para toda la vida, pero después de la enseñanza del cuento de la gata Candela, la verdad es que a mí, por lo menos, me da igual.

Dedicado a la gata Candela que vive en ti
Que me sugirió mi cuento favorito
Dedicada a ti amiga mía.


 Autora: Nuria L. Yágüez


5 comentarios:

luna dijo...

Muy bonito cuento sobre lo que es el verdadero AMOR, Nuria. Solo tu sensibilidad es capaz de expresar tanto. Enhorabuena.

Anónimo dijo...

MARAVILLOSO

Alberto López Yepes dijo...

Me gusta la imaginación que tienes, para ver la vida como un cuento. Pero lo que no es cuento, es cuando dos personas sienten el AMOR juntos, y da lo mismo que sea sapo, rana o gata. Lo importante es amarse tál y como son. Como siempre en tu línea, GENIAL.

Anónimo dijo...

Ayy Nuri, cuanto te extraño,..., yo hubiera querido que fuera para toda la vida. Y no me da igual.

Una dijo...

..si...lo se..