sábado, 13 de noviembre de 2010

CANCIONES PARA EL OLVIDO

Estaba componiendo un tema maravilloso, "Canciones para el olvido" -dijo con orgullo- hubiera sido un éxito pero,..., se me olvidó el final.




Autora: Nuria López Yágüez

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¿ANIMALES RACIONALES?

Siempre escuché decir que en el mundo habitan dos tipos de animales, los racionales y los irracionales. Creo que pertenezco al segundo grupo pero viendo lo que veo, no estoy muy segura de ello.

Veamos, pongamos como referencia un grupo de díez humanos, todos pertenecientes a una misma familia o a un mismo equipo de trabajo . Podíamos haber escogido a los habitantes de varios países pero entonces sí que sería de verdad muy complicado. De esos díez humanos, como algo excepcional, dos suelen ponerse de acuerdo. Son tolerantes, se escuchan, intentan comprenderse y tienen empatía. No vamos mal, eh? Los otros ocho nunca lo logran, todos y cada uno están en posesión de la verdad absoluta (y eso que todos son humanos).

Si son compañeros de trabajo se pasan la jornada, y a veces más tiempo aunque estén fuera del ámbito laboral, maquinando cómo fastidiar al otro sin que sea a través de su esfuerzo profesional. De qué manera pueden pisarle y si además se pone por encima con cargo y mando, mucho mejor. Eso sí, cuando llegan las cenas de empresa, todos sonrientes y muy amables se sientan a la misma mesa preguntándose ¿qué tal la familia? ¿Y tus hijos ya estarán muy mayores, no? Bien, todos muy bien, gracias. No sabes cuanto me alegro, es la respuesta habitual. Se toman varias copas de vino en el transcurso de la cena e incluso se van a un lugar de entretenimiento, de reputación algo dudosa, para disfrutar con los colegas. Al día siguiente, una vez pasados los efectos de los vapores del alcohol, vuelven a las andadas de siempre, añadiendo miradas cómplices “como se te ocurra contar que ayer salí a gatas, con los pantalones por suéter y con las gafas de diadema, contaré que te vi entrar por una puerta con tres marineros y un chimpacé, te pasaste allí hora y media y al salir llevabas claveles en la boca”. ¡Pena de foto con el móvil, piensan los dos al tiempo.

Ahora supongamos que los díez son de la misma familia. ¡¡Pobres los dos que siempre intentan aplacar y poner calma!!. Serán pasto fácil de las llamas. Todos presumen de familia unida, se quieren muchísimo, y son una piña. Lo ilógico para mi es cuando se reúnen y uno de ellos no está presente. ¿Os habeis enterado de que Enrique tiene una amante? Pobre Elena, ella siempre tan de su casa, sus hijos, tan buena, tan buena que casi parece lela. En el fondo, ellas estarían deseando ser la amante y ellos Enrique. No dejan de pensar en cómo son sus encuentros, cómo Enrique disimula cuando llega a su casa, y lanzan indirectas a Elena para saber si ella sospecha algo, cómo disfrutan al ver a Elena triste y desolada por sufrir en silencio lo mucho que pesan unos buenos cuernos. Eso sí, cuando llegan Enrique y Elena, todos muy amables ¿qué tal estáis? Se os ve una pareja tan unida y tan feliz!!!.¿Y qué me decís si a uno le va bien el negocio? o ¿y si te compras un cochazo o haces un viaje alrededor de medio mundo? o ¿y si tu hijo actúa de forma diferente a cómo ellos quisieran? o ¿y si en un golpe de suerte te toca la lotería? Nunca comprendí por qué cuando le toca la lotería a un humano desaparece al instante sin dejar huella ¿será que no desea las felicitaciones de su maravillosa familia y de sus incondicionales amigos?.

Eso es todo un secreto para mi.

Al parecer los de mi especie damos asco a los humanos. La frase que siempre escuchamos es “era enorme y negra, pero negra, negra”. ¿Qué pasa que si fuéramos azules o rojas les pareceríamos atractivas? Lo siento pero somos y siempre seremos negras. Nosotras no nos peleamos, no criticamos a la que tiene mejor posición, a la que está feliz, siempre repartimos la comida, es más, nos llamamos unas a otras y rápidamente nos reunimos para compartir banquete. Somos felices si alguna ha encontrado un buen cobijo, somos silenciosas, discretas, tenemos precaución para no despertar a los humanos, queremos que tengan un descanso placentero.

En cambio ellos, en medio de la noche se presentan de pronto, encienden la luz como si fuera a comenzar un concierto, aparecen en la puerta como un gigante, normalmente descalzos, en paños menores (incluso sin paños que ya es difícil de mirar), con los pelos de punta y haciendo gestos con la boca como si tuvieran un caramelo de esos que se quedan pegados a las muelas, y... ¿qué hacen?, unos, nos insultan acordándose de nuestra madre, que en gloria esté ya que fue sorprendida unas noches atrás. Otros, más bien otras, comienzan a gritar desesperadas corriendo de un lado para otro sin saber qué lanzarnos, si el vaso que se quedó anoche en la pila o al marido que se presenta como un rayo, vestido de superman, ante los alaridos de su querida esposa. Entre grito y grito se alcanza a entender, ¡¡pero date prisa que se te escapa!!!. ¿Pero cómo no vamos a correr? Esa situación asusta a cualquiera.

He aquí mi pregunta ¿pertenezco al grupo de los animales irracionales? Siglos llevo preguntándomelo y ninguna generación pasada me ha dado respuesta. ¿Qué le digo yo a mis hijos cuando me hagan esa pregunta (porque se la harán). En fin, creo que no habrá respuesta, y no deseo tener raciocinio para actuar como ellos, así que yo me voy al gimnasio a ponerme en forma para poder esquivar algún zapatillazo.




Autor: Marisa Prieto Guijarro

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