miércoles, 10 de noviembre de 2010

NO QUIERO DESPERTAR

A sus 22 años, tras una infancia y adolescencia feliz, sin mayores problemas que aprobar curso, contrajo matrimonio con el hombre del que se había enamorado. De acuerdo con su educación y sobre todo con lo que su corazón sentía, pensaba que sería “para toda la vida”. ¡Cuántas ilusiones puestas! ¡Cuánto amor por ofrecer! y... ¡cuán confundida estaba!.

Llegaron los hijos ¿quién te enseña a ser padre?. Asignatura difícil que muy pocos aprobamos. Al mismo tiempo los problemas financieros, las responsabilidades y lo peor de todo, la soledad en compañía. Muchos años pasó con ella como única compañera. Las ilusiones desaparecieron como por arte de magia. El amor por ofrecer no era bien recibido y lo que a cambio recibió fueron insultos, desprecios.

Silencios y más silencios para poder continuar viviendo.

Se levantaba porque amanecía y se acostaba para ver si llegaba la muerte. Qué amargo es llorar en soledad.

A una edad madura llegó su liberación aunque las heridas ahí estaban. No le importaban, serían cicatrices y solo las veía ella. Ahora podía dormir tranquila, tener paz en su hogar, reír con sus hijos, volver a sentirse persona. Te has dejado más de media vida en el camino, se decía, pero eso no le impedía sentirse como un preso al que acaban de dar el indulto, queriendo gritar ¡soy libre! ¡Ya puedo pensar por mi misma!

Más años han pasado de soledad, en este caso mucho más llevadera y menos dolorosa, la emocional. ¿Seré capaz de volver a amar? ¿Habrá alguien en el mundo que me dé verdadero amor?

Nunca creyó en el destino ni en la recompensa por lo sembrado pero hoy ve los días con una luz especial, observa la naturaleza como si fuera la primera vez que la ve, disfruta de un paseo con su mano cogida como un regalo divino, amanece dando gracias, se duerme con una sonrisa en su cara, su corazón se acelera con cada mirada de quien ha hecho posible que su alma se sienta en paz.

¡Qué diferente es la vida! Más de una vez al día se pregunta ¿será que estoy viviendo un sueño? Doy gracias por poder soñar y soñarte.


Autor: Marisa Prieto Guijarro
 
 
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