sábado, 1 de enero de 2011

SOBRE LA FELICIDAD Y OTRAS FANTASIAS

Os voy a contar algo que pasó hace mucho, mucho tiempo; antes incluso de que yo naciera. Algo que yo aprendí palabra a palabra para hacerlo una norma en mi vida. Vivía aquel viejo cuentacuentos ciego del que tanto aprendí, feliz en el castillo, cuando el cochero vino a anunciarle la muerte de un anciano amigo. Adán como única respuesta a tan mala noticia simplemente sonrió levantando su mano vacía sobre su cabeza y dijo,...,
-          Enhorabuena viejo amigo, brindo por ti, brindo por la vida.
-          ¿Se encuentra bien? ¿Me ha entendido?- Preguntó el cochero sorprendido de la sonrisa que lució Adán en cuanto recibió la noticia.- Su amigo ha muerto.

-          Tranquilo cochero, me encuentro muy bien, un poco triste por mí, pero muy bien al fin y al cabo.
-          ¿Triste por usted?
-          ¡Claro! Perdí a mi maestro. El me enseñó todo en la vida, por eso me encuentro triste.
-          Pero señor,.., Todo el mundo sabe que aquel viejo charlatán era analfabeto. Usted un hombre de mundo, culto y con toda su experiencia ¿Cómo puede decir que aprendió nada de él?
-          Yo se de letras, pero ay! Amigo hay algo que vale más que todo eso, y que es mucho más difícil de aprender. Vivir. Lo que él sabía mejor que nadie era eso; vivir. Y es lo que él me enseñó. A ver la vida con la sencillez con que lo haría un niño. Yo lo único que hago es observar mi entorno con sencillez y describir lo que veo.- El cochero se sorprendió de escuchar que él describía lo que veía pues en realidad era ciego. Pero había algo más obvio que la vista de un ciego.
-          Adán, todos sabemos vivir.
-          No cochero, no. Unos solo sabemos girar sobre la tierra y respirar junto a otros que respiran. El además, sabía disfrutar mientras lo hacía. Y eso le daba la vida.
-          Pero Adán, él no tenía nada. Era un pobre vagabundo que comía lo que podía y dormía al raso. ¿De qué podía disfrutar?
-          Eso mismo le dije yo un día ¿y sabe lo que contestó? “¿Y que más puedo pedir? Tengo manos y pies para buscarme el alimento y una habitación con las mejores vistas del reino. Tiene una enorme ventana azul cuajada de estrellas.”
-          ¿Me quiere decir que es bueno ser vagabundo?- Preguntó el cochero con una sonrisa irónica en los labios.
-          No lo que le quiero decir es que hay quien piensa que si haces todo aquello que te haga feliz,…, serás feliz. El me enseñó que en realidad si la felicidad está en ti, la encontrarás en todo lo que hagas. Cuando nazca de ti, crecerá en todo cuanto te rodea. Pero si tu felicidad te la proporciona algo ajeno a ti mismo, seguramente desaparecerá antes de lo que tú deseas.
-          Disculpe que no opine lo mismo, yo estoy seguro de que si en vez de ser el cochero del rey fuera el rey mismo, sería mucho, pero mucho más fácil encontrar la felicidad en todo lo que me rodea.
-          Hay algo que debes aprender y es que en todo lo bello hay algo feo y en todo lo feo hay algo bello. Aunque en ocasiones debamos esperar al final para encontrarlo. Hasta el rey tiene sus problemas.
-          Ah claro, ahora lo entiendo. Por eso no te apenas de la muerte de tu amigo. Como tuvo una mala vida donde todo le fue adverso, piensas que su muerte, esconde el lado bello de su vida.
-          No, no captas su mensaje; la felicidad que él me enseñó está en aceptar que lo que es, es. Revelarte contra esto nos impide ver la parte alegre de lo que nos sucede. Busca el lado bueno de todo. Está ahí mismo, aunque al principio tengas que buscar con ahínco después lo ves al primer vistazo.
-          Pero es que hay algo que no entiendo. Porque te alegras de su muerte. Porque brindas por su pérdida.
-          No amigo, no me alegro de su muerte, me entusiasmo por su vida. Te voy a contar un cuento. Hubo un soldado una vez al que yo encontré buscando algo en el jardín, entonces me acerque a él y le pregunté “¿Qué buscas soldado, puedo ayudarte?” “Una explicación- respondió él- ¿recuerdas a la doncella que conquiste con poemas y galanterías? – Después de tanto tiempo llegó el día de nuestro enlace,..., y ella no acudió” “¿Recordaste darle amor cada día?- pregunté” “Si casi todos lo días” “¿Le demostraste tus virtudes cada día?” “Si casi todos” “¿Regalaste su cuerpo con abrazos, sus oídos con dulces palabras y sus ojos con sonrisas?” “Por supuesto, casi, casi todos los días” “Entonces eso fue lo que pasó- le contesté encontrando lo que él había sido incapaz de ver- que ella juró casarse contigo y casi, casi se casa.”
-          ¡Que gracioso!
-          No es gracioso es real. Cuando consigues ver lo bello,  todos y cada uno de los días que en tu vida has vivido, no conoces más que lo bello y lo amable de la vida. Esa fue mi última lección. En el momento en que pierdes esta objetividad no ha servido de nada tu esfuerzo anterior. El día que nos conocimos le dije Ay! amigo el día que despiertes y veas la cruda realidad sufrirás más que nadie. El me dijo solo una frase “si un día despertara, es que estaría viviendo un sueño, lo bueno de mi felicidad es que no es un sueño, sino una realidad.” Y hoy en el día de su muerte me ha demostrado que así era. Pues esa filosofía no era algo que el se había propuesto aceptar en su vida, si no que por naturaleza, su vida transcurría bajo su filosofía. Y por eso no decayó ni un momento en su empeño de demostrar que la vida es tan bella como los ojos que la miren.




Dedicado a todos los que
mientras otros piensan que perdemos
nosotros pensamos que ganamos.
Hoy te lo dedico a ti primita
Dedicado a Laura







 Autora: Nuria L. Yágüez



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