jueves, 31 de marzo de 2011

YA NO PUEDO SER


Amiga mía...
Buscas mi sexo.
Mis labios.
Te desesperas en la sombra
de mi cuerpo.


Te pierdes en la silueta de mis pies.

Y sabes que no puede ser.
Y aun así te arriesgas a perder.


Buscas mi mirada.
No aciertas a ver que esta cerrada.
Iluminada por la indiferencia.
Que por ti ya no siento nada.
Yo ya no busco en ti mi placer.
Y tú no quieres entender.
Que ya no deseo tu piel.
Solo quiero tu amistad.
La que me brindaste una vez.
Y por la que yo me arriesgue y te bese.


Perdoname..
Pero hoy muchas cosas han cambiado.
Me equivoque.
Perdoname amiga mía.
Hoy tu quieres volver.
Ya no soy la misma de ayer.
Hoy soy mi verdadero YO.
No quiero seguir de flor en flor.

Quiero ser fiel.

He conocido a alguien.
Que me brinda las mas bellas letras desde el corazón.
Que me da ternura.
Que me ahoga en la mas bella ilusion.
No creas que desprecio tu belleza.
Que no es mas que la que posees en tu interior.
Pero yo ya no quiero noches de sexo y alcohol.
Ya no quiero besos de hielo.
Ni caricias efimeras.
Quiero la eternidad de la pasión.
El cálido abrazo de un solo amor.


Autora: Inés Jiménez Suarez



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miércoles, 30 de marzo de 2011

SERENATA DE LUNA LLENA

Cuchicheos en mi cuarto.
Y en mi mente
restos de tus quejidos.
No puedo despertar de este sueño.
Devuélveme mis sentidos.



Autora: Nuria L. Yágüez


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lunes, 28 de marzo de 2011

HOY LLORO UN AMOR

Hoy lloro por tu amor,

lloro lagrimas amargas,
lloro lagrimas de hiel,
lloro desde mis entrañas,
lloro porque yo te quiero,
con todo,…, el amor del alma.


Si no te hago feliz
que hago yo en este mundo,
que podría darte hoy
para que vieras al fin
que mi vida es un regalo
que yo te ofrezco ti.


Si no crees en mi amor,
si piensas que es un fiasco,
si quieres mi corazón,
solo tienes que decirlo
porque por ti
me lo arranco.


Mis sentimientos son puros,
y mi amor te pertenece,
mi vida es para ti,
como hacerte comprender
que quiero vivir contigo
 quererte más cada día
hasta que nos llegue el fin.


Tu tristeza es compartida
por el hombre que te adora,
no dejare de quererte,
verte sonreír a todas horas,
quiero sentirte feliz
que ya hemos llorado bastante,
 no pienses que no te quiero
hoy te quiero más que antes.


Hoy me abandonó mi musa
porque eres mi musa y mi prosa,
eres rosa en el rosal,
eres tú la más hermosa,
que nunca dejaré de amar,
que nunca te dejaré sola.


Autor: Alberto López Yepes

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NIÑA INFELIZ

Esta noche tu recuerdo me atrapa la mirada.
Nunca podre olvidar el canto de los pajaros al amanecer.
Tu beso inesperado.
Tus exactas palabras.
Todo.
Todo me lastima.
Pienso que yo no estaba preparada.
No lo se.
Pero tus caricias aun escuecen en mi cuerpo.
Y un murmullo de pensamientos se apodera de mi alma.
La presencia del miedo en silencio cabalga.
Y las agujas del reloj marcan la realidad y la desesperacion.
Un tiempo que para mi ya no tiene valor.
Pues solo escucho una angustiada voz interior.
Y un grito de plegaria en mi corazón.
Buscaba en ti un camino sin retorno.
Experiencias nuevas.
Una sonrisa eterna.
¡Pero que ilusa fui¡
Niña infeliz.
No darme cuenta antes.
Que nunca debí salir de aquí.
Ni entrar en ti.
Ni arriesgarme a vivir por fin.
...........



Autora: Inés Jiménez Suarez


 

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domingo, 27 de marzo de 2011

BUSCANDO EL MOMENTO

Tú me dijiste que había llegado el momento y yo te creí. Avisé a mis padres, a los tuyos, preparé todo para que nada saliera mal y me preparé para los momentos que estaban por llegar. Te besé los labios, los ojos, me apacigüé en tu pecho y traté de parecer lo más tranquila posible.
Sin embargo llegado el momento todo seguía igual. Pasadas unas semanas  decidiste hacer las maletas, las hicimos y después de unos días, seguimos viviendo nuestra bella rutina.
Llegó el verano y programamos un viaje de norte a sur del pais en moto sin pensar más que en disfrutar. Todo hubiera sido maravilloso, pero al cuarto día de esta peculiar aventura que tanto habíamos deseado me comunicaste, “ha llegado el momento”. Alquilé un garaje para dejar la moto por el tiempo necesario. Llamé a tu familia, a la mía, busque dos billetes de avión para regresar rápidamente. Llegamos a casa, preparé todo, te besé los labios, los ojos, me apacigüé en tu pecho y traté de parecer lo más despreocupada posible.  Acompasé mi respiración a la tuya durante toda la noche por quedarme más tranquila. Casi no salimos de la habitación para nada. Mandaba traer comida y nos pasábamos el día esperando una confirmación.
Pasaban los días y todo seguía igual, demasiado igual. Buscaste las llaves de la moto y del garaje, y preguntaste “¿quieres seguir el viaje?” pero decidimos quedarnos en  casa y así lo hicimos.
Después de aquello pasó una época un poco más tranquila. Trabajamos cada día, compartíamos el mismo amor por los atardeceres en los acantilados, luego en casa cocinábamos, leíamos, a veces jugábamos unas partidas al badgamon, inventábamos novedades para la cafetería, y siempre teníamos algo que hacer. En esa época hablábamos mucho. Parecía incluso que te habías llegado a olvidar de todo pero de pronto un día sonreíste y entendí perfectamente lo que tus ojos me decían. Esta vez no llame a tus padres, ni a los míos, llegada la noche me tumbé a tu lado en la cama, te besé los labios, los ojos, me apacigüé en tu pecho y traté de parecer lo más tranquila posible, y en la espera me quedé dormida. Al amanecer te encontré preparando el desayuno y la decepción brillaba en tus ojos, yo puse música, te abracé, bailamos pegadito y te besé en todo el cuerpo sabiendo donde terminaría aquello.
Después de varios años y un sin fin de decepciones te comuniqué “ha llagado el momento”. Llamaste a mis padres, a los tuyos, me besaste en los labios, en los ojos y te apaciguaste en mi pecho con toda la parsimonia del mundo. Hoy nos han confirmado que vamos a ser mamás, que todo va bien y podemos seguir viviendo este momento día a día, segundo a segundo, dejando atrás todo miedo y decepción. ¿Qué más da quien lo lleve dentro? Lo Hemos concebido las dos. Para ambas hoy comienza una nueva vida.



 Autora: Nuria L. Yágüez



 

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sábado, 26 de marzo de 2011

AJEDREZ

Dos voluntades frente a un tablero
¿Quien cederá primero?
Calculamos la estrategia
y se para el tiempo
calculando el movimiento.
 
Escondo la intención
escudriño tu corazón.
¿Moverás tu alfil o tu peón?
 
He de adelantarme yo
derribaré tu torre
y afianzaré mi posición.
 
¿Dónde te has dejado el corazón?
¿Estamos en el tablero o en el colchón?




Autora: Carmen Lorenzo





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viernes, 25 de marzo de 2011

ME GUSTA QUE TE GUSTE

Me gusta acariciar tu pelo.
Sentirlo entre mis dedos.
Ver tu cara de placer.
Tus ganas de hacerlo.
Me gusta besarte por sorpresa.
Morder tus senos.
Lamer sin censuras,
cada milímetro de tu cuerpo.
Me gusta tu reparación,
complice de tu aliento.
Me gusta que te guste,
mi sexo y mi anhelo.
Me gusta ser la dueña,
de todos tus sueños.
Me gusta que te guste,
mi mirada en cada encuentro.
Me gusta que me mimes,
y que me guardes el secreto.
Me gusta que te guste,
que se me escape un te quiero.


Autora: Inés Jiménez Suarez


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jueves, 24 de marzo de 2011

COMIENZA DE NUEVO SIN DOLOR VIEJO

Deshazte ya de heridas viejas
deja atrás lo que encierre a tu ser.
Ahoga todo lo que no te deja
avanzar, ser libre y creer.

Vístete de amor intenso.
Lánzate como si nunca fueras a caer.
Entalla tu cintura con abrazos nuevos.
Suaviza con piropos toda tu piel.

Verás como el sol sonríe cada día,
y la luna pondrá hilos de plata a la nube más cruel,
el aire se vestirá de fiesta en tus manos,
y volverás de nuevo a creer.




Autora: Nuria L. Yágüez



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miércoles, 23 de marzo de 2011

LO QUE EL VIENTO NO SE PUDO LLEVAR

Yo tengo un cuaderno naranja y bonito. De tapas translucidas donde nada se puede esconder. Es un cuaderno lleno de páginas, con cuadros, y palabras. Tiene muchas palabras. Pero lo que más tiene son sentimientos. Este cuaderno naranja es mi mejor amigo. Es al que yo cuento todo lo que siento, todos mis sentimientos están allí guardados, porque se que es un buen confidente y nunca me juzga.

Ayer pensé que debía hablarte de sentimientos y saque un cuaderno grande y azul, lleno de hojas en blanco. Pero ese cuaderno no conoce bien lo que siento y a cada palabra que escribía me interrogaba preguntándome, porqué ponía esa palabra y no otra. Me sentí mal, muy mal. No quería juicios, ni siquiera dar explicaciones. Quería describir los sentimientos a bocajarro, con la claridad con que los vivo, pero se me hacía difícil y mi mente estaba turbia y confunsa. Así que cerré el cuaderno. Me puse mi pijama de franela, preparé un tazón de leche caliente y cogí mi cuaderno naranja, ese amigo que tan bien me conoce.

Empecé a escribir, y escribí sentimientos cargados de rabia y dolor, pero él no estaba conforme con lo que escribía y después de unas cuantas hojas me dijo: “Detente un minuto. Lee lo que has escrito y dime si te reconoces en tus palabras.” Como cualquier buen amigo me dio un sabio consejo que me hizo recapacitar. Volví atrás, leí, y lloré sin saber de donde habían aparecido esas palabras. Arranque las hojas después de pedirle permiso y juntos fuimos hasta la basura para deshacernos de tanta mentira. Después me calmó diciendo “duerme tranquila, mañana será otro día. Esto también se lo llevará el viento.”

Hoy al despertar tome mi cuaderno naranja y me senté delante de la humeante taza de café. Abrí el cuaderno y empecé a escribir. Nos miramos y entonces supe que el viento se llevó algo, el rencor, la intolerancia, la negatividad. Tome mi pluma y escribí así:

“Debajo de esta isla redonda como una galleta, apenas mordisqueada por los bordes, bañada por la blanca espuma de las olas del mar, se forman habitualmente tormentas tropicales con ganas de volver a casa. Cabalgan entre terribles olas y cuando llegan más allá del océano, al lejano continente, descargan todas las lágrimas que han ido acumulando durante tantos kilómetros de soledad.

Pero esta vez, Delta se sintió perdida y después de partir en busca de todas las tormentas que le precedieron, sintió que quería llevarse algo más. Algún regalo, eso que todas las anteriores echaron tanto de menos durante su viaje. Y volvió atrás. Regresó sobre sus pasos y al tocar tierra, levantó techos, tumbó árboles y derribó muros en busca de aquello que buscaba. Buscaba un amor que llevarse con ella. Y nos encontró a nosotras.
Delta, nunca había visto un amor tan lindo y sincero, un amor tan mágico. Cuatro ojos mirándose con tanta dulzura, dos bocas saciando sus penas, unas almas tan dañadas y con tantas ganas de sanar. Y sopló con fuerza, pero supo que no conseguiría arrancarnos algo que con tanto deseo creamos. Buscó durante unas horas otra pareja con un amor como el nuestro y no lo encontró. De modo que retornó con más virulencia de la que nunca tuvo y nos vio aferrarnos a nuestros sentimientos sabiendo que era lo más preciado que teníamos.

Y no tuvo que pensar mucho.

Supo porque nuestro amor no podría llevárselo. Supo que mientras mantuviéramos la conciencia, nuestro amor estaría a salvo. Por eso el amor es tan fácil de arrebatar. Porque casi todos los enamorados pierden la razón cuando sienten la belleza del amor. Se enamoran de sus emociones, de las sensaciones que el amor les provoca, el ritmo inusual de su corazón, el cosquilleo en el estómago, la sonrisa permanente cuando escuchan la voz de su amada. Y solo piden más y más, olvidándose que quien provoca esas emociones no es el amor, si no la persona que tienen en frente.

Afortunadamente Delta era lista, pero no tenía la fuerza suficiente, esa fuerza que da el sentir tu amor en otra persona, la fuerza que da verte en los ojos de tu amada y saber que cuando parpadees no desaparecerás, la fuerza que da el pedir y aceptar el perdón, el perdonar, el respeto mutuo, el soñar con tu boca y la mía entrelazadas, el caracolear en tu cabello, el colmarte la espalda de caricias, el sentir el calor de tu piel en mis manos horas y horas después de dejarte en casa, el respirar tu aire y compartir el mío.

Hoy se ha roto el cielo y ha llorado la impotencia de Delta por tener que volver a partir sola.”

Ahora al terminar de escribir mi cuaderno naranja ha suspirado conmigo, y me ha dado su bendición. Ahora se que el vendaval se llevo nuestra cordura pero el sueño nos la devolvió. Ese sueño que tú y yo creamos y colmamos de amor mientras dormimos y soñamos, despiertas.

Te amo mi locura,…, te amo con todo



 Autora: Nuria L. Yágüez

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martes, 22 de marzo de 2011

ATREVETE

Descálzate amor,
que quiero contemplarte.
Regálame tus labios.
Dame un bocado.
Que el escalofrío,
nos dure toda la vida.
Que nuestras manos,
se llenen de dicha.
Entra en mi copa de vino.
Que mi pelo caiga sobre tus mejillas.
Que la noche llegue al día sin mentiras.
Que la ilusión no se nos quede dormida.
Desnudemos nuestras almas.
Busca mi sonrisa y mis ganas.
Sabrás enseguida,
que soy yo quien te ama.
Porque tú eres un encanto particular,
y yo una loca enamorada.


 

Autora: Inés Jiménez Suarez

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lunes, 21 de marzo de 2011

PASEAR

Pasear, caminar,
ver la vida pasar.

La gente andar,
y mirar el mar.

Respirar,
sentir el aire entrar.
Y la gente viene y va.

Andar y andar
y llenarse de paz.

Contemplar
las aves volar,
y del aire y del sol gozar.

Y Sentir
el corazón bombear
y dejar el sufrir atrás.

Caminar y caminar
sin descansar,
esperando encontrar la paz.

Contemplar como el mar
viene y va.





Autora: Carmen Lorenzo





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domingo, 20 de marzo de 2011

RIETE CUANTO QUIERAS




Riete cuanto quieras
que ahora mi corazón descansa.
A mi me queda esperanza,
a ti sólo risa, y es falsa.

Riete cuanto quieras
que hoy por fin comprendí,
que cada risa que brota de tus labios
es una lágrima que lloras por mi.

Riete cuanto quieras
que a mi el dolor se me pasará
pero la indigestion mental que tú tienes
no te dejará jamás.




Autora: Nuria L. Yágüez


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sábado, 19 de marzo de 2011

TE QUIERO PAPI

Dicen que madre solo hay una. No voy a ser yo quien ponga esto en duda, pero yo también tengo un solo padre, y es la leche. Hoy no voy a escribir ningún cuento, ni poesía, hoy es el día del padre y he hecho 2000 kilómetros para estar con él. Así que os pido que comprendáis que hoy no escriba nada, me voy a hablar con él. Mañana será otro día, yo al menos éste le quiero para decirle con gestos lo mismo que le digo cada día con palabras. TE QUIERO PAPI.

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NO ME IMPORTÓ

Tenia un aspecto retrógrado.
Las manos agrietadas como el desierto.
Como un estanque abandonado.
Yo la acerque hasta mi pecho.
No me importo su pasado.
Ni la historia de sus labios.
Solo la imagine perenne en mis brazos.
Y así la bese.
Sin miedos.
Sin espantos.
Descubrí una belleza inimaginable.
La verdadera historia de una mujer escondida.
De una cama de placer olvidada.
De sonrisas y caricias.
Imposibles de imaginar.
Pero que yo invente sin pudor.
Sin miedo al verdadero amor.




Autora: Inés Jiménez Suarez

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jueves, 17 de marzo de 2011

EL BESO

Me preguntas
¿Que es un beso?.


Un beso es....


Un beso es, unos labios que se juntan,
unos ojos que se cierran,
un corazón que se abre,
un cuerpo que se estremece,
un amor fuerte que nace,
es...
es el amor que comienza.


Me preguntas
¿Que es un beso?.

Un beso es...

Preguntar a una persona
¿quieres ser mi compañera/o?,
es, sentir que ya la quieres
antes de oir la respuesta,
es decirle...
yo te quiero,
es pedirle...
que te quiera.




Autor: Alberto López Yepes




 

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miércoles, 16 de marzo de 2011

LA ESPERA

Ya no sé si decirte hola o adios.
No sé conducirme en esta relación.
Refreno la emoción y domo la pasion.
Pero no puedo dejar de añorarte
porque después de llorarte
pienso que te quiero.

Intento que madures
en lo que yo creo debes.
Ya no quiero que seas mia
porque no lo eres.

Pero tú no me crees
cuando te digo que te quiero
y piensas que lo mío
es solo un capricho pasajero.

Tu miedo a sufrir te detiene.
Pero sé que si esto es de verdad,
todo llegará,
aunque tenga que esperarte
una eternidad.




Autora: Carmen Lorenzo





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RESTOS

Barnizada tengo la piel
de caricias.
Están impresas.
Como el recuerdo de su cara.
Ante el fantasma de su presencia,
hoy lloro arrodillada.
No consigo deshacer los nudos de sus cuerdas.
Cuerdas que amarran mis muñecas.
Que me ahogan despacio.
Que me queman.
Tengo restos de sus besos
clavados en las pestañas.
Su lengua ardiendo,
en cada rincón de mis entrañas.
Sus manos vírgenes
escribiendo versos en mi espalda.
Restos de su perfume.
Restos de su cama.
Restos.
Que me impiden olvidarla.




Autora: Inés Jiménez Suarez

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martes, 15 de marzo de 2011

EL ULTIMO ADIOS


      Estos últimos 3 meses me he dado cuenta que la vida no es para siempre, que cuando sea podría acabar, que por más doloroso que sea tienes que comprender.
      Ahora son 3 meses desde que te fuiste, parece como si hubiera sido ayer la ultima vez, que te escuche reír, que te vi sonreír, que te escuche gritar, la última vez que te abracé, el ultimo adiós.

    Tienes que comprender que esta vida solo te la prestan y que tienes que vivirla. Claro es demasiado doloroso perder a alguien cercano y más si ves como sufre la gente que aprecias. Estos últimos 3 meses estuve pensando porque la gente se iba tan rápido sin previo aviso.


      Llegé a una conclusión, que Dios o en lo que sea que tú creas, en mi caso Dios, a veces es demasiado egoísta y se lleva a las personas que le podrían ser útiles a uno en un futuro.


      Lo que más duele es que no te pudiste despedir de ella, no le dijiste que tanto la querías una vez más, no la viste por última vez en vida, no le abrazaste cuando tuviste la oportunidad, no te hizo reír por una última vez, no le preguntaste como estaba por última vez, MUCHISIMAS cosas que no pudiste hacer antes de que ella se fuera.


     Realmente nunca había perdido a alguien tan cercano no había vivido la etapa fea de la vida, pero así es naces, creces y mueres. Pero algo si se, que nunca perdemos a alguien hasta que lo olvidamos.


Así que NUNCA, NUNCA, NUNCA te perderé Tía Marcia




Te extraño Tía Marcia ): Y nunca de los “nuncas” te olvidare
♥ 13 de enero del 2011.

Autora: Linda N. Macareno Gomez.


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lunes, 14 de marzo de 2011

PENSANDO EN MI VEJEZ

¿Que fué de mi juventud,
aquél divino tesoro
como la llamó Rubén,
que por mucho que la llamo
y con gran pena añoro
se fué para no volver.?

¿ Que fué de mi agilidad,
mis andares desenvueltos,
mi vista de gavilan,
mi pelo rubio y espeso
y mi dentadura cabal.?

¿ Mi destreza en escribir
con letra aunque no cursiva,
clara,
mi arte en saber decir
en verso alguna humorada
que a veces hacia reir.?

¿ Que queda de todo aquello?

Ya no queda casi nada,
queda,
un monton de huesos,
una piel ya arrugada,
un sin fín de enfermedades
de hospital en hospital,
despues,
despues a reponerme a casa
sentado en un sillón
o tumbado en la cama.

Ya no me queda ni genio,
ya no se me ocurre nada,
he perdido la memoria
que antes nunca fallaba.
Un día se me cayó el pelo
quedándome buena calva,
despues me falló la vista
tuve que ponerme gafas,
se me calleron las muelas,
la barba se volvió blanca,
no ando bien del estomago,
ni del riñón,
ni los bronquios,
ya no ando bien de nada,
y otras cosas que me callo
que no está bien propagarlas.

Ante semejante cuadro,
¿que les parece que haga?
¡desesperarme¡,¡abatirme¡,
¡discutir con los vecinos¡
¡regañar con los de casa¡.

Ese no es un buen futuro
mis cuentas ya están pensadas.

No pensar que soy un viejo
ni que padezco de nada,
que soy aún un mozuelo,
mi pelo peino con raya,
que he recobrado la vista
y que si me pongo gafas
mas bien es por presumir
aunque sean graduadas.

Volver de nuevo a reir
y mirar a las chavalas,
con mi figura cañí,
mi barba bien afeitada,
un sombrerito bien puesto
y llamativa corbata.

Seguir pensando que soy joven
y aquí no ha pasado nada,
que el corazón,
no nos avisa
y cuando quiere se para.

Conque...
A divertirse tocan.
Señores...


VENGA JARANA.




Autor: Alberto López Seseña

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domingo, 13 de marzo de 2011

ENTRE TU Y TO



         No podría soportarlo por más tiempo y así se lo estaba haciendo saber a Juan cuando llegamos al garaje. En la oficina todos se estaban volviendo locos por momentos y la tensión iba en aumento. Desde que se había extendido el  rumor de la reducción de personal, todos parecían trabajar a marchas forzadas. Todos estaban siempre demasiado ocupados buscándose ayudantes para dejar claro que ellos eran imprescindibles en sus puestos y era los demás los que tenían tiempo de sobra. Y si hasta ese momento no habían ayudado a nadie, habían estado perdiendo el tiempo de la empresa. Pero ahora eran los ayudantes los que estaban de trabajo hasta las cejas, sin tiempo para abrir su boca y los responsables los que se pasaban el día intentando arreglar la situación de la empresa, con reuniones inútiles donde se hablaba y hablaba sin llegar a sacar nada en claro.

Yo no paraba de hablar y Juan escuchaba atentamente todos los comentarios, los detalles y las réplicas de los comentarios con estoicismo y en silencio. Aparcó el coche y fue sacando las bolsas una a una repartiéndolas entre las cuatro manos. Yo las cogía sin dejar de criticar a Sandra y a  Marta a las que había pillado en la sala del café criticando a la secretaria del jefe por hablar por teléfono, cuando ellas en lugar de hablar por teléfono lo hacían bis a bis. Cuando llegamos al buzón Juan lo abrió sin dejar de escuchar como las críticas habían pasado al departamento de ventas por la mala gestión del material de oficina, pues si estaban buscando recortar el presupuesto podíamos empezar por no malgastar en papel de la impresora, en horas de uso de internet con motivos personales, en incontables llamadas absurdas a teléfonos móviles, etc y tal vez así, echarían a una persona menos. Recogió el correo y fue metiendo las cartas entre sus dientes y tirando la propaganda a una de las bolsas de fruta, se detuvo en una carta y después de darle varias vueltas me la puso bajo el brazo. Justo cuando protestaba por la cantidad de cambio que habían hecho en la decoración de los pasillos. Al abrir la puerta soltó todas las bolsas en el pasillo y desapareció tras la puerta del baño.
-      Y luego se pasan el día criticándose unos a otros en lugar de hacer cosas más útiles,...,- dije levantando el volumen para no dejar de hablar.
-      Un momento cariño que no puedo aguantar más, ahora sigues.

Salté por encima de las bolsas para conseguir llegar a la cocina. Al dejar las bolsas tomé la carta preguntándome porque me la había dado a mí en vez de abrirla él como siempre hacía. Y al mirarla detenidamente reconocí inmediatamente la letra. No la abrí enseguida. Había hablado tanto que las palabras todavía retumbaban en mi mente, pero yo ya no estaba allí. La visión de esa letra me había trasladado a otros momentos vividos muchos años antes. Era como una recesión en el tiempo, diez años atrás. La di una vuelta y otra y no había duda, era tu letra. Cuando Juan salió del baño me miró tranquilamente mientras se comía una manzana.
-      ¿Qué pasa? ¿De quien es?

-      De Sara.- Dije con la seguridad de que él sabría a quien me refería.

-      ¿Y qué dice?
-       No lo sé, aún no la he abierto.- A mí la llegada de tu carta me había dejado paralizada pero él seguía danzando por la cocina guardando la compra y dando grandes mordiscos a la manzana. 

-      ¿A que esperas?- Suspiré, la dejé sobre la mesa y empecé también a guardar las cosas que habíamos comprado, sin poder responderle.

Pasé la vista sobre las palabras de aquel sobre cerrado unas cuarenta veces durante la cena sin poder moverlo de donde estaba. Había esperado esa carta tantísimo tiempo que ahora ya no sabía si quería leerla o no. Había esperado tantas veces noticias de ti, y te había echado tanto de menos que ahora no estaba segura de querer volver a las andadas. Toda la elocuencia que me había acompañado durante la tarde se tornó silencio, por aquella dichosa carta.
-      ¿Qué pasa? ¿Qué piensas?- Preguntó Juan.
-      En nada.
-      En algo pensarías.- Dijo tratando de elevar su tono de voz sobre el atronador silencio. Notó que no podía apartar la vista de la carta y él mismo le dirigió una mirada.
-      No pensaba en nada.- Se dio cuenta enseguida y se apartó del tema.
-      ¿Nos vamos a la cama? El día ha sido muy largo.- Yo también me di cuenta de lo que él proponía.
-      Ve tú, voy a recoger un poco la cocina, no puedo dejarla así.- Suspiró y los dos dimos el tema por zanjado. Nuestra relación había llegado a un punto donde las palabras directas se hacían innecesarias. Dejó su servilleta doblada sobre la mesa y me besó dulcemente antes de irse a dormir.
-      Te quiero ¿Lo sabes?- sonreí como respuesta pues estaba claro que lo dos lo sabíamos.
-      Buenas noches amor.
-      No tardes o mañana estarás cansada.

Entonces nos quedamos allí, y a solas, tu carta y yo. Tú y yo.

Volví a mirarla y vinieron a mí, recuerdos no muy recientes. De hacía algo más de diez años. De aquella época en que aprendimos juntas a vivir. Entonces, nada se interponía en nuestro camino. El mundo era demasiado grande para nosotras pero en nuestras mentes, solo estábamos tú y yo. Entonces no éramos, ni lo que ellos decían, ni lo que nosotras creíamos, éramos solamente tú y yo. No había curvas ni espirales, todo era sencillo. Nuestro mundo estaba lleno de personas, pero para nosotras, solo estábamos tú y yo. Éramos la misma persona en dos cuerpos diferentes. Solo estábamos tú y yo. Pero ahora me pregunto dónde quedó aquel tiempo. Ahora pienso porque desaparecieron aquellos años en los que solo estábamos tú y yo. Que lindo recuerdo, tú y yo. Hoy daría mi brazo derecho por una amistad como esa.

Volviendo al presente puse la mano sobre la carta todavía cerrada. La di un par de vueltas más entre mis dedos y por fin la abrí. La carta estaba cuidadosamente escrita con una esmerada letra redonda. En papel antiguo, con pluma estilográfica en un sobre amarillento sellado con lacre rojo y el sello con tus iniciales. Como toda la vida habías hecho, te habías tomado tu tiempo en preparar el ataque. Habías cuidado cada detalle, para parecer más delicada que yo. Si, ya lo sabía y no hacía falta que me lo recordaras. Yo siempre había sido más sencilla. Sentía, y tal y como sentía, actuaba. Tú, por el contrario, actuabas como hubiera actuado una princesa.



Hola Nuria ¿Cómo estas?

Te preguntarás que hago escribiéndote y es lógico, pero a veces creo que es mejor hacer lo que a uno le sale del corazón.

También es posible que sea demasiado tarde para nosotras (o quizá nunca sea tarde) en definitiva, todo viene porque el sábado, abrí la caja de cartas antiguas y destapé la caja de Pandora, me di cuenta que te recordaba con tanto cariño que no podía dejar pasar esta ocasión. El mismo cariño con el que recuerdo a otras personas y que desgraciadamente hoy no puedo escribirlas.

Pensé en llamarte pero deseché la idea porque me sería muy difícil expresarte lo que siento y probablemente tu te preguntarías “¿a que viene esto?”.

Mi vida ha cambiado mucho, supongo que la tuya también, es probable que ni siquiera recibas esta carta pero prefiero intentarlo.

En fin, si piensas como yo a pesar del tiempo y crees que valdría la pena vernos esta es mi dirección...

... Sigo trabajando en el mismo sitio.

Me encantaría tener noticias tuyas, aunque si no te apetece lo entenderé.

Besos

Sara





Tu caligrafía no había cambiado, tu mismo estilo, tu misma esencia. Seguías siendo tú. Tras esas palabras seguía apareciendo la misma chica fresca, alegre y divertida, que un día fuiste, pero también la pulcra y casi calculadora. Eran pocas las palabras que intentaban convencerme de un nuevo encuentro, porque la seguridad en ti misma, te hacía suponer que yo accedería enseguida. Sin embargo, no me dejabas un resquicio por donde huir. Me dabas la dirección de tu casa, tu teléfono personal, la dirección de tu trabajo, tu teléfono directo, tu dirección de e-mail, tu número de fax,...,  Y volvías a poner la responsabilidad en mis manos.

Mi vida también ha cambiado mucho, pero en esencia ha cambiado mi forma de verla y vivirla. De momento no supe que sentir pues la rabia cegó mi vista. Te había despreciado tantas veces, te había culpado tantas veces de haber tirado mi corazón por tierra, que ahora no podía aceptar que me dijeras lo que me decías, que me apreciabas y me sigues apreciando. No podía aceptar que me pasaras la bola dando la vuelta a la tortilla, porque yo estaba segura de no querer recoger ese testigo que me tendías. En un principio, ni siquiera estaba dispuesta a mirar si me lo ofrecías, y había accedido, pero ahora estaba segura de no querer aceptar tu propuesta. Tú volvías dispuesta a demostrarme que era yo la que no había hecho nada por salvar nuestra amistad. Pero estabas equivocada. La dejadez que me invadió en aquellos días era una tabla de salvación. Volví a meter la carta en el sobre y la tiré sobre los restos de comida. No podía permitirme el lujo de volver a sufrir por ti. Antes de seguir sintiendo me fui a la cama a dormir. Dejando la cocina tal y como estaba.

Un mes había pasado en el que poco a poco fueron volviendo a mí, recuerdos de entonces. Yo me negaba a revivirlos pero se colaban en mis sueños y horadaban mi alma. A veces te encontraba oculta entre mis conversaciones y entonces me reprendía a mi misma por dejarte entrar en mi vida de nuevo. Fueron tantas las experiencias que juntas vivimos,..., Formaban parte de mi y eso no podía olvidarlo. En una ocasión leí en algún sitio que el hombre que olvida su historia corre el riesgo de cometer los mismos errores. Quería olvidarte pero ahora me preguntaba si habías sido un error en mi vida o el error lo cometimos al apartar nuestros caminos. ¿A qué venía ahora escribir esta carta, como si siguiera siendo tu mejor amiga? ¿Tal vez te encontrabas sola? ¿Tal vez intentabas recobrar antiguas amistades porque no tienes otras? ¿Tal vez tenías un profundo y tremendo dolor en tu alma y necesitabas una mano amiga que te ayudara a comprender que la vida es más de lo que a veces parece? Volvió a mí el recuerdo de nuestro distanciamiento y te aparté de un plumazo de mi mente. No podía ni imaginar, si así era, que vinieras a pedir ahora, aquello que me negaste tajantemente cuando yo lo necesité.

     Siempre te había culpado a ti y supongo que de la misma manera tú habrás encontrado motivos suficientes para apartar de ti toda sombra de culpabilidad. Cada una tendrá su versión de los hechos donde con seguridad, se encontraran pocas coincidencias. Pero pienso que ha pasado demasiado tiempo como para entender la causa. No es momento de encontrar culpables, es momento de buscar un nuevo cruce de caminos. No podía entender porque estaba sintiendo esto. Por que estaba planteándome una nueva oportunidad. Después de lo que me hiciste no te la mereces. Pero así es la vida y así soy yo. La seguridad guía tus pasos pero la duda rige mi vida. Me maldije por haberme desecho de la carta. Todavía tenía un resquicio por donde buscar. Me habías dicho que seguías trabajando en el mismo sitio. Buscaría el teléfono y te llamaría allí.

No tardé en encontrarlo. No resulto difícil, una simple llamada a información me guió hacia aquel cruce de caminos. Pero entonces comprendí que no era tu teléfono lo que necesitaba. Era valor.

Hoy he cogido el teléfono y he marcado los primeros números. Siento que me ahogo. He dudado y opto por depositar el auricular sobre la horquilla con cuidado. Suspiro profundamente tratando de recuperar la serenidad perdida. No puedo creerme que una simple llamada me esté costando tanto trabajo. ¿Será porque recuerdo tanto dolor como amistad? ¡Y cuánto te quise Sara! Por más que lo intentes nunca alcanzarás a imaginarlo. Me tiembla el pulso y se me ha acelerado la respiración. Miro los papeles de mi mesa como si en ellos fuera a encontrar las palabras oportunas. “No sigas un guión, improvisa, me digo a mi misma, ella habría seguido una infalible estrategia, tú eres simplemente tú y sigues tus pasos”. Vuelvo a descolgar y marco todos los números de un tirón.
-      Dígame.- No puedo creerlo, es tu voz. Me aparto el teléfono de la oreja como si pudieras verme por la línea telefónica. Es estúpida mi reacción, pero esperaba que fuera otra persona la que contestara al aparato. Cuando me lo vuelvo a acercar a la oreja, sigues repitiendo.- ¿Hola? ¿Hola?

Justo en este momento comprendo que diez años son demasiados. Que un motivo como el que originó nuestro distanciamiento hubiera resultado suficiente para convertir el punto y aparte, en un punto y final. Ahora se que diez años, después de aquello, son insalvables para cualquier persona, pero también siento que diez años después de tanto amor no son nada y el dolor sigue estando en mi alma. Me encuentro aquí, escuchándote sin nada que decirte. Me siento estúpida por no poder siquiera contestarte, pero siento que el tiempo y las circunstancias habrán moldeado nuestros caracteres de forma diferente, y será imposible volver a encontrar aquella inseparable amiga del alma que un día fuiste. Hoy tú serás tú y yo seré yo, ya no existirá un tú y yo, si no un tú y un yo. Ya no habrá nada de aquello que un día nos mantuvo unidas, y los recovecos de nuestras almas que un día encajaban a la perfección se habrán ido erosionando de forma diferente. Mientras mantengo todavía el auricular pegado a mi oreja, cuelgo delicadamente con la otra mano, despacito para que no escuches que me estoy yendo. Siento algo que me oprime el alma pero por primera vez, después de mucho tiempo, estoy contenta de haber hecho algo con total convencimiento.

No me juzgues mal. No pienses que he sido cobarde. Yo sé valorar el hecho de que hayas dado un primer paso al escribir esta carta. Pero también hay que ser muy valiente para decir “basta”. Quiero que seas realista y comprendas que ya no hay nada que hacer. Tal vez si esta carta hubiera llegado antes,..., Tal vez, pero nunca se sabrá. Trata de ser feliz, yo siempre valoraré esta carta por encima de todas las cosas que de ti recuerde. Ahora cerraré el sobre, pondré un sello y esperaré que hayas comprendido todas y cada una de las palabras que aquí te he puesto.



 Autora: Nuria L. Yágüez







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