lunes, 27 de diciembre de 2010

EL CAMINO DEL ARCOIRIS

Hacía unos días que una nube negra y densa cubría todo el cielo, la lluvia copiosa caía a la tierra. Entretanto, entre los rayos del sol cundía el desánimo: ¡Otro día más sin poder brillar!, fue el clamor que se escuchaba desde el amanecer. Allá en el fondo surgió una voz: ¡hoy sí lo conseguiremos! Era el optimismo, que no se amedrentaba ante las situaciones difíciles. En seguida, al sentido de propósito se le ocurrió un plan; en vez de esperar pasivamente a que se fueran las nubes propuso organizar un grupo de exploración en busca de posibles claros. El optimismo estaba entusiasmado y la empatía se contagió rápidamente. El humor pensó que aquello podría resultar divertido y su compañera inseparable, la creatividad, también se apuntó. Así que empezaron a escudriñar entre el mar de nubes en busca de una oportunidad para poder atravesarlas. Viendo que el equipo no cesaba en el empeño, la perseverancia decidió sumarse a la tarea. El sentido de propósito iba delante pero fue el optimismo quien primero detectó que estaban ante una nube menos densa que las demás. ¡Si tuviéramos algo más de ayuda conseguiríamos traspasarla!, dijo con confianza. El apoyo, siempre dispuesto a unirse a las nobles causas, acudió de inmediato. Al verlo llegar, la creatividad tuvo una inspiración y le contó al oído su idea al humor, lo que le hizo soltar una enorme carcajada. La onda sonora consiguió abrir un hueco y unidos con fuerza en un solo haz pasaron suavemente a través de la nube. Por supuesto, fueron dando las gracias respetuosamente a las gotitas de lluvia quienes al ver tanta amabilidad decidieron formar un gigantesco espejo donde los siete rayos pudieran brillar con todo su esplendor, reflejando un majestuoso arco de colores en el cielo. Fue tan bello el espectáculo que las propias nubes decidieron acabar con su tarea y dejar paso al sol, quien al llegar a aquella tierra empapada por la lluvia hizo que crecieran las plantas y los cultivos, e incluso que germinaran nuevas semillas durmientes.


Autora: Gloria E. Gil Hernández

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