miércoles, 3 de agosto de 2011

EL BUFON Y LA PRINCESA

         Andaba aquel día Adán el viejo cuentacuentos del Castillo sin nada que hacer, sin nadie a quien contar un cuento y sin ningún cuento nuevo que inventar. Algo raro en él pues siempre estaba muy atareado. Sin embargo sabía exactamente que hacer, pues estar con él mismo, era su afición preferida y últimamente no disponía de mucho tiempo para poder hacerlo. Airán, el pequeño bufón, que también estaba sin nada que hacer, se aburría mucho, así que viendo a Adán sentado tranquilamente en un banco de piedra de los jardines, ideó alguna broma que gastarle. Pensó que como ciego que era no le vería si le quitaba el bastón.

El deporte favorito de Airán era gastar bromas pesadas a la gente, hacerse el rebelde protestando por cualquier cosa, y sobre todo arremeter contra todo aquel que se importunara con ello. Sin embargo, en el fondo, Airán tenía buen corazón, y eso sólo era parte del papel que él había escogido en el teatro de la vida.

Airán no se escondió mucho para robar el bastón de Adán. Simplemente anduvo sigiloso entre los rosales y justo cuando agarró el bastón del ciego, este dijo.
-       Airán creo que tienes suficiente vista como para andar por ahí con un bastón de ciego, de todas formas, si necesitas uno, yo mismo podría fabricártelo.
-       ¡Adán! ¿Cómo lo supiste?
-       No me lo pusiste muy difícil. Caminaste más sigiloso que nunca, pero los rosales protestaban a tu paso porque los molestabas.
-       ¿Molestarles yo? Eran ellas las que me pinchaban a mí. Ah ya entiendo lo que quieres decirme. Todos protestan por mis bromas. ¿Es que nadie tiene sentido del humor en este castillo?
-       Airán, te voy a hacer una sola pregunta ¿qué pensarías de un río que en vez de desembocar en el mar, naciera en este y desembocara en lo alto del monte?
-       Fácil, que va al revés.- Dijo inmediatamente sin pensárselo dos veces.
-       De acuerdo, yo pienso que tú eres ese río.- Airán se detuvo a pensar porque le decía eso, pero no llegó a comprender, de modo que Adán explicó.- Tal y como tú dices, todo el mundo piensa que tú le molestas pero para ti son solo bromas. ¿No podría ser que tú fueras el equivocado? ¿No podría ser que tú fueras contra corriente?- Airán recapacitó y finalmente suspiró profundamente y hundió el cuello en los hombros.
-       Es cansado ir contracorriente pero tampoco se que hacer para dejar de hacerlo.
-       Todo lo que tienes que hacer es ser un “ Ser de agua”.
-       Ya claro, podría hacerlo, pero tal vez si me explicaras que es un Ser de agua, me sería más fácil.
-        Un ser de agua es sencillamente eso un ser que es de agua. Tú piensa en el agua. El agua no se esfuerza por ir del monte al mar. Sencillamente, sin miedo y sin culpa se deja llevar a espacios libres, espacios que no están ocupados por nada ni nadie. Y si algo o alguien decide entrar donde el agua estaba, ella se aparta. El agua se adapta a todo aquello que ocupa. Con docilidad y sin insistencia va pasando por donde le dejan.
-       No resultaría un poco aburrido no poder tomar nunca una decisión. Ser siempre moldeado por el antojo de los demás.
-       En realidad es ella quien decide. Ella se adapta a las normas de la fluidez, pero poco a poco y sin darnos cuenta, es ella la que nos lleva a su terreno. Es ella quien va moldeando rocas, es ella quien  va erosionando caminos, en definitiva es ella quien decide por donde quiere ir. No se empaña en pasar por donde no puede, pero con el tiempo todo lo consigue. Consigue lo que quieras pero hazlo sin herir ni molestar a los que te rodean. Siéntete parte de tu entorno y hazte tu hueco.

Así concluyeron la conversación y cada uno partió en busca de sus pensamientos. Adán con la certeza de haber plantado una semilla en la conciencia del pequeño bufón. Y Airán con la mente ocupada en una idea que germinaba en su cabeza.

A los pocos días la princesa fue enojada en busca de Adán a contarle que su bufón ya no la hacía reír como antes. Ya no criticaba a nadie, ni molestaba a los animales, ni hacía tropezar a los demás. Ni siquiera hacía sus juegos de manos, ni saltaba, ni brincaba. Cuando el cuentacuentos le preguntó, este dijo:
-       Soy un ser de agua y no quiero molestar a nadie.
-       Vale que no molestes ni critiques a nadie, pero ¿Por qué no haces tus juegos? ¿Por qué no brincas ni haces piruetas en el aire como siempre habías hecho? ¿Por qué no haces reír a la princesa?
-       Creo que sus risas ponen nervioso a su padre, y ya sabes que un ser de agua no molesta a nadie.
-       Te aconsejé que no molestaras pero también te dije que buscaras tu hueco. Si no puedes hacerla reír junto al salón real. Hazla reír en el jardín. Tú eres un bufón y por mucho que crezcas interiormente no debes olvidarte de quien eres. Hubo un hombre, un día en un pueblo que gracias a no olvidar quien era pudo seguir siendo alguien. ¿Nunca te hablé de Sebastián Carmona?
-         No pero seguro que vas a hacerlo ahora.
-       Pues si. En un pueblo abandonado con el nombre de Villaaquinohaynadie, donde las hiervas resecas crecían por todos lados y ocultaban los caminos en algunos tramos, se produjo un encuentro un día que marcaría  la historia del viajero de la última diligencia que por allí pasó y la del mismo pueblo.  Sebastián Carmona, que llevaba el mismo nombre que su padre, el padre de su padre y tantos padres como podía recordar, se apeó de la diligencia en la que viajaba y su corazón se quedó prendado del nombre de aquel pueblo. Hasta tal punto se quedó deslumbrado que decidió quedarse y subir a la siguiente diligencia. Lo que él no sabía era que aquella sería la última diligencia que por allí pasara. De modo que cuando descubrió que el nombre de aquel pueblo estaba puesto a conciencia, pues en realidad allí no había nada ni nadie, decidió esperar en la estación y llevaba 40 años esperando. 40 años en los que corrió el peligro de dejar de ser alguien, pues el abandono y la desidia de aquel pueblo echaba raíces en su propio corazón. Un día un ruido extraño llegó a sus oídos en un principio le costó reconocerlo, pero al volver la cabeza y ver una nube de polvo recordó. Era un caballo. De aquel caballo bajó un joven boquiabierto.
>> ¿Es usted la única persona que vive en este pueblo?- Pregunto aquel rubio perdido y desgreñado.- Necesito herrar mi caballo.
>> No.- Contestó Sebastián Carmona disfrutando de poder conversar con otro ser humano después de cuarenta años.- Yo no vivo aquí. Sólo estoy de paso. Pero ahora ya se cual será mi próximo negocio. Pues una herrería ha sido el único comercio que en este pueblo se necesitó en los últimos cuarenta años.- El joven siguió su camino y Sebastián Carmona montó su negocio. Después puso un cartel debajo del que anunciaba el nombre del pueblo. Ahora podía leerse “VILLAAQUINOHAYNADIE Pero herramos su caballo.” 
-       No lo entiendo- dijo Airán, el pequeño bufón- si no olvidó que no era de aquel pueblo ¿Por qué no se fue con el chico del caballo?
-       Porque lo que en realidad no olvidó es que él era un hombre de negocios. Seguramente no le fue muy bien pero ahora tenía su negocio.

Airán comprendió rápidamente no dejo de ser el gran bufón que era, sencillamente cambió el repertorio de sus bromas. Se ganó la simpatía y el aprecio de todos los habitantes del castillo y aunque hubo un día que fue demasiado mayor como para ser bufón, nunca y puedo afirmar que  nunca, le faltó de nada. Pues su mejor tesoro eran los amigos que en su vida había echo.



 Autora: Nuria L. Yágüez





3 comentarios:

María H.M.Meneses dijo...

Maravilloso,ser un “ Ser de agua”,genialísimo éste cuento.Me ha recordado a esas "muñecas"rusas(matrioskas),un cuento dentro de otro cuento y a su vez...otro.Una enseñanza dentro de otra...etc."Siéntete parte de tu entorno y hazte tu hueco".No te limites,sigue creciendo..!!.Ni + ni - sino = .Besos de helado de limón.

La Zarzamora dijo...

Una linda historia con una moraleja bien constructiva.
De no encontrar quienes somos y en qué medida lograremos estar en paz con nosotros mismos seguiremos errando sin encontrarle ningún significado a lo que anduvimos y nos queda por andar.
Airán comprendió la lección a tiempo y logró ser feliz... (aunque la vida de un bufón, no sea de por sí nada fácil)

Besos, Nuria.

María del Mar Hermoso dijo...

Me recuerda a las Fábulas de Apuleyo y a las Leyendas del Conde Lucanor y su ayo Patronio, del Don Juan Manuel... ¡Mmmm, cómo pasa el tiempo!