martes, 5 de abril de 2011

ROCIO

La brisa y la hoja se encontaron
un día
por primera vez,
y sucedió que la brisa halló
un cálido sosiego y la hoja
una caricia que le llenó de frescor,
y entre ambas
surgió algo transparente y bello.
Pronto comprendieron que
a aquel inesperado regalo
debían dejarlo fluir.
Así que la brisa sopló con ternura y
la hoja se dobló flexible,
y una gota de rocío
vivificador
nutrió la tierra.
Ni la brisa, ni la hoja sabían
si aquel mágico momento
se volvería a repetir,
pero el sol,
conmovido por el gesto,
les susurró que
era sólo el principio...


Autora: Camila

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