lunes, 31 de enero de 2011

FELICIDADES DOCTORA

Hoy quiero hacer una excepción, en honor a una buena amiga, porque me siento muy orgullosa de ella.

La espiral resiliente: Los ritos de paso

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PROMETETE CONMIGO EN MI CAMA



Pro-métete conmigo en mi cama.
Sólo si sientes lo que sentías.
Porque tu piel me recl-ama,
porque la mía se queda fría.
 
Sólo  si estás a-sintiendo
tu amor con la misma alegría.
Y es tan amplia tu mirada
como veo en el espejo la mía.

Pro-téjete una tela con mis manos
que dibujan tu cuerpo menudo,
garaba-te-ando tus curvas de memoria,
imaginándolo siempre desnudo.

Siempre desnudo.


Pero si ya no re-cuerdas el mío
sofocado por tu presencia,
habla solo con tu silencio
y entenderé la evidencia.


Si es así,
siente lo que te late.
Cómete la manzana aunque esté mordida,
Rompe tu coraza.
Aletea y vuela libre.
Agárrate a la vida.
Agárrate a la vida.





Texto creado por: Nuria L. Yágüez


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domingo, 30 de enero de 2011

AMAR EN LIBERTAD

Vendrá la lluvia y saldrá el sol,
saldrán la lágrimas del corazón
y como pequeñas lupas
te ayudarán a ver mejor.

No es en vano el sufrimiento
es el camino al entendimiento.
Y con él vendrá la paz
y la tranquilidad
de saber que se hizo lo posible
y que lo demás no dependía de tí.
Quizás de Dios.

Y es que el amor es libre
y como tal va y viene
No viene de la voluntad,
no se puede comprar

Va y viene, viene y va
y uno lo quiere atrapar
pero es un párajo que
solo vive en libertad.




Autora: Carmen Lorenzo





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CULPABLE DE INOCENCIA


Acerina fue desde que nació criada como una princesa. Princesa de una isla con forma de pubis en la cual nunca vivió. Ese era su reino. Un reino que ni conocía, ni reconocía como propio.
-Serás princesa y como princesa vivirás.

        Era princesa por el nombramiento de unos padres que nunca fueron reyes, y todo el mundo la conocería como princesa, a partir de ese momento.

                Solo había una cosa que la princesa Acerina no conseguiría con su cargo y era su propio reconocimiento como soberana.

                A ella le gustaba. Y siempre revindicaba  su nombramiento. - “Soy princesa de una isla bonita, pero reino,.., no. No tengo reino”,- solía decir.  Y solo lo hacía por la impresión que causaba en los demás ese título. Esa frase dicha con sutileza, tal y como ella lo decía,…, causaba admiración. Era esa primera impresión, la que cegaba a todo el mundo, ante la presencia de una princesa, aunque careciera de reino, de trono y de lacayos.
- ¡Santo Dios! ¡Estamos ante una princesa! ¡Y con eso basta!- Gritaban como encantados, aquellos que con ella se topaban.

                Acerina empezó a crear su propio feudo de fantasías y a comportase como la princesa que los demás querían ver. Se vestía como princesa, miraba discretamente como una princesa, sólo hablaba cuando debía hacerlo y acertaba en sus palabras tal y como lo haría una princesa. Eso cegaba a quien la miraba y admiraba. Y a Acerina, tal y como a quien tenía en frente ¡Con eso le bastaba!

Pronto, Acerina empezó a dedicarse a admirar la belleza que otros hicieron. -Quiero viajar- dijo un día. Y viajó a tierras lejanas a aprender del arte de aquellos que ya no podían seguir haciendo arte. Acerina tenía su propia maestría interna, pero admiraba tanto la de los demás, que era incapaz de plasmar su valía interior. La poca gente que era capaz de ver tanta belleza, a pesar de sus esfuerzos por esconderlo, eran rápidamente apartados de su mirada por ella misma. -¡Locos, son locos! Yo soy una princesa, vivo en la realidad no en la fantasía de aquellos que crean.

Cada vez le gustaba más las sensaciones del personaje y menos las de la persona. Por lo que la joven princesa, fue apartando con mayor asiduidad a la joven y mostrando únicamente a la princesa. Y solamente cuando estaba a solas,…, la joven sentía el bienestar de aquellas palabras. Se regodeaba en el sentimiento que despertaba en los demás. Y se esforzaba por que los otros, aquellos que no habían advertido su destreza, demostraran el interés suficiente para reconocerla, y terminar apartados como dementes. Eso la hizo crearse un aura de modestia y simplicidad de la cual carecía, e hizo que la gente le admirara más todavía.

Así la princesa de aquel reino que nadie hallaba, se convirtió definitivamente en un personaje que no existía, y poco a poco empezó a vivir una vida inventada. Vivía como la protagonista de su propio cuento por el día, que era la única Acerina que los demás conocían, y una chica atormentada y de lo más normal por la noche, de la que nadie había oído siquiera hablar.

En aquel espectáculo que ella llamaba vida, viajó al reino de Gamá. En aquel reino habían tres regiones bien diferenciadas, una habitada exclusivamente por hombres, otra por mujeres y una tercera por gente que estaba de transito, entre la región en la que nació y aquella que quería habitar. Era un tiempo de revoluciones, de cambios. Un tiempo en el que aquel reino luchaba por expandirse y conquistar el resto del mundo. Y día a día, batalla a batalla, lo estaba consiguiendo. Y empezaron a ver y ser vistos.

La princesa Acerina había asistido en varias ocasiones a muestras de arte íntimo en estado femenino y le habían gustado. Pero cuando llegó a Gamá el brillo de unos ojos y la sensibilidad de una sonrisa, le hizo desviar por unos segundos la atención de si misma. En dos ocasiones se encontró cara a cara con aquellos ojos. Pero el destello que reflejaban era tan grande, que le impidió ver al personaje que había tras ellos. No lograba ver más allá y eso le llamó la atención de forma especial.
- Son como antorchas en la noche.

Acerina volvió a su reino. Pasaron varias lunas llenas y ella seguía preguntándose que ser podía mirar de aquella forma. Fueron cuatro los lunas llenas, cuatro lunas durante las que volvió a sacar a la princesa que llevaba dentro, pero algunas noches descubría a la joven pensando en aquella sonrisa, en aquella mirada, en el sentimiento que se despertaba en ella cuando la recordaba.
- ¿Por qué miran así? ¿Qué se esconde tras ellos? ¿Por qué sonríen? ¿Quién ve a través de esa estrellas?

Así, que volvió a Gamá y movió sus fichas de modo que aquellos ojos fueran hacia ella, como haría una princesa delicada. Y lo consiguió. Sin mucho esfuerzo lo consiguió, pues también estaban llenos de curiosidad.

Pero había algo tras aquellos ojos que la conmocionó más que su brillo.

Acerina montó su propio espectáculo íntimo al que la poseedora de aquella mirada fue invitada. Todo transcurrió tal y como ella había previsto. Observó con estupor que el ser, que miraba de aquella forma no era un personaje inventado como el que ella mostraba, si no una persona que vivía de forma coherente como una simple mortal, mostrándose tal y como era. -¡Que osadía! –se dijo a si misma- ¡Qué peligro! ¡Exponerse de esa forma, sin máscara, ni armas, ni armadura!

La noche se tornó en juegos,….,  y los juegos,…,  en seducción.

La princesa cometió un grave error. El espectáculo se alargó demasiado y llegó un momento en el que la princesa, fue perdiendo su forma de princesa. Se fue diluyendo el efecto de aquel brebaje mágico, llamado imaginación, que la llevaba al estado de princesa. Y conforme la niebla del personaje se deshacía,…, iba apareciendo la joven Acerina.
- ¡Dios como puede ser! Esos ojos siguen mirando del mismo modo. Incluso horas y horas mas tarde,.., ¡brillan más todavía! ¡No me mires así!- Llegó a suplicar.
- ¿Cómo? – preguntó con una sonrisa extrañada.
- ¿Cual es tu brebaje? ¿Quién es tu hechicero?
- ¿Mi hechicero? -pero entonces comprendió- Mi hechicero es el amor, mi brebaje la honestidad.

                Mareada por la invasión de sentimientos, la joven Acerina que había aparecido aquella noche salió corriendo en busca del abrigo de su mentira. Se cobijó en la soledad de sus aposentos donde recomponer a la princesa. Durmió su desconcierto y a la mañana siguiente los padres de la princesa, aquellos que nunca fueron reyes, terminaron de alentar su cuento de princesa, para reparar los daños sufridos.
- No quiero verte más, no quiero volver a saber de ti.- Decía la nota que dio a su mensajero para que entregara a los ojos que desmontaban su cuento. -Yo no soy la princesa que tú ves.- La respuesta no se hizo esperar.
- Conozco a la princesa, conozco a la plebeya, respeto y suspiro por las dos. Y así lo he demostrado en todo momento. Sólo deseo que no sufra ninguna de ellas, y que aprenda cada una a convivir con la otra. Deseaba que las tres pudiéramos terminar de conocernos en armonía pero si ninguna de las dos lo deseáis así,…, partiré discretamente y abandonaré hasta el último recoveco de tu memoria.

                La joven Acerina sintió miedo de si misma. Un miedo más grande que aquel que le había hecho inventar a la princesa. Había conocido a una soberana a una auténtica princesa que solo dejaba ver su lado de plebeya. Y solo los que la conocían y ella se dejaba conocer, disfrutaban con la presencia de la princesa, la Princesa de los ojos tristes.  

      Acerina sintió un escalofrío se difuminó en sus mentiras en aquellas tierras lejanas donde nadie ponía en duda su palabra, donde ni siquiera eran capaces de preguntarse quién era la princesa Acerina, y sentenciaron que la mentira vivía en el reino de la princesa de los ojos tristes. Sentencia: ¡CULPABLE!



 Autora: Nuria L. Yágüez


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viernes, 28 de enero de 2011

YO SE ....

 Yo sé que ella aun me ama.
Yo sé que aun vive en mi cama.
Yo sé que un clavo ardiendo fue su calma
que aunque ya no quiera volver,
yo sé que me extraña.

Yo sé que ve en otro cuerpo mi pasión y mis ganas.
Y ella sabe de mi
que la hice sufrir,
que estoy arrepentida,
que lloro día y noche su partida,
que todo lo que escribo es por ella.
Ella sabe de mí que jamás la olvidare
y tiene miedo de volver,
y nada puedo hacer
porque nada la va a hacer cambiar de parecer.
Porque sé que no me va a creer.


Ella sabe de mí
que hablo con la gente de su ausencia,
que hasta en los rincones más insospechados la veo sonreír,
esperando por mí,
pero no es así.
Ella sabe de mí
que daría cualquier cosa por recuperarla,
pero vive ciega por una mujer que yo sé que no ama.

Y lo que no sabe ella de mi
aunque jure no volver jamás
es que yo se
que ella cuenta a la confianza
que es a mí a quien ama.




Autora: Inés Jiménez Suarez


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jueves, 27 de enero de 2011

HOY TE SIENTO CONMIGO


Quiero que sepas algo
ahora que nos has dejado,
que aunque no siempre estuviera cerca
siempre estuve a tu lado.

Igual que hoy yo puedo sentirte
aunque no estés en este mundo,
porque si miro a mi alrededor
desde lo más físico a lo más profundo,
siento que sigo tus pasos
como un perro vagabundo.

Si yo llego, tú ya has estado.
Si permanezco, te quedas conmigo.
Si me pierdo, tú me guías.
Si me guías, te persigo.

Me siento orgullosa de quien me has hecho.
Me siento orgullosa de quien has sido.


Texto creado por: Nuria L. Yágüez


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SOLEDAD

Inestimable compañera
que me acompañas en la ausencia
Siempre paciente,
siempre constante.

En los domingos soleados,
en las noches silenciosas.
En la ausencia del amor.
Ahí estás.

A veces traes paz
y otras tormento.
A veces desesperación
y otras aliento.

Tu me esperas
y contigo cuento
Siempre estás.

Tus brazos me abres
y amorosamente me ofreces
la paz.





Autora: Carmen Lorenzo



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martes, 25 de enero de 2011

ILUSION

Eras como el sol
aparecías todas las mañanas
en la pupila de mis ojos negros.
Llenabas de ilusión
todos los caminos de mi piel
como si me conocieras desde siempre.
Me mirabas dulcemente.
Me perseguías con la mirada a lo largo de toda la barra
mientras yo trabajaba
con deseos de comerme a besos.
Y de ilusión yo me embriagué
en las esquinas de tu cuerpo.
No pude creer aquel momento,
en el bar,
después de tomarte un café,
que me dieras tu teléfono,
que te atrevieras
parecías tan tímida
pero era evidente.
Tú mujer
y yo también.
Y de ilusión nos emborrachó la pasión
de aquel momento.
Solas tú y yo.
No nos importó el gentío
no nos hicieron falta las palabras
ni tener las uñas pintadas.
Sólo una mirada
que nos regaló el destino
para entender que el amor
empieza por la ilusión.



Autora: Inés Jiménez Suarez

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lunes, 24 de enero de 2011

NACIDA DE LA TIERRA

Estando Adán el viejo cuentacuentos, sentado en las rocas donde los jóvenes iban a cantar a sus enamoradas, sintió que alguien caminaba hacia él. Esperó pues supo que no tardaría en llegar y antes de que nadie dijera nada, saludó.
-          Buenas tardes May.- May volvió a preguntarse, aún sabiendo que ella no tenía respuesta a tal misterio, ¿cómo podía Adán saber quien se acercaba a él, si era ciego de nacimiento? Y con la certeza de que Adán si tenía la solución a tal pregunta, prefirió no preguntárselo. Solo dijo.
-          Adán me alegro de verte.- Y le iluminó el corazón con una de esas sonrisas que solo ella sabía regalar, espléndida, abierta, jovial y alegre, sobre todo alegre. May era la mujer con mejor sonrisa que Adán conoció nunca y en ese momento no lo sabía, pero sería la mujer con mejor sonrisa que nunca conociera. Adán práctico como siempre si preguntó a quien le podía aclarar sus dudas.
-          Lo se, se que te alegras de verme. Tu sonrisa siempre me lo dice. Pero también me dice algo más. Me dice que tras tu enorme sonrisa se esconde una pena. ¿Qué te ocurre May?
-          Yo creo que no hay ninguna pena,  es solo añoranza.
-          ¿Por qué o por quién sientes añoranza?- Adán se levantó y guiado por el brazo y el abrazo de May, caminaron descalzos por la arena húmeda.
-          Del amor, del cariño, de la compañía de un ser querido y la soledad, añoro una comida en el campo con mis amigos, una hoguera que me caliente los pies por las noches, una tierra que me consuele,..., Añoro tantas cosas,...,
-          Tú tienes el secreto de la felicidad pero no lo sabes.
-         
¿Yo tengo el secreto de la felicidad? Pensaba May cuando Adán dijo.
-          Te voy a contar un cuento que me contó mi sobrina Ana María y me parece muy apropiado para ti. – Como siempre May dejó volar su imaginación llevada por la voz de Adán, que le transportó lejos, muy lejos, al país de la imaginación.- Contaba Ana que hubo una vez un Mago malo, que por alguna razón no encontraba la felicidad por ningún lado, y detestaba las risas y las sonrisas de todos aquellos que fueran más felices que él. Es decir, de todos. Contaba Ana que aquel mago gruñón decidió convertir a cada persona feliz que encontrara en una rosa negra cuajada de espinas. Donde cada espina fuera una pena honda en el alma. En poco tiempo a los pies de su castillo había un jardín de rosas negras.
Paseando por su jardín, un día descubrió una seta roja con grandes pintas blancas. No pudo permitir una nota de color en su jardín de penas negras y fue rápidamente a arrancarla. <No por favor> escuchó una voz que suplicaba < ¿Qué es ese alboroto? ¿Quién está hablando?> Gruñó el mago malo. <No arranques esta seta, es mi casa.> Y por fin descubrió a la dulce Aniel, una pequeña elfo que vivía alegre en su jardín de penas. <No es nada personal, pero no puedo permitir una nota de color en mi jardín de rosas negras. Debes marcharte a otro lugar o te convertiré en una de ellas.> < ¿Rosas negras? Yo no veo ninguna rosa negra. Con tu magia podrás convertir a mujeres en gatas, a príncipes en ranas y  a personas en flores, pero nunca podrás quitar el color de sus pétalos. Yo aquí veo alegres pensamientos multicolor, margaritas blancas, gerveras amarillas, rosas, naranjas,..., claveles rojos, petunias, y todas las flores de todos los colores del arco iris, pero el negro solo está en tu corazón. Es por eso que no puedes ver el color de este lindo jardín.>
-          Quieres decir Adán, ¿qué mi corazón es una rosa negra cuajada de espinas? – Preguntó May.
-          No cariño, quiero decir que el color que refleja tu sonrisa es porque lo guarda tu corazón. Sólo existen los colores que uno ve. Y aunque a veces tu sonrisa se marchite, no debes afligirte pues pronto florecerá de nuevo. Y el candor y el color de tu sonrisa es tu mayor tesoro.  Crea amor y vivirás en el amor.



Había pasado el tiempo y May volvió a encontrar lo que quería. Tomó la enseñanza de Adán al pie de la letra y convirtió el cuento de Ana en su propia existencia. Buscó la tierra que le consolara. Encendió una hoguera que le calentara cada noche. Construyó una casita a la que llamó hogar y la decoró con sonrisas. Aquella mañana en que yo la recuerdo, trabajaba la tierra con sus propias manos. Una tierra mullida y fértil que regaba cada día con su esfuerzo y su trabajo. De ella comía y se sustentaba. Una tierra que le daba lo que pidió.

Estaba apelmazando la tierra que había puesto en el hoy cuando su hija llegó a su encuentro.
-          Mamá ¿qué haces descalza?
-          Siente la tierra en tus pies- sugirió May- Ella nos parió, ella nos mantiene y ella nos espera. Es tu madre y la mía.- Naira lo hizo, se descalzó, cerró los ojos y sintió, y juntas sonrieron con complicidad desde los ojos hasta el corazón.- Esta tierra es y será tu cobijo.
-          ¡Ya lo has plantado! ¿Por qué no me esperaste?
-          Estabas cansada y no podía dejar que el sol arruinara sus raíces.
-          Vamos a regarlo juntas.

Como aprendió del cuento de Ana, May solo necesitaba ver con sus propios ojos, que tenía todo aquello que pidió. Buscó una tierra a la que llamó suya, y plantó en ella una flor por cada día que fue capaz de sonreír con el color de su corazón en los labios y un árbol por cada amigo que le fue a visitar a su casa, otro por cada viaje que su hija realizó para pedir o dar consuelo, un molinillo de viento de vivos colores por cada comida que hizo con sus amigo en el campo. Así descubrió que tenía el amor de sus hijos, el cariño de sus amigos,  la compañía de sus perros y la soledad que le proporcionaban sus gatos, el consuelo, la hoguera, la tierra y la felicidad de su propio corazón.

Cogieron el cubo y regaron el árbol que su hija había aportado en aquella ocasión. May suspiró y caminaron de nuevo al hogar bajo un sol maravilloso, un bosque dejaba a su espalda, un jardín ante sus ojos y una casa vestida de todo lo que ella deseó encontrar en ella.







Dedicado a la nueva casa,
A la nueva vida, y sobretodo, a la nueva May.
Así es como yo te veo, porque así para ti lo deseo.

 



 Autora: Nuria L. Yágüez


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domingo, 23 de enero de 2011

¿HUYES?

¿De qué tienes miedo mi amor
que nunca a nadie se lo has dicho?
¿De qué tienes miedo mi amor
que te ocultas detrás de la risa?
No huyas más amor y afronta la realidad.
No huyas más amor que así no se puede seguir.
La vida son solo tres días
y verte vivirla a mi me gustaría.


Autora: Melania Ruano Croissier


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viernes, 21 de enero de 2011

DOBLE FILO

,..., y deje aquella lengua de fuego para más tarde
yo sabía que el reloj solo marcaba el tiempo perdido
pues vivo atada a tu ser, a tu silencio, palabras mudas que golpean mis oídos
una historia que prohíbe al olvido
cruzarse en nuestros caminos
nunca imagine sangre en la nuca de nuestro amor
bajo la sombra de tus pies fríos
y nunca volveré a creer en ti mujer
mujer de doble filo
dejaste solo grietas, una piruleta y una canción de pena...
en mi corazón.


Autora: Inés Jiménez Suarez

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miércoles, 19 de enero de 2011

EN EL MUNDO DE LOS CIEGOS EL TUERTO ES EL REY

     Creo que en alguna ocasión os hablé de un viejo cuentacuentos llamado Adán. Por si no lo hice os quiero aclarar que yo nunca conocí a Adán, pero escuché hablar a un conocido mío, que alguien en algún momento de su vida, conoció a alguien que con él había hablado. Contaba ese alguien, que un día le conoció en el antiguo mercado de la paja, que en aquellos años no era antiguo, sencillamente era el mercado de la paja, pero sus callejuelas vendieron tanto que llegaron a vender su alma al diablo y hoy se cae de viejo. El caso es que estaba Marco, que así se llamaba ese alguien, medio derrotado entre dos puestos del mercado, sentado en el suelo, con la cabeza engullida en los hombros y los ojos perdidos entre las ruedas de los carros, cuando Adán se acercó y se sentó frente a él sin decirle nada. Marco, nervioso levantaba la cabeza de vez en cuando y le veía allí sentado frente a él, observándole, desde su banco de madera. Entonces Marco bajaba la mirada de nuevo y volvía a hundirse en su desesperación. Llevaban así un rato cuando ya no pudo más, se levantó caminó hacia Adán y le preguntó.
-          ¿Se puede saber que mira?
-          Yo no miro nada, soy ciego.- Aclaró Adán.
-          Entonces que le pasa, lleva un buen rato,..., -buscó la palabra y no pudo mas que decir.- ,..., observándome.


-          A mi no me pasa nada, yo no estoy nervioso, yo no estoy abatido, a mi no me molesta que me miren o que me observen. Creo que está claro que el problema es tuyo.- Dijo Adán muy tranquilamente. Marco se detuvo unos instantes a pensar y se dio cuenta que tenía razón. El problema estaba en él. Esta certeza le dejó aún más abatido.- Me llamo Adán ¿Hay algo que pueda hacer por ti?- Preguntó como siempre dispuesto a ayudar.
-          No. Creo que no. Realmente el problema está en mí, y yo soy la única persona que podría hacer algo por mí mismo. Pero lo peor de todo es que no hago nada por solucionarlo.
-          Ya estás empezando a hacerlo.
-          ¿Yo?- Preguntó Marco tomando asiento a su lado.- ¿Qué estoy haciendo yo?
-          Reconocer que tienes un problema y que podrías hacer algo por solucionarlo. Ya estás cambiando algo.
-          ¿Qué estoy cambiando? No estoy cambiando nada.
-          Claro que si, antes ni siquiera sabías que tenías un problema, luego ignorabas que tu problema tiene solución, y todo junto, te hacía estar abatido. Ahora estás en el buen camino.
-          Pero yo no quiero cambiar de camino.- Objetó Marco.
-          Entiendo. Si te va bien en el que ahora llevas ¿Por qué cambiar?

Marco no llegó a contestar, reconoció otra certeza más que le hacía seguir cayendo en su desesperación. No quería cambiar pero tampoco estaba a gusto con la vida que llevaba.
-          De acuerdo, tienes razón, tal vez si deba cambiar, pero en el fondo me da miedo.
-          ¿Miedo? ¿Miedo de qué?
-          De equivocarme, de perderme en algún camino que no me lleve a ningún sitio. De encontrarme peor de lo que me encuentro aquí.- Adán comprendió entonces muchas cosas.
-          Dios mío, si piensas así, no me extraña que estés tan triste. Realmente en la vida no hay ningún camino marcado que debamos seguir. Si fuera así cualquier decisión mal tomada, nos podría sacar del camino ¿Y entonces que? No, no es así. Sencillamente nuestro camino lo vamos haciendo nosotros con cada decisión que tomamos. El que tú llamas buen camino, a mí podría no hacerme feliz. Nadie puede decidir por ti. Por eso el que te haga sentirte bien será tu buen camino. Y si después de decidirte por él te sientes incómodo o mal, siempre habrá otra decisión que tomar. Ahora piensa un rato, ¿realmente estás bien como estás?

Marco dudó un momento  y negó con la cabeza, pues el nudo de su garganta empezaba a cortarle la voz.
-          Y si cambias puedes ir a peor o a mejor,..., -confirmó con la cabeza- Si vas a mejor, habremos conseguido lo que buscábamos. Y si vas a peor ¿Qué te impediría hacer otro cambio?- Marco comprendía pero aún así, tenía miedo.
-          Pero ¿Qué pasaría si a pesar de todo no encontrara la felicidad?
-          ¿La tienes ahora?- Marco sonrió y negó con la cabeza.- Lo peor que te podría pasar es que por lo menos lo habrías intentado. ¿No es mejor que estar tirado entre los carromatos del mercado?
-          Y ¿cómo hacerlo?
-          Todo lo que tienes que hacer es convencerte a ti mismo que puedes hacerlo y sobre todo, seguir hasta el final con las buenas decisiones aunque te cueste. ¿Nunca has oído hablar del topo Slotts?
-          No.- Adán sonrió satisfecho y transformó la luz de su mirada cuando empezó a decir:
-   Quizás si me lo hubieran contado nunca me lo hubiera creído, pero lo vi con mis propios ojos,…, de ciego y aún así, yo mismo a veces pienso, que fue un sueño. El caso es que conocí una vez, a un topo que no era ciego y como todo ser vivo que puede ver, vio. Y lo que vio, le pareció más interesante que lo que él tenía. Había oído contar siempre que los topos viven bajo tierra, pues allí encuentran su alimento y no tienen depredadores como el gato “Mal augurio”. Aquel gato negro que se comió a su padre un día que este por error subió a la superficie.
>> Mal augurio era tuerto, por eso le costaba cazar ratones. Pero contaba con un ojo más que los topos, por eso andaba siempre destrozando galerías. Los rumores que corrían por los túneles eran que Mal augurio quedó tuerto en una escaramuza con un perro. Y eso a Slotts le maravilló tanto que empezó a recabar información de aquel animal llamado perro, que era capaz de enfrentarse con un gato y dejarle tuerto. Cuando supo todo a cerca de él, pensó que la muerte de su padre merecía una venganza y por eso quería convertirse en perro. Volvió a su galería y le dijo a su madre.
>> -Mamá, ahora soy un perro. De modo que si notas en mí un comportamiento distinto al de antes, no te asustes. Yo soy tu última esperanza para acabar con Mal Augurio y ya no deberías tener miedo.
>> - Anda “Tu última Esperanza” vete a dormir.- Así fue como Tu última Esperanza recibió su nombre de perro. Ladró y dio vueltas y vueltas sobre si mismo en busca de su rabo. Y tantas y tantas  vueltas dio que al final por el cansancio y por el mareo se quedó dormido.
>> Pasaba el tiempo y todos los topos conocían el deseo de Tu última Esperanza de ser un perro. El pobre andaba siempre oliendo por los rincones, ladrando a quien se encontraba y levantando la pata en cada esquina para orinar las paredes. Pero era un topo. Pasado un tiempo, estaba en una ocasión jugando a las peleas con otro topito cuando Tu ultima Esperanza le mordió en una pata. Y tan fuerte lo hizo que el pobre topo lloró y lloró hasta que su madre acudió. Esta al ver el desconsuelo de su hijo, reprendió a Tu última Esperanza.
>> - Perro estúpido, vete a defender las galerías del viejo Mal augurio y deja a los niños en paz.
>> Esto a Tu última Esperanza le gustó tanto, tanto, que decidió que su cambio ya había dado sus frutos. Llegó a su galería se colgó su collar de cuero con su placa que decía cuidado con el perro y salió al exterior ladrando como un loco, mientras arrastraba el collar tras de si. El primero en verle fue el gallo Kiriquillo y su comentario animó a Tu última Esperanza.
>>- ¡Qué perro tan raro!
>>- Soy un perro se dijo a si mismo, se rascó el cuello con la pata trasera y salió en busca de Mal augurio.
>> Detrás del granero le sorprendió de espaldas destrozando una galería de topos y ladró tan alto que los dos se asustaron. Mal augurio salió corriendo y empezó la persecución. Corrieron y corrieron tumbando sillas, levantando piedras y alborotando a todas las gallinas del corral. Cuando el gato tuerto se vio acorralado se dio la vuelta y bufó al perro pero este no se acobardó y le plantó cara. Así estuvieron unos segundos frente a frente. Mal augurio estaba completamente asustado. Le temblaban los últimos pelillos del rabo y el terror brillaba en su único ojo negro. Tu última Esperanza sonrió orgulloso de su temible planta de perro y dijo.
>>- Vengo a vengar la muerte de mi padre el topo Cacosa. De pronto Mal augurio abrió la boca y se lo comió.
-          ¿Por qué?- Preguntó Marco que había permanecido atento a cada palabra del cuento.- Si ya era un perro fiero y temible.
-          Pero como todavía no estaba completamente convencido desveló que su padre había sido un topo. Y esto le costó la vida. Cuando estés completamente convencido de tu cambio, defiende tu idea con la misma fuerza con que la comenzaste. Nunca titubees, pues tu duda será la confirmación para que venga un Mal Augurio y se coma Tu Ultima Esperanza.
 



 Autora: Nuria L. Yágüez




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lunes, 17 de enero de 2011

A TI MUJER

Mujer de ojos chispeantes,
de actitud desafiante.
Tan pronto amorosa como fría.
Inalcanzable cúspide emotiva.
Te abres y cierras como una flor
ante la presencia o ausencia del sol.
Guardadora de los insondables
misterios de tu corazón.
Ávida de experiencias de vida.
Hoy arriba y mañana abajo.


¿A quién dejarás que te acompañe en el camino?
¿Sobre qué hombro recostarás tu cabeza confiada?
¿Entre qué brazos buscarás calor y paz?




Autora: Carmen Lorenzo



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sábado, 15 de enero de 2011

¿QUIEN NOS OYE CUANDO HABLAMOS?

Érase que se era, un precioso árbol verde y frondoso que gracias a su belleza conseguía, que todo el que pasaba por el parque, levantara la vista para fijarse en él. A su lado crecía un pobre y raquítico pino, que de puro canijo que era, ni siquiera era capaz de dar una sola piña. Un soleado día, el pequeño pino por fin se atrevió a hablar con el grandioso árbol para decirle que envidiaba su belleza y la buena suerte que tenía. El verde y frondoso árbol torció su copa para echar un vistazo a aquel pino flaco y enano, en el que nunca había reparado y le dijo:
 - ¿Suerte? ¿Te parece que yo tengo suerte? Te diré, que yo me considero el árbol con más mala suerte de todo el parque.
- Pero ¿como puedes decir eso?, -le respondió el pequeño pino,- si todo el que pasa por tu lado, tiene que parar su caminar para admirarte.


- Pues por eso mismo. Fíjate, si tengo mala suerte, que todos los perros que pasan por mi lado tienen que levantarme su pata. Todos los enamorados que pasean por aquí, tienen que dejar sus nombres unidos por un corazón en mi corteza. Todos los chiquillos que vienen al parque tienen  que demostrar lo valientes que son subiéndose a mis ramas, porque claro son las mas altas de por aquí. El invierno es malo porque al ser el mas grande, cuando llueve, me mojo mas que los demás. La primavera porque los atolondrados pájaros siempre buscan mis recovecos para hacer sus nidos. El verano porque como me cargo de frutos, me pegan con palos para hacerlos caer. Y el otoño, que decir del otoño; como a mi alrededor siempre hay más hojas los barrenderos se cansan más y se apoyan en mi tronco a fumarse sus cigarrillos. ¿Te sigue pareciendo ahora, ridículo pino, que tengo suerte?-  Mientras el árbol se quejaba de todas estas cosas, y se regodeaba de su mala suerte, quiso el destino que pasaran por allí los espíritus de la buena estrella y centelleando de ira le dijeron al árbol:
- Verde y frondoso árbol hemos oído todo lo que le has contado al pino y vamos a hacer realidad tus mejores sueños. Quizás algún día te parezcan autenticas pesadillas. A partir de este momento, no volverá a pasarte ninguna de las cosas que tu consideras una desgracia, y en cambio, le pasaran al enclenque pino, que intenta crecer a tu lado. Si algún día te das cuenta de tu error, tendrás que hacer algo que salga de tu podrido corazón y solo entonces, veremos si podemos hacer algo por ti.

Dicho esto los espíritus de la buena estrella siguieron su camino, porque tenían mucho trabajo que hacer por el mundo.

A partir de ese día, el árbol, no podía creer que tuviera tanta suerte. Los perros ya no le orinaban pero no noto que comenzaban a faltarle, algunos minerales que están en el pis de los perros. Los enamorados ya no escribían sus nombres en su corteza, y a el le encantaba, pero dejó de saber como andaban las cosas del corazón a su alrededor. Recordó de pronto, que hacía mucho, mucho tiempo que los chiquillos no subían a sus ramas, pero no se percato de que ya no había nadie que le rascara, donde más le picaba. Cuando llegó el invierno, no podía creer que los espíritus tuvieran tanto poder, todos los árboles del parque se estaban mojando, estaban chorreando y él, increíblemente, “ja, ja, ja, estoy completamente seco, exclamó”, pero no quiso darse cuenta de la sed que ya sentía, y eso que aún no había salido el sol. Pero claro el amarillo astro llegó y con él los pájaros, que por raro que parezca, no buscaban sus escondites en sus huecos “esto es maravilloso, soy el árbol con más buena suerte del parque pensó”. Y lo pensó porque claro ya no había nadie a quien decírselo, no había niños, no había perros, no había pájaros, ni enamorados,...

Pero con los días, el árbol vio como se iba llenando de aquellos insectos, que antes los pájaros mantenían a raya. Llegó el verano y con él los hombres con palos pero, milagro, aquel año pasaban de largo y no querían sus frutos, claro que tenía tantos y tan gordos que le dolían las ramas de soportar el peso y además, algunas habían empezado a troncharse. En el otoño ya no había barrenderos apoyados en su tronco echándose sus cigarrillos, y con horror descubrió que era adicto a la nicotina y sufrió un ataque de ansiedad. A pesar de todo, aunque el árbol ya empezaba a darse cuenta de todas estas cosas, no quería reconocerlas y seguía pensando, “ummmm, ahora si que tengo buena suerte”.

Un día al despertar pensó que se había caído, porque nunca había visto el suelo tan cerca de su copa. Palpo su tronco y vio que seguía más o menos recto. Tocó sus raíces y comprobó que estaban dentro de la tierra, “¿Qué pasa entonces?- se preguntó- ¿Porque está tan cerca la tierra?” Al levantar la copa vio un alto y majestuoso pino rodeado de niños, perros, pájaros y enamorados y le preguntó que estaba pasando. El pino con cara de pena le dijo:
-                ¿Qué pasa viejo amigo? ¿Ya no te acuerdas de mí? Nunca, nunca llames a eso, que no quieras que venga.

Así comprendió el árbol, que debemos aprender a apreciar hasta lo que en ocasiones podemos considerar malo. Pues siempre, siempre, siempre, como decía mi viejo amigo Murfi, las cosas pueden ir peor.



 Autora: Nuria L. Yágüez


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