lunes, 25 de octubre de 2010

EN UN CONTINENTE PERDIDO

En un continente perdido, que por perdido nunca nadie pudo encontrar, había un buscador. Su más ardiente deseo siempre fue encontrar el llamado “viejo continente”. El que no estaba perdido. Este, el nuestro. Faruc que así se hacía llamar por los demás, porque él a si mismo siempre se había definido como yo, tenía un gran problema, estaba cansado de tanto andar, y eso para un buscador de continentes era una gran contrariedad. Pero siguió caminado. Subió la montaña que se alzaba mas allá de sus pies y hallo otra tan alta o mas que la anterior. Sacando fuerzas de la flaqueza ascendió esa también y halló otra. No desesperó, cerró los ojos y caminó hacia donde su corazón, y no sus ojos, le llevaban y cuando los abrió, estaba en la entrada de un pueblo que se anunciaba bajo el nombre de LOSSINPROBLEMAS. Faruc se preguntó quien tendría cabida en ese pueblo, pues poca, o muy poca gente de la que en su caminar había conocido, podía habitar un pueblo con ese nombre. Por el mismo camino que él transitaba, se acercaba al pueblo un viejo montado en un destartalado carro.

- Hola amigo- saludó amable- Permiten la entrada en este pueblo a todo el mundo, aunque traiga problemas.
- Por supuesto ellos tienen las puertas todavía más abiertas, pues cuando salgan, si es que salen, ya será un “sinproblema” mas.- Faruc sonrió incrédulo.- Cuando entré por primera vez lo único que yo poseía era el viejo carro de mi difunto padre. Yo pensaba que eso era un inconveniente, nada que comer, ni un lugar donde caerme muerto,…, solo un viejo y destartalado carro. Nuestro pensador me demostró, que contrariamente a como yo pensaba, mi posesión no era mi problema, sino mi bendición. Pues al tener mi carro vacío podría conseguir aquello que en un momento dado necesitara.
- No lo entiendo.- Dijo algo confuso el buscador.
- Eso mismo dije yo, pero escuche esto. Yo necesitaba una casa. En la posada me dan alojamiento y yo a cambio le llevo y le traigo en mi carro al mercado, donde el recoge las frutas y verduras que necesita Adelaida para hacer la comida que luego todos comemos. También trasporto el hierro del herrero que hierra a mi caballo, y los materiales del zapatero que me calza,… ellos no pueden mantener un animal y yo no puedo hacer una casa, herrar a mi caballo o fabricarme unos zapatos, saber de salud, costura, barbería. ¡Nadie puede poseer tantas cosas!
- Quieres decir que en este pueblo todos son pobres.
- No, quiero decir que en este pueblo, todos somos ricos pues tenemos lo que necesitamos sin necesidad de esforzarte tanto.
- Ya entiendo, es algo así como una comuna que vive del trueque.
- Yo mas bien diría que vivimos en autentica comunidad. Aquí tenemos un buen pensador que nos allana los obstáculos a todos, por eso no tenemos problemas. Piensa que puedes ofrecerle tú y seguramente te solucionará tu problema.
- Yo no tengo nada que ofrecer, pero si necesito algo. ¿Sabes si el pensador podría pensar para mi a cambio de nada?- El carretero sonrió y sugirió.
- Ve a verle, dile que vas de mi parte y cuéntale eso mismo que me has dicho a mi, Carlos es una bellísima persona y te ayudará.

Llegó al lugar donde le habían dicho que le encontraría y encontró un hombre bastante más joven de lo que él suponía a un sabio.
- ¿Quién le dijo eso? Yo no soy sabio, solo soy pensador.
- Yo le quería pedir si podía tener un pensamiento para mi, algo rápido, algo sencillito, que no le lleve mucho tiempo. No hace falta que sea un pensamiento muy bueno. No tengo nada, así que nada puedo ofrecerle.
- Si claro que podría, pero quiero aclararle algo. Tardo exactamente lo mismo en tener un pensamiento bueno que uno malo, por eso acostumbro a tenerlos buenos. Yo podía ofrecértelo por nada pero escucha, Manuel, el dueño del molino, muele muchísima harina. La que no usa su mujer para hacer los dulces la cambia por leche, o por miel, o por azúcar, por eso mismo a mi no me sobra ningún pensamiento, los que no uso yo los cambio por harina, o por queso, o por una gallina que son cosas que si necesito y de las que no me puedo proveer yo. Y si cuando termino aún me sobra alguno los utilizo para mejorar la vida de los que mas lo necesitan, que a veces sin darme cuenta, puedo ser hasta yo mismo. Si realmente piensas que tu necesidad es más importante que la mía házmelo saber y tendré un buen pensamiento para ti.

La verdad- pensó Faruc- es que el carretero tenía razón Carlos era un buen pensador y si el buscador se consideraba importante, tanto o más se consideraría él. Por eso, si a cada habitante le enseñaba a ver su propia importancia, la gente en aquel pueblo no debía tener problemas.
- Te contaré mi historia para que tengas un buen pensamiento para mí, mientras pensaré yo en algo que pueda ofrecerte. Verás, es que estoy cansado. Cansado de buscar el viejo continente. Surqué los aires agarrado a una sábana a la que anteriormente había atado cientos de pájaros, pero cuando elevaron el vuelo cada uno voló en una dirección diferente, por lo que la tela se rasgó y me caí. Compre un caballo pero su fe era más corta que la mía y se rindió antes de encontrar nada, intenté cruzar los anchos océanos a lomos de los delfines pero cuando bajaban al fondo del mar a tomar alimento, yo tomaba agua y comprendimos que no llegaríamos muy lejos. Aquel continente me va a matar y estoy cansado de buscarlo.
- ¿Y si no quieres buscar el viejo continente porque lo buscas?
- ¿No lo entiendes? Somos el continente perdido, cuando hallemos a los del viejo continente, dejaremos de serlo. Quiero dejar de vivir en un continente perdido, y quiero vivir en el gran continente.
- ¿Y quien dijo que este es el continente perdido? Yo estoy aquí, yo se donde estoy para mi los que están perdidos son ellos.- Aquella revelación dejo a Faruc sin habla pero cuando se recuperó añadió.
- No imaginas cuanto podrían aportarnos.
- Si no sabemos ni el lugar donde se encuentran, si nadie de este continente estuvo nunca allí, y nadie de aquel estuvo en este,…, ¿Cómo podemos saber que tiene que aportarnos?- Faruc guardó un profundo silencio.
- Veremos sitios que nunca vimos.
- ¿Has tenido tiempo de ver todos los de este continente?- silencio.
- ¡Conocimientos! El intercambio con otras culturas siempre ofrece conocimientos nuevos.
- Si realmente están más avanzados que nosotros ¿Por qué no nos encontraron ellos?- Carlos preguntaba lentamente, buscando la verdadera respuesta, no tratando de humillar a Faruc, pero él dejó caer los hombros y miró al suelo dejando escapar todo el aire de sus pulmones.
- De acuerdo, me has convencido- terminó por decir- dejaré mi labor de buscador.
- Si los antiguos buscadores se hubieran rendido tan rápido, hoy no sabríamos como encender fuego.- Faruc dejo sus ojos en blanco, totalmente desconcertado.
- De acuerdo, entonces que hago ¿lo busco o no lo busco?
- Eso lo tienes que decidir tú. Pero lo primero que tienes que tener claro es si quieres buscarlo o no quieres buscarlo. ¿A qué quieres dedicar tu tiempo? ¿Qué puedes ofrecer al mundo y que quieres que el mundo te ofrezca a ti a cambio? Yo por el momento ya se que puedes ofrecerme, mi hijo cumple años dentro de poco. Tú tienes que haber vivido infinidad de historias en tu camino a través de este vasto continente, y si no, podías contarle como imaginas ese que andas buscando. Para él sería un regalo escuchar esas historias. Yo con eso me daré por satisfecho.

Faruc se fue con más dudas de las que contaba cuando llegó. ¿Quería realmente buscar aquel continente? y si no lo hacía, ¿cómo pasaría su tiempo? El no necesitaba muchas cosas pues no podía acarrearlas de acá para allá. No tenía un hogar pues éste estaba aquí y allí. Y algo mucho más importante ¿dónde quería estar a partir de ahora? ¿allí o aquí?

Es curioso pero la calma no llega hasta que no desfila la tormenta entera, del mismo modo que las respuestas no se encuentran hasta que no pasa el tiempo suficiente. Ese espacio de tiempo no había concluido cuando llegó el cumpleaños del hijo del pensador. Faruc se presentó allí con varias historias que pensó que serían agradables de escuchar y que al ser adulteradas con un toque de fantasía, resultaban algo más que agradables. Se sorprendió de ver como había captado la atención del pequeño, y solo cuando terminó, se dio cuenta de que no solo éste escuchaba con atención, sino que todos los que por allí habían ido pasando se habían detenido a escuchar. El posadero se acercó y le pidió.
- Me gustaría que esta noche vinieras a casa a contarnos una historia y si quieres luego podrías quedarte a dormir.
- De acuerdo, allí estaré.- No recordaba cuanto tiempo hacía que no dormía sobre un buen saco de heno.
- Soy Adelaida la mejor cocinera de este pueblo y me gustaría, si no es mucha molestia, que contara sus historias a mi anciana madre, seguro que la ayudarán a pasar tantas horas de cama.- Faruc se dejó querer y aunque quedó durante unos segundos meditativo, terminó diciendo.
- Iré Adelaida, un buen puchero me ayuda a recordar historias.

Faruc se sorprendió de lo que gustaban sus aventuras y sobre todo de lo que a él le gustaba contarlas.
- Gracias Faruc -dijo Carlos- me parece que tu labor es superimportante, eres capaz de inventar la fantasía a raíz de la realidad.
- No menos que la tuya Carlos. Para mi es mas difícil ser capaz de ver la realidad sin involucrar mi fantasía.

Ambos quedaron agradecidos y encantados de la labor del otro. Nadie volvió a recordar el antiguo continente pero él no perdió su apodo de buscador. Solo que ahora, el espacio que buscaba, era esa estrecha línea entre la realidad y la ficción y caminaba por ella. Y justamente por eso, por lo difícil que resulta caminar entre un mundo y otro, para nosotros, el lugar donde se sucedieron estos hechos, sigue llamándose el continente perdido.




 Autora: Nuria L. Yágüez


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CUIDAR A LOS MAS PEQUEÑOS

Paseaba un día, por un camino vecinal con dirección al campo, cuando escuché el graznido de un grupo de aves migratorias, me quede observando como volaban con orden y respeto de jerarquia, que maravilla pense Yo.
De pronto dos niños, apostados detras de una valla y armados con esos artilújios llamados tirachinas, comenzaron a tirar piedras a las aves, haciendo impacto en el ala de una de las más pequeñas que perdio
vuelo cayendo a tierra.
Una de las mas grandes, posiblemente la madre, planeó por encima de la pequeña para ver si remontaba el vuelo. Los niños echaron a correr ahuyentando a la que volaba y apoderándose de la pequeña que estaba
viva, pero que le era imposible volar.
Me acerque, recriminándolos porqué habian echo eso, les dije, imaginaos, que una persona malvada os coge y os aparta de vuestra madre y no volveis a vérla más, sin podérla volver a abrazar, hay que tener mas respeto y pensar en los demas.
Otro día, me los encontré en el mismo lugar, con el ave que sostenian entre sus manos, me comentaron que la habian curado y dado de comer, que todos los días íban allí, para ver si pasaba el grupo de las demas y soltárla para que volase con ellas.

Autor: Alberto López Yepes


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TE NECESITO

Necesito habitar los huecos de
tu cuerpo,
explorarlo hasta conquistar
tu sexo,
que me inhales en cada
respiración
para visitar las cúpulas
de tu pecho.


Tatuarte la espalda de
caricias.
Verme en tus ojos siempre
reflejada.
Abandonarme entre tus
muslos tersos.
Sentirte enamorada.


Autora: Nuria L. Yágüez

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ABRAZO AL RESPETO

Un día, descansaba sentado en un banco del parque, cuando observe como unos niños jugaban con las ramas de los arboles, unos se encaramaban en las ramas fuertes y vigorosas disfrutando con sus juegos sin ocasionárles ningún mál.
Sin embargo, observe, como otros desgarraban las debiles ramas de un pequeño arbol, me acerque y llamando su atención, les pregunte porque hacian eso, les dije que lo que hacian, era como si a ellos les arrancaran un brazo.
Os gusta ser abrazados por los fuertes brazos de vuestros padres, les pregunté, sí, pues imaginaos, que a ellos cuando eran niños y debiles algún desaprensivo, no los hubiese respetado y les arrancan un brazo, como os iban a abrazar ahora.
Desde entonces, algunas veces les veo cuidando y regando el pequeño y debil arbol, esperando que se haga grande y fuerte.

Autor: Alberto López Yepes

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