domingo, 24 de abril de 2011

TU MIRADA SALVÓ MI VIDA

Querida Sajani
Hoy he sentido muy dentro el bien que puede hacer una mirada. Hoy tu mirada me salvó la vida. Y no, no bromeo ni exagero. Tú me has mirado en silencio, sin decir una sola palabra y he comprendido la belleza de la vida.

Quiero escribirlo para que entiendas lo que pasó realmente anoche y porqué digo lo que digo. Yo vivía en Madrid una vida absurda, subordinada a un socio que me machacaba de una y mil formas, que tomaba malas decisiones en la empresa para tratar de que le vendiera mi parte. Al salir vivía con un marido que abusaba de mi porque él estaba siempre un peldaño mas arriba que yo, me ninguneaba, me ridiculizaba delante de todos y me maltrataba detrás. No hubo nunca un gesto agradable hacia mí. Fue una boda prácticamente concertada por nuestros padres y yo nunca pude ser feliz. Una sola relación tuvimos, que para mí fue como una violación. Y con tan mala suerte que me quedé embarazada. Mi hija de adolescente salió de casa y desapareció de mi vida.  No tengo amistades, no tengo prácticamente nadie con quien compartir y ninguna afición que me haga agradecer algún amanecer. Odio mi vida, odio esta vida, lo tengo todo y no quiero nada.
Como una vía de escape tomé un vuelo sin saber casi a donde iba. No sé que trataba de buscar en este país, donde nadie me entiende, y lógicamente no lo encontré. Odio todo en mi vida.  Busque la dureza del acantilado más alto y según iba a saltar,..., te vi. Tú te paraste al lado sin decir nada.
-        No trates de decir nada, voy a matarme, no tengo nada por lo que vivir, no voy a vivir – tú no hablabas, solo me mirabas, sin cambiar los gestos de tu cara. Esto me hizo pensar que no me entendías y por tanto me animé a explicarte porqué me iba a suicidar. Si hubiera sabido que me entendías, no lo hubiera hecho.- No quiero vivir – dije.- Nunca en mi vida he podido dar sentido a mi vida. He odiado al hombre con el que me he casado, pero tampoco hubiera querido otro. No quiero un hombre en mi vida. He criado a una hija que hoy apenas veo y su frialdad resquebraja mi corazón. Supongo que no la he sabido educar. Mi socio ha minado mi autoestima y ha terminado por abandonarlo todo. – Tú me mirabas con tus ojos negros, rasgados- Ya no tengo fuerzas para más. Encima creo que he vivido en una gran mentira, yo quiero otro abrazo, he amado toda mi vida a una mujer sin que nadie, ni ella misma, lo supiera y el otro día me enteré que murió hace dos años. ¡Dios, he vivido en la mentira! Ya es tarde, me quiero morir.- tú solo mirabas – Pero ¿es que no lo entiendes? NO QUIERO VIVIR- tú no cambiabas el gesto.- Mírame, dime algo, dime al menos que no lo haga. ¡DIOSSS!- Gritaba insistentemente-  Nadie puede verme pero yo también tengo sentimientos. ¡MIRAMEE!- Te gritaba, cuando en realidad era lo único que hacías.
Tú solo te acercaste a mí, muy lentamente, casi que no pude notar que estabas a mi lado hasta que tu mano tocó la mía. Te quitarse un chal que llevabas puesto y lo colocaste sobre mis hombros.  Nos miramos en silencio, tu mirada era toda paz.
-        Lo va a necesitar- dijiste- ese agua está muy fría y si no muere por lo menos que esté abrigadita. ¿Quiere que avise a alguien?- Yo me quedé perpleja no creí que entendieras mi idioma. Tu aspecto de india no ayudaba a pensar que pudieras entenderme. Me mirabas, solo me mirabas y me viste empezar a llorar. No me tocaste, no me abrazaste. No hiciste nada, esperaste a mi lado.
-        ¿No vas a impedírmelo? – Seguías mirando, tal vez buscando una respuesta acertada.
-        Si nadie te permitió hacer tu vida, yo no soy quien para impedirte un decisión sobre tu muerte. Solo trato de que sea lo menos dolorosa posible. Luego haré todo lo posible para recuperar tu cadáver, para que tu hija pueda enterrarte.- La imagen me aterró y empecé a llorar y a temblar descontroladamente. Me ayudaste a pasar al otro lado de la barandilla y me acariciaste hasta que me hube relajado. Solo el contacto de tus manos y tus ojos me hicieron sentir más amor que en toda mi vida. No hablamos nada. Me llevaste mansamente hasta el hotel, lavaste mi cuerpo, lo mimaste, lo inundaste de perfume a incienso, y me tumbaste en la cama hasta que dejé de llorar. Solo me mirabas. Por fin te abracé y me abrazaste. Dormí toda la noche agasajada por tu abrazo.
A la mañana siguiente antes del amanecer caminamos de la mano hasta la playa y me hiciste un baño espiritual. Abrazada de una forma que no sabría repetir, me dabas vueltas en el agua, mientras mi cuerpo flotaba y el agua dulcemente resbalaba por mi piel. Nadie me había tratado así con tanta dulzura, sin buscar nada, sin siquiera pedirlo. Tú me protegías y en toda mi vida no había sentido esa sensación. No hablamos nada, cuando notaste que mi cuerpo perdía toda la tensión, me tomaste en brazos y me llevaste hasta una tumbona. No soy gran cosa, pero me sorprendió ver lo fuerte que eres. Me diste un vaso de jugo de frutas y embadurnaste mi cuerpo con aceite perfumado y lo llenaste de flores y piedras levemente calientes. Nunca me había sentido tan bella y colmada.
No lo vi llegar, solo sé que de pronto te pedí si te podía abrazar y en algún momento te besé los labios y te acaricié como nunca nadie antes me habían acariciado a mí. Fuimos al cuarto de nuevo e hicimos el amor como nunca antes lo había hecho. Al terminar me miraste a los ojos y me sentí la mujer más amada que nunca me hicieron sentir. Volví a llorar, pero esta vez era una mezcla de emoción y autoestima que no conocía y me ponía tensa.
Hoy sé que tus ojos han salvado mi vida, tus manos han recuperado mi cuerpo, y tu corazón ha colmado mi espíritu. Deseo vivir a tu lado el resto de mi vida aunque no te conozco. Tenemos mucho que hablar, mucho que conocer, mucho que comprender, pero no quiero irme jamás de tu lado. Aunque sé que si tú no quisieras permanecer al mío, hoy no me quitaría la vida. Ahora sé que la vida es un regalo que nos dan para poder sentir lo que hoy he sentido. Aunque solo sea una vez en toda tu existencia. Merece la pena. Te amo, no sé cómo puedo decir esto, pero te amo y necesito volver a ver tus ojos. Si cuando salga de la ducha estás en la habitación, no volveremos a separarnos nunca. Si quieres que esto termine aquí, solo puedo decirte que tu mirada salva vidas. Y tu amor ha salvado la mía.

Hace catorce años que escribí esta carta, hoy quería volver a leértela. Aquellos días a tu lado sanaron todo el dolor de una vida. El resto de mi vida a tu lado, solo ha traído amor. Gracias mi vida por seguir aquí, sigo sintiendo el mismo amor de aquel día.

Para leer la respuesta de Sajani pincha aqui

 Autora: Nuria L. Yágüez

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20 comentarios:

Mar dijo...

Exquisito Nuria, que belleza, me encanta como plasmas los sentimientos. Expresar lo que se siente es muy dificil. No se si será real o ficción pero te felicito por la capacidad de hacernos partícipes porque según leía creí que estaba allí, al borde del acantilado y casi me sentí incómoda por la intromisión en un momento tan íntimo.

Remei dijo...

Y si esta carta la has escrito tu...dime tus libros donde se venden, donde estan...
Nunca habia leido una carta de amor...y eso que leo bastante...
Gracias por estos momentos.

Nuria L. Yágüez dijo...

Gracias Mar por los comentarios. La verdad, abrí este blog porque quería saber si lo que escribía podía gustarle a alguien y leyendo comentarios como los que me dejais no pierdo las ganas de seguir escribiendo. Por cierto Mar esta carta es ficción pero otras de las que hay en este blog son reales.

Gracias Remei, no hay libro aún, está en marcha y cuando salga se anunciará el el blog. Con tus palabras me animas mucho a seguir adelante. Si quieres leer más cartas de amor en este blog tengo otras.

Luna dijo...

En algún momento de nuestra vida podemos sentir que ya no hay nada por lo que continuar y, de pronto, aparece esa mirada, esa mano y tanto AMOR, que nos devuelve a la vida, pero a la verdadera vida no a la que habíamos vivido.
Preciosa historia Nuria, en la que nos podemos identificar en algunos párrafos.

Anónimo dijo...

Me gustaría conocerte Sajani, o aunque solo fuera ver tu foto tal y como te ha imaginado Nuria. Me he enamorado. O por lo menos seguir sabiendo de ti. Uff he leido la carta sienes y sienes de veces y no me canso. Como me gustaría ver esa mirada serena. Por cierto la carta no está firmada, ¿cómo se llama la novia de Sajani?

Sara Lew dijo...

UFF!! He llorado al leer esta carta, Nuria. Emocionante, desgarradora, bella... Me ha encantado.
Un abrazo.

TORO SALVAJE dijo...

Que carta más hermosa.
Emociona párrafo tras párrafo.
Muy bonita.

Besos.

Ojosnegros dijo...

Felicidades por tanto amor, es una auténtico milagro absolutamente todo, desde el principio hasta el final.
Siempre he pensado que el amor no se busca, se encuentra y ella lo encontró justo en el momento de mayor desesperación del alma.
Qué misterio es la vida.
Muy bello.
Besos.

Nuria L. Yágüez dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios. Con acogidas así desde luego que seguiré escribiendo.

Luna tu sabes que llega, no desesperaré, y si no llega lo imaginaré ;)

Anonimo tus deseos son órdenes para mi, inventaré la carta de respuesta. jajaja Menudo reto.

Sara Lee es un honor que me digas eso. Bienvenida al blog y seguiremos con las visitas.

Gracias Toro, ¿Qé tal está Justiniano? Cuando tenga otra le avisaré para que venga a leerla =)

Gracias Ojos Negros, negros los ojos pero no el alma. Tengo una poesía a una que también dice tener ojos negros en estos días la publicaré y te aviso.

Gloria Elena Gil Hernández dijo...

Nuria...¡qué maravilla! Es una carta sumamente bella, llena de amor y ternura. De todo lo que has escrito es para mí lo más bello y profundo (sin desmerecer el resto). Eres una gran escritora y me siento muy orgullosa de ser tu amiga.
Gloria

Nuria L. Yágüez dijo...

Gracias amiga. Para mi si que es un honor que tu creas en mi.

Ana dijo...

Esta entrada va a tener una segunda parte?

Anónimo dijo...

Hay quien celebra el día de la visibilidad, hay quien la exige, y hay blogs que la llevan por bandera.

Mientras quede gente sin tanta valentía deja que me esconda tras un simple nombre, tal vez un día firme con nombre y apellidos.

AGUSTINA DE ARAGON

Nuria L. Yágüez dijo...

Ya te llegará el día de firmar con nombre y apellidos (los de verdad =)

La mejor visibilidad es la que se ejerce día a día. No pregonandolo, si no, vivir sin esconderlo. Con total naturalidad.

Besitos Agustina y te invito a que sigas leyendo pues hay mas poesías, cartas de amor etc que estoy segura también te gustarán.

Nuria L. Yágüez dijo...

La segunda parte la prometí y lo prometido es deuda. Ya vereis.

Anónimo dijo...

Muy realista tu carta...uf..me he metido de lleno al leerla y debo confesar que me ha emocionado.
Eres muy buena escribiendo
Saludos

Alberto López Yepes dijo...

No se por qué extraña razón no habia leido esta carta. Pero he de decirte que me ha impactado.
Para mi es real como la vida misma, hay muchas personas que sufren un desamor continuo lleno de vejaciones, como muy bien has expresado. Pero no hay que desesperar, porque cuando menos te lo esperas, y de quien menos te lo esperas, llega el amor limpio y puro.Espero la segunda parte con impaciencia.

MIMOSA dijo...

Es una de las cartas más hermosas que he leído en mi vida, esa vida que en ocasiones nos hace daño, nos impregna en su dolor, nos hace caer en picado, pero este ángel salvador que sólo supo entregar amor, da fe que vale la pena vivirla.
Es realmente preciosa Nuria.
Un fuerte abrazo

Liliana del Castillo dijo...

He leído la carta y la respuesta, me ha conmovido. He sentido la tristeza, la angustia y la paz que da el encontrarse a uno mismo, ya sea mediante el amor como en este caso. No soy opinóloga, desde mi lugar de simple lectora puedo decirte que a mi me ha gustado muchísimo. Gracias por tenerme en cuenta.

Carmen María González Díaz dijo...

Yo quiero sentir algún día así... Precioso. Gracias Nuria, me ha encantado.