lunes, 22 de noviembre de 2010

MARIETA

Es todavía de noche
pero ya se oye en la calle,
hablar a los pescadores
que hacia el puerto van bajando.
Antes de llegar el alba
ya estarán faenando,
los más viejos taciturnos
un poco malhumorados,
los más jóvenes alegres
y casi siempre cantando
canciones para las mozas
que les están esperando.

Mas si el tiempo se enrabieta
y el mar ruge embravecido,
buscaran deprisa un puerto
poniéndose allí al abrigo.


Y regresa La Mariola.
Entrada está ya La Veleta.
Noto inquietud en el puerto
¿Qué es lo que pasa Marieta?
Que la barca de mi padre
que mi nombre lleva puesta,
está todavía en el mar
y no sé qué será de ella.


Yo no soy hombre de mar
ni pescador ni monsergas,
solo soy un hombre joven
enamorado de Marieta,
que su padre no me quiere
por no gustarme la pesca.
Y aunque ella no lo dice
yo se que por mi está muerta.

Pero ahora no es momento
de hablar de nuestros deseos.
Voy a demostrar quién soy
trayendo a su padre al puerto.

Hablo con los de las barcas
mas no se ponen de acuerdo.
Unos, que no lo resisten,
otros, que les da un poco de miedo.
Hablo con el capitán de un barco,
que anclado está en el puerto,
contestándome al instante
que no es un buen momento.

Me noto como la sangre
que ya hierve por mi cuerpo,
me empuja hacia una barca
y quitando sus amarras,
voy saliendo hacia la mar
a buscar la que faltaba.

Navego hacia mar adentro
mirando a todos los lados,
divisando a lo lejos
un punto que está brillando.

Hacia allá pongo mi rumbo
llegándome hasta su lado
diciendo con voz muy alta
¿Qué les pasa? ”ah del barco”,
Oigo decir una voz.
Que aquí nos hemos quedado,
se nos ha roto el motor,
¿Usted puede remolcarnos?
A ello vengo tío Pedro.
Pues venga lanza un cabo.
Lo lanzo, y así que lo ata
salimos para el puerto andando.

Ya estamos en el puerto
y ni sé lo que ha pasado.
Oigo gritar a la gente:
¡La Marieta ya está a salvo!
Me voy para la taberna
quedándome allí sentado,
queriendo beberme el vino
que tiembla entre mis manos.

Llega gente a la taberna.
Alguien se ha sentado a mi lado,
oigo unas palabras
pues el Tío Pedro me está hablando.
Eres un tío muchacho
me tenías equivocado
para hacer lo que tú has hecho
hay que ser un tío bragado.
Si es que quieres a Marieta,…,
hay fuera te está esperando.
¿Me da permiso Tío Pedro?
¿Por qué iba a negártelo?
Quería para mi hija un hombre
y tú me lo has demostrado.

Autor: Alberto López Yepes


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