domingo, 27 de marzo de 2011

BUSCANDO EL MOMENTO

Tú me dijiste que había llegado el momento y yo te creí. Avisé a mis padres, a los tuyos, preparé todo para que nada saliera mal y me preparé para los momentos que estaban por llegar. Te besé los labios, los ojos, me apacigüé en tu pecho y traté de parecer lo más tranquila posible.
Sin embargo llegado el momento todo seguía igual. Pasadas unas semanas  decidiste hacer las maletas, las hicimos y después de unos días, seguimos viviendo nuestra bella rutina.
Llegó el verano y programamos un viaje de norte a sur del pais en moto sin pensar más que en disfrutar. Todo hubiera sido maravilloso, pero al cuarto día de esta peculiar aventura que tanto habíamos deseado me comunicaste, “ha llegado el momento”. Alquilé un garaje para dejar la moto por el tiempo necesario. Llamé a tu familia, a la mía, busque dos billetes de avión para regresar rápidamente. Llegamos a casa, preparé todo, te besé los labios, los ojos, me apacigüé en tu pecho y traté de parecer lo más despreocupada posible.  Acompasé mi respiración a la tuya durante toda la noche por quedarme más tranquila. Casi no salimos de la habitación para nada. Mandaba traer comida y nos pasábamos el día esperando una confirmación.
Pasaban los días y todo seguía igual, demasiado igual. Buscaste las llaves de la moto y del garaje, y preguntaste “¿quieres seguir el viaje?” pero decidimos quedarnos en  casa y así lo hicimos.
Después de aquello pasó una época un poco más tranquila. Trabajamos cada día, compartíamos el mismo amor por los atardeceres en los acantilados, luego en casa cocinábamos, leíamos, a veces jugábamos unas partidas al badgamon, inventábamos novedades para la cafetería, y siempre teníamos algo que hacer. En esa época hablábamos mucho. Parecía incluso que te habías llegado a olvidar de todo pero de pronto un día sonreíste y entendí perfectamente lo que tus ojos me decían. Esta vez no llame a tus padres, ni a los míos, llegada la noche me tumbé a tu lado en la cama, te besé los labios, los ojos, me apacigüé en tu pecho y traté de parecer lo más tranquila posible, y en la espera me quedé dormida. Al amanecer te encontré preparando el desayuno y la decepción brillaba en tus ojos, yo puse música, te abracé, bailamos pegadito y te besé en todo el cuerpo sabiendo donde terminaría aquello.
Después de varios años y un sin fin de decepciones te comuniqué “ha llagado el momento”. Llamaste a mis padres, a los tuyos, me besaste en los labios, en los ojos y te apaciguaste en mi pecho con toda la parsimonia del mundo. Hoy nos han confirmado que vamos a ser mamás, que todo va bien y podemos seguir viviendo este momento día a día, segundo a segundo, dejando atrás todo miedo y decepción. ¿Qué más da quien lo lleve dentro? Lo Hemos concebido las dos. Para ambas hoy comienza una nueva vida.



 Autora: Nuria L. Yágüez



 

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