miércoles, 27 de julio de 2011

TENEBROSA MARAVILLA OCEANICA

En la lejanía de las olas se va tu recuerdo por medio de un espacio de agua que se condensa al llegar a la orilla del islote que se encuentra en el medio de la nada, la erosión de las rocas va desgastando poco a poco un pedazo grande de piedra que se utilizaba para fines diferentes y ajenos a su propia vida, es usada sin su permiso, se aprovechan de que está intacta y supuestamente ni siente.
Olas agitadas corren rápidamente como queriendo huir de algo y tratando de amenazar a otros, chocan y se defienden entre ellas mismas, pero también se unen entre sí para formar parte del grande, ancestral e intrigante océano, encima del cual el viento posa de un lado a otro para enfatizar el movimiento acuático.
El choque del agua contra las rocas desprende una melodía de relajación y plenitud al oído del hombre, quedando este último amarrado a la orilla, por encima del miedo que siente.
El sol hace acto de presencia inmortal al dejar al descubierto todo el islote con sus más recógnitas estadías carnales.
Las hojas desprenden oxígeno para saciar a los seres existentes a su alrededor y de manera sensorial se degradan en diferentes tonos placenteros.
Siluetas formadas en el mar advierten sobre este otro mundo desconcertante que se encuentra sumergido, llenándose cada vez más de sabiduría, fuerza y guardando infinidades de secretos ajenos completamente al hombre.
A lo largo, las nubes se dejan mezclar con el agua para evocar como una parte de ellas también fue líquida y se evaporó para caer nuevamente en la tierra y continuar su ciclo.
Ahora bien, nos encontramos atrapados en este pedazo de tierra que es amenazado por constantes olas que siempre dejan huellas al llegar a la orilla, parecidas a las que deja cualquier persona en nuestra vida, esperando un medio de transporte completamente distinto al que utilizamos los visitantes del islote.
Mirando el agua hasta donde mi vista alcanza a ver, me esparzo rápidamente por encima de las olas y su propia corriente, para tratar de entender el misterio que encierra tan majestuosa pero la vez tenebrosa maravilla oceánica y regreso libremente a tierra sin saber si quiera como llegue a sentirme en el agua y parte de ella sin tocarla sino con sólo mirándola.
 

Autora: Ida Inciarte


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