miércoles, 19 de enero de 2011

EN EL MUNDO DE LOS CIEGOS EL TUERTO ES EL REY

     Creo que en alguna ocasión os hablé de un viejo cuentacuentos llamado Adán. Por si no lo hice os quiero aclarar que yo nunca conocí a Adán, pero escuché hablar a un conocido mío, que alguien en algún momento de su vida, conoció a alguien que con él había hablado. Contaba ese alguien, que un día le conoció en el antiguo mercado de la paja, que en aquellos años no era antiguo, sencillamente era el mercado de la paja, pero sus callejuelas vendieron tanto que llegaron a vender su alma al diablo y hoy se cae de viejo. El caso es que estaba Marco, que así se llamaba ese alguien, medio derrotado entre dos puestos del mercado, sentado en el suelo, con la cabeza engullida en los hombros y los ojos perdidos entre las ruedas de los carros, cuando Adán se acercó y se sentó frente a él sin decirle nada. Marco, nervioso levantaba la cabeza de vez en cuando y le veía allí sentado frente a él, observándole, desde su banco de madera. Entonces Marco bajaba la mirada de nuevo y volvía a hundirse en su desesperación. Llevaban así un rato cuando ya no pudo más, se levantó caminó hacia Adán y le preguntó.
-          ¿Se puede saber que mira?
-          Yo no miro nada, soy ciego.- Aclaró Adán.
-          Entonces que le pasa, lleva un buen rato,..., -buscó la palabra y no pudo mas que decir.- ,..., observándome.


-          A mi no me pasa nada, yo no estoy nervioso, yo no estoy abatido, a mi no me molesta que me miren o que me observen. Creo que está claro que el problema es tuyo.- Dijo Adán muy tranquilamente. Marco se detuvo unos instantes a pensar y se dio cuenta que tenía razón. El problema estaba en él. Esta certeza le dejó aún más abatido.- Me llamo Adán ¿Hay algo que pueda hacer por ti?- Preguntó como siempre dispuesto a ayudar.
-          No. Creo que no. Realmente el problema está en mí, y yo soy la única persona que podría hacer algo por mí mismo. Pero lo peor de todo es que no hago nada por solucionarlo.
-          Ya estás empezando a hacerlo.
-          ¿Yo?- Preguntó Marco tomando asiento a su lado.- ¿Qué estoy haciendo yo?
-          Reconocer que tienes un problema y que podrías hacer algo por solucionarlo. Ya estás cambiando algo.
-          ¿Qué estoy cambiando? No estoy cambiando nada.
-          Claro que si, antes ni siquiera sabías que tenías un problema, luego ignorabas que tu problema tiene solución, y todo junto, te hacía estar abatido. Ahora estás en el buen camino.
-          Pero yo no quiero cambiar de camino.- Objetó Marco.
-          Entiendo. Si te va bien en el que ahora llevas ¿Por qué cambiar?

Marco no llegó a contestar, reconoció otra certeza más que le hacía seguir cayendo en su desesperación. No quería cambiar pero tampoco estaba a gusto con la vida que llevaba.
-          De acuerdo, tienes razón, tal vez si deba cambiar, pero en el fondo me da miedo.
-          ¿Miedo? ¿Miedo de qué?
-          De equivocarme, de perderme en algún camino que no me lleve a ningún sitio. De encontrarme peor de lo que me encuentro aquí.- Adán comprendió entonces muchas cosas.
-          Dios mío, si piensas así, no me extraña que estés tan triste. Realmente en la vida no hay ningún camino marcado que debamos seguir. Si fuera así cualquier decisión mal tomada, nos podría sacar del camino ¿Y entonces que? No, no es así. Sencillamente nuestro camino lo vamos haciendo nosotros con cada decisión que tomamos. El que tú llamas buen camino, a mí podría no hacerme feliz. Nadie puede decidir por ti. Por eso el que te haga sentirte bien será tu buen camino. Y si después de decidirte por él te sientes incómodo o mal, siempre habrá otra decisión que tomar. Ahora piensa un rato, ¿realmente estás bien como estás?

Marco dudó un momento  y negó con la cabeza, pues el nudo de su garganta empezaba a cortarle la voz.
-          Y si cambias puedes ir a peor o a mejor,..., -confirmó con la cabeza- Si vas a mejor, habremos conseguido lo que buscábamos. Y si vas a peor ¿Qué te impediría hacer otro cambio?- Marco comprendía pero aún así, tenía miedo.
-          Pero ¿Qué pasaría si a pesar de todo no encontrara la felicidad?
-          ¿La tienes ahora?- Marco sonrió y negó con la cabeza.- Lo peor que te podría pasar es que por lo menos lo habrías intentado. ¿No es mejor que estar tirado entre los carromatos del mercado?
-          Y ¿cómo hacerlo?
-          Todo lo que tienes que hacer es convencerte a ti mismo que puedes hacerlo y sobre todo, seguir hasta el final con las buenas decisiones aunque te cueste. ¿Nunca has oído hablar del topo Slotts?
-          No.- Adán sonrió satisfecho y transformó la luz de su mirada cuando empezó a decir:
-   Quizás si me lo hubieran contado nunca me lo hubiera creído, pero lo vi con mis propios ojos,…, de ciego y aún así, yo mismo a veces pienso, que fue un sueño. El caso es que conocí una vez, a un topo que no era ciego y como todo ser vivo que puede ver, vio. Y lo que vio, le pareció más interesante que lo que él tenía. Había oído contar siempre que los topos viven bajo tierra, pues allí encuentran su alimento y no tienen depredadores como el gato “Mal augurio”. Aquel gato negro que se comió a su padre un día que este por error subió a la superficie.
>> Mal augurio era tuerto, por eso le costaba cazar ratones. Pero contaba con un ojo más que los topos, por eso andaba siempre destrozando galerías. Los rumores que corrían por los túneles eran que Mal augurio quedó tuerto en una escaramuza con un perro. Y eso a Slotts le maravilló tanto que empezó a recabar información de aquel animal llamado perro, que era capaz de enfrentarse con un gato y dejarle tuerto. Cuando supo todo a cerca de él, pensó que la muerte de su padre merecía una venganza y por eso quería convertirse en perro. Volvió a su galería y le dijo a su madre.
>> -Mamá, ahora soy un perro. De modo que si notas en mí un comportamiento distinto al de antes, no te asustes. Yo soy tu última esperanza para acabar con Mal Augurio y ya no deberías tener miedo.
>> - Anda “Tu última Esperanza” vete a dormir.- Así fue como Tu última Esperanza recibió su nombre de perro. Ladró y dio vueltas y vueltas sobre si mismo en busca de su rabo. Y tantas y tantas  vueltas dio que al final por el cansancio y por el mareo se quedó dormido.
>> Pasaba el tiempo y todos los topos conocían el deseo de Tu última Esperanza de ser un perro. El pobre andaba siempre oliendo por los rincones, ladrando a quien se encontraba y levantando la pata en cada esquina para orinar las paredes. Pero era un topo. Pasado un tiempo, estaba en una ocasión jugando a las peleas con otro topito cuando Tu ultima Esperanza le mordió en una pata. Y tan fuerte lo hizo que el pobre topo lloró y lloró hasta que su madre acudió. Esta al ver el desconsuelo de su hijo, reprendió a Tu última Esperanza.
>> - Perro estúpido, vete a defender las galerías del viejo Mal augurio y deja a los niños en paz.
>> Esto a Tu última Esperanza le gustó tanto, tanto, que decidió que su cambio ya había dado sus frutos. Llegó a su galería se colgó su collar de cuero con su placa que decía cuidado con el perro y salió al exterior ladrando como un loco, mientras arrastraba el collar tras de si. El primero en verle fue el gallo Kiriquillo y su comentario animó a Tu última Esperanza.
>>- ¡Qué perro tan raro!
>>- Soy un perro se dijo a si mismo, se rascó el cuello con la pata trasera y salió en busca de Mal augurio.
>> Detrás del granero le sorprendió de espaldas destrozando una galería de topos y ladró tan alto que los dos se asustaron. Mal augurio salió corriendo y empezó la persecución. Corrieron y corrieron tumbando sillas, levantando piedras y alborotando a todas las gallinas del corral. Cuando el gato tuerto se vio acorralado se dio la vuelta y bufó al perro pero este no se acobardó y le plantó cara. Así estuvieron unos segundos frente a frente. Mal augurio estaba completamente asustado. Le temblaban los últimos pelillos del rabo y el terror brillaba en su único ojo negro. Tu última Esperanza sonrió orgulloso de su temible planta de perro y dijo.
>>- Vengo a vengar la muerte de mi padre el topo Cacosa. De pronto Mal augurio abrió la boca y se lo comió.
-          ¿Por qué?- Preguntó Marco que había permanecido atento a cada palabra del cuento.- Si ya era un perro fiero y temible.
-          Pero como todavía no estaba completamente convencido desveló que su padre había sido un topo. Y esto le costó la vida. Cuando estés completamente convencido de tu cambio, defiende tu idea con la misma fuerza con que la comenzaste. Nunca titubees, pues tu duda será la confirmación para que venga un Mal Augurio y se coma Tu Ultima Esperanza.
 



 Autora: Nuria L. Yágüez




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