martes, 23 de noviembre de 2010

Y SI FUERA PARA TODA LA VIDA

Aquel día una espesa niebla lo cubría todo. Tan espesa era que había llegado a paralizar la gestación de los preparativos del torneo, que el rey había organizado como cada año, en el día del aniversario de su boda. El frío calaba los huesos, pero Adán quiso aprovechar ese momento para ir a ver al pequeño Luis. Luis había sido un niño que se crió como muchos otros al calor de los cuentos de Adán, pero que ahora convertido en fiero caballero disponía de poco tiempo para escuchar cuentos. Así que Adán aprovechó que Luis estaba de vuelta en el castillo para ir a verle por si necesitaba algún cuento.
- Hola Luis, he venido para ver que tal te va.
- Adán, que bueno que viniste. Ya te echaba en falta.
- Vengo a ver como sigue tu corazón.
- Bien todo me va bien.
- ¿Seguro? Yo noto algo de tristeza en tu tono de voz.
- Un caballero no conoce la tristeza, si está alegre sale a guerrear y si está apático sale a guerrear.
- ¿Y si está triste?
- Sale a guerrear
- ¿Por eso viniste al torneo?- Luis guardó un silencio que dijo más que cualquier palabra que pudiera haber pronunciado.- Como está la bella Helena.
- Ya no existe ninguna bella Helena.
- ¿Es ese el motivo de tu participación en el torneo?- Luis bebió de su jarra de plata e ignoró aquella pregunta.- Comprendo. Solo una pregunta ¿estás bien verdad?
- Así es, estoy bien.
- Luis todos, y digo bien todos, tenemos sentimientos. Desde las valientes rocas hasta los duros y pétreos caballeros. Y tú también. Siéntelos, no dejes que se encallen en tu corazón.- Luis guardó silencio pues sabía que Adán le conocía lo suficiente como para saber que él sentía sus sentimientos pero dolían tanto que no podía exteriorizarlos delante de otros caballeros.
- ¿Te puedo contar un cuento?


- Adán,- le reprendió Luis notablemente alterado- hay más gente.
- De acuerdo, entonces lo contaré para todos. Caballeros por favor ruego su atención.
- ¡Adán!- dijo Luis en un tono más alto del que debía haber utilizado.
- Gracias por presentarme, mi nombre es Adán, soy el cuentacuentos del castillo y hoy voy a contaros un cuento por si alguno necesitara de él.- Todos atendieron y Luis tomó de nuevo asiento con el rostro enrojecido de ira y vergüenza.

- “La leyenda cuenta como las rocas son duras como rocas y carecen de sentimientos. Pero una vez sucedió, que una roca dura y fría que vivía rodeada de otras rocas, tuvo una debilidad y se creyó castigada duramente por ello.

Esta a la que me refiero, tenía un aspecto pétreo e impenetrable. A la vista de los demás, carecía de todo aquello, que a su entender, debía carecer una roca como sentimientos, sentidos y sensibilidad. Vivía tranquilamente, viendo como la vida sucedía a su alrededor, sin intervenir ni influir en todo aquello ajeno a su gran fortaleza. Una tarde que soplaba el viento fuerte como ahora, llegó un pajarito volando hasta un hueco que la roca había formado en su ruda existencia. Allí descansó el canario agotado de luchar contra el aire. Extenuado depositó la semilla que traía en el pico bajo sus patas e intentó descansar. La roca sin hacer alardes, si no como algo natural, le abrigó en las cavidades que el paso del tiempo había ido horadando en sus entrañas. Tan cansado estaba el pequeño pajarito que descanso durante dos días enteros, cuando salió de su escondite, se sorprendió de no encontrar allí, lo que hacía unos días había dejado. Sin embargo estaba tan hambriento que no pudo esperar más y se fue en busca de comida, pues después de dos días durmiendo, tenía un apetito voraz.

En estos días el viento amainó, cayeron unas pequeñas gotas y el sol, por fin, cabezota como siempre, se abrió paso entre las nubes y brillo con todo su esplendor para dar color a la primavera. Al cabo de las semanas en aquel lugar de la roca donde el canario había depositado su simiente, apareció un pequeño botón verde. En un principio lo ignoró. No podía permitirse el capricho de sentir admiración por otra cosa que no fuera su propio roquedo. Sin embargo el paso de los días hizo que de aquel pequeño botón saliera una hoja, después otra y otra, así hasta cinco hoja verdes y frescas, con un pequeño tallo coronado por un precioso diente de león. La roca no podía dejar de mirar aquel hilito de vida. Al principio lo miraba de reojo pero al cabo de los días, estaba tan entusiasmado de encontrar en su regazo algo tan delicado como lo que allí había, que no podía quitarle la mirada de encima. Sus pétalos amarillos alegraron sus días. Las rocas contiguas jamás habrían entendido los sentimientos que despertaban en ella , el nacimiento de aquella planta, por lo que esta jamás comentó con nadie como se sentía. No se movió por miedo a deshacer la magia de ver tanta vida donde nunca antes la hubo.

La flor vivió sus días maravillada por las vistas que desde tan envidiable altura tenía. Bebió si tuvo sed y se sintió tranquila de todo peligro por la protección que le ofrecía la roca.

Con el paso de los días la flor se fue secando y una noche, cuando la oscuridad era total y la roca descansaba del ajetreo que tantos sentimientos le habían traído, la magia materializó el milagro. La flor, antes amarilla, despertó convertida en una redonda bola blanca sumamente delicada. La roca no podía dar crédito a lo que veía. Y comprendió que lo que antes fue simple afinidad ahora se había convertido en autentica admiración. Convencida de que sus sentimientos fueran mutuos, intentó dar un paso más.
- Te quiero linda flor.- intentó decir la roca, pero con cada hilo de aliento que escapaba de sus palabras, el molinillo de viento en el que se había convertido el diente de león, se fue desbaratando y esparcido por el aire voló lejos de lo que había sido su nido.

El canario que no podía olvidar el cobijo que recibió, volvió y observó el enfado de la roca, y un montoncito de hojas secas en el hueco donde había dejado su simiente.
- ¿Qué pasó?- preguntó el pajarillo- ¿Por qué lloras?
- ¿Recuerdas la simiente que dejaste bajo tus patas? Valiente desagradecida. –dijo la roca compungida.- Tomó de mi todo lo que deseó y cuando intenté expresarle mis sentimientos, se fue sin mas. Solo deseaba decirle cuanto la apreciaba pero ella jamás sintió nada por mi.
- No te aflijas bella roca. Ella quizás no estaba preparada para sentir.- Dijo el pajarito- Hay rocas con más y más bellos sentimientos que muchas de las dulces flores que vemos en los campos. Y duros e insensibles sentimientos, con la apariencia delicada de un diente de león.- El canario seguro de lo que decía continuó.- Deberías estar orgullosa de poseer lo que tu aspecto de roca oculta, pues aunque aquella flor despierte el amor de aquel que la vea, su sentimiento será efímero y durará lo que tarda en volar su simiente. Sin embargo el que sea capaz de encontrar el amor tan bello que tu corazón esconde, lo tendrá para toda la vida.

Y de esa forma nació la amistad entre el pájaro y la roca, que como este predijo, duraría, aunque en ocasiones estuvieran lejos y no se vieran, para toda la vida.”

Los caballeros que habían escuchado con atención aplaudieron ruidosamente. Todos menos Luis que como siempre se había perdido en algún recoveco de sus pensamientos. Escuchó su nombre y esto le hizo volver a la realidad.
- Espera a tu canario,- le dijo Adán.- espérale porque algún día volverá. Y si no búscale mañana entre las gradas, quizás haya algún canario que desee que le dediquen una victoria.
- Lo hay Adán y mañana recibirá una respuesta, solo espero que el rey no me corte después el cuello por dedicar la victoria a su querida hija, sin haberle pedido antes su consentimiento.

 Autora: Nuria L. Yágüez

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