martes, 13 de septiembre de 2011

EN SUS MANOS

Fue durante una excursión cuando los niños de la escuela disfrutaban jugando en un parque natural a la hora de la merienda. Todos los columpios estaban ocupados y muchos de los juegos ya tenían el número de participantes cerrado. Algunas niñas se agrupaban, sentadas ellas en un lado de una escalera que conducía a la ermita y se entretenían cogiendo flores que había repartidas por la hierba. Algún que otro pícaro se dedicaba a doblar los pétalos de las amapolas de modo que hiciesen ruido al explotárselos en las cabezas de los otros niños. Otros más pasivos y retraídos, en un número menor, intercambiaban sus cromos. Y el resto de los no nombrados eran cuatro, que se dedicaron a merodear por las zonas confines sin llegar a rebasar el límite permitido, por la zona verde que daba comienzo a un monte.

Es allí donde escucharon de pronto un ruido extraño que al principio les hizo apartarse de allí por miedo. Pero pronto una figura tendida en el suelo parecía reclamar ayuda, más que constituir una amenaza. Como eran jóvenes inquietos, cualquiera de las extrañas reacciones y movimientos de estos niños, no hizo crear en las profesoras ningún tipo de sospecha o preocupación, y estas siguieron parloteando de sus cosas de mujeres.
Pronto rodearon al joven para averiguar su estado. Y todos y cada uno ellos le atiborraron a preguntas:
-¿Te encuentras bien, chico? -se atrevió por fin uno a preguntar.
-Creo que no -contestó el convaleciente con voz débil.
-¿Necesitas comida?
-No.
-¿Te duele algo? 
-…Sí… -le costó responder-. Pero no sé bien lo que es.
-¿Dónde te duele?
-Es en un lugar que no sé localizar.
-¿No has estudiado el cuerpo humano?
-Este dolor no se encuentra en esa disciplina.
-¿De dónde eres?
-¿Yo? Del planeta Tierra. Es donde estoy ahora ¿No?
-Pues claro ¿Cuál sino?
-Pero ¿de qué lugar exactamente?
-Del planeta Tierra, eso es todo.
-Pero es muy grande. Serás de algún continente, país, comunidad, provincia, ciudad, barrio, calle, portal, piso, letra.
-Soy de aquí, sin más.
-Pues hoy en día no es así.
-Bueno, pero pertenecemos todos a una misma cosa. ¿Para qué detallar?
-Según el territorio que seas, mi padre dice que uno tiene más o menos derechos.
-¡Cómo ha cambiado todo! -dijo, mirando alrededor lo que su visión le permitía.
-¿Y qué podemos hacer entonces para ayudarte?
-No lo sé, pero vosotros me dais un poco de fuerza. ¿En qué siglo estamos?
-En el veintiuno. ¿No has ido nunca a escuela?
-Eres un niño muy raro, como de otra época -añadió otro chico. 
-¿Tienes padres?
-Murieron hace cientos de años.
-Eso no puede ser. Tú no eres más que un niño. ¿Acaso has venido con una máquina del tiempo, o qué? ¿Qué es esa ropa que llevas? Está rota y desgastada.
-Esta ropa se destruye, como yo.
-¿Por qué?
-Porque todos se han olvidado de mí.
-¿Y quién eres tú?
-No lo sé. Tengo que recordar. Pierdo la memoria, y la fuerza.
-Eres como un niño, pero viejo -se atrevió uno de ellos a afirmar con gran atención a su cara.
-Te tiene que ver un médico.
-Un médico no tiene mi medicina.
-¿Cómo lo sabes, si no sabes ni siquiera lo que te ocurre?
Silencio.
-¿Sabéis que hace mucho tiempo había dragones que echaban fuego por la boca, y que había sapos que se convertían en príncipes?
-Eso es mentira. Nos estás engañando.
-¿No os cuentan ya cuentos para ir a dormir?
-Pero entonces son sólo: eso… cuentos.
-Pues sabed que muchos caballos de hoy tienen lucero, una mancha en la frente, porque son descendientes de los unicornios. Es la huella que queda de ellos, porque un día existieron de verdad.
Se quedaron pensativos después de lo que habían escuchado.
-Ja.ja. Ahora tengo más claro lo que me ocurre. ¿Sabéis que hoy ha venido una prima?
-¿Qué prima?
-¿Prima de quién?
-De todos nosotros.
-¿Y cómo se llama?
-Vera.
-¿Vera? Yo no tengo ninguna prima que se llame así.
-Se está riendo de nosotros.
-Preguntad a vuestros papás, veréis como no os he engañado.
-Mis padres no tienen ninguna sobrina con ese nombre.
-No es sobrina de tus padres, es prima también.
-Te estás burlando de nosotros.
-¡Embustero!
-Al menos, parece que tiene mejor cara.
Efectivamente iba cobrando más color, igual que su traje iba recuperando su color verde esperanza.
-¿Sabéis? Ahora empiezo a recordar. Y veo que aún no es tarde.
-¿Tarde para qué?
Le volvió de repente el dolor.
-Pero no es suficiente -se arregló a contestar.
-¿Qué te pasa, seguro que estás bien? -se preocuparon por el achaque que debió recibir.
-Estoy mejor, pero vosotros sois sólo unos pocos niños de todos los que hay en el mundo. Antes no me faltaba esa energía que ya está desapareciendo.
-¿Pero qué tenemos que ver nosotros los niños en esto?
-¿Y quién está quitando esa energía que tú dices?
-Los niños están dejando de ser niños, dejan de jugar; ahora sólo compiten. Los jóvenes sois enseñados a conocer la victoria y la derrota, la fama y el fracaso, desde tan pronto, en un mundo de competición, de poderes, de premios y títulos. A los niños se os ha quitado las ganas de ser niños, se os forma para comportaros como adultos, para querer ser adultos desde las primeras edades, para ser mejor que los demás. Ya se ocupan vuestros padres de elegir vuestro futuro. Los mayores pronto sientan a sus hijos en un piano, en una moto, un coche de carreras, para ver cumplidos sus propios deseos, no los vuestros, y para convertiros en ganadores sin contar que a la vez convertís a otros en perdedores; y olvidáis la ilusión de ser niños, de ver una mariposa volando, o una mariquita posándose en vuestra mano. La naturaleza, los árboles, ya apenas os dicen nada. Habéis dejado de creer en los gnomos, en los duendes, porque vuestros padres también se negaron un día a seguir jugando con ellos.
-¿Qué son los gnomos?
-Pues alguien como tú y como yo, sólo que merodean por varios planos invisibles. Pero están aquí con nosotros, siempre estuvieron, pero se perdió la facultad de verlos, porque la gente ha dejado de creer, ha olvidado el niño que lleva dentro. Sólo creen que su vida está basada en el dinero, los títulos; todo para distinguirse entre los demás.
-El dinero es muy importante para vivir.
-Pero no lo más importante. Y por la sed de riqueza y de poderes el mundo está vendido. Los humanos, grandes y pequeños, no sois más que conejillos de indias, experimentan con todos vosotros, saben cómo distraeros. Aparecen de pronto grandes alertas de gripe que de la noche a la mañana desaparecen sin dar noticia de ellos, cada verano un tipo diferente de mosquito nos aborda la piel, se manipulan virus y epidemias; y los temas se desvanecen de repente y todo el mundo se limita a pasar de página. Se está contaminando todo el mundo. Hay aún gente, niños como vosotros, que mueren a cada segundo de hambre, y esto hoy día se permite. Nadie debería tener excesivo dinero existiendo alguien que muere por falta de alimento o ayuda sanitaria. Sé que estas cosas aún no las podéis comprender bien. La gente se ha acostumbrado tanto a las trágicas noticias que escuchar en los medios un simple asesinato ya no parece una noticia muy grave. Hemos oído hablar tanto de las guerras que nadie se plantea lo fácil que es decir esa palabra y lo duro que es vivirla. Se han olvidado que para eso está el juego del ajedrez, para disputarse guerras, sin necesidad de morir nadie. Sólo un campo de batalla, con igualdad de ventaja y sólo con la estrategia de cada bando como ventaja, un comité de expertos en estrategia por cada bando deliberarían cada movimiento, sin trampa alguna. Y sin necesidad de morir nadie.
Pero la gente ya está hipnotizada y distraída: ya tiene programación y eventos que hacen mover más masas que por una manifestación a favor de vuestros derechos, o por la demanda de modificar injustas leyes. Pero es que hay alguien a quien no interesa que estas leyes cambien, y nadie pide saber quién es esa entidad que pone obstrucción para no cambiar esas leyes.
Los medios de comunicación tapan cierta información por no se sabe quién, o bien por declinaciones ideológicas. El mundo ya está amenazado por un simple botón, el universo está militarizado, ya hay propiedades en la Luna, se han apropiado de todo lo que no es y nunca fue de nadie, como la Tierra. El terrorismo interesa que exista, y la pobreza de algunos países, siendo ricos en materiales muy bien cotizados.
-Pero nosotros somos pequeños para todo esto, no podemos hacer nada para evitarlo. Es cosa de los mayores.
-Así es, y no quiero alarmaros y llenaros de tristeza. Sólo quiero que cuando seáis mayores no olvidéis que en vuestras manos está salvar el mundo. Los adultos ya no creen poder cambiarlo. Ahora podemos volar, podemos comunicarnos con la otra punta del mundo. Y nada hubiera sido posible si hubiéramos tachado nuestros sueños como imposibles. Hace años eso era una completa estupidez, meras utopías. Pero es más fácil dejarlo todo como está, <<es así como tiene que ser y ya está>>.
Cuando seáis mayores, debéis hacerlo cambiar. Los que tengáis altos cargos dirigentes debéis negaros a hacer más daño al planeta, y los que estéis en escalones más bajos tendréis la importante labor también de respaldarlos, darles cobijo y sustento, porque sin la ayuda de todos esto sería imposible; por eso hoy no se podría realizar, cualquier intento sería fallido, pero el futuro está en vuestras manos y si no olvidáis todo podrá cambiar a mejor. Es la última esperanza que queda para el mundo, que los niños en el futuro lo cambiéis, que deis la vuelta todo. Hoy todo está amañado; sólo vuestro pacto puede revolucionar el mundo. En estos tiempos no se puede crear un jurado universal para aplacar la contaminación y la manipulación económica, porque ya existe una conspiración poderosa mundial en contra. Sólo la revolución de los niños podrá ganar la batalla, pero a su debido tiempo, cuando manejéis los hilos; ahora sólo queda guardar el secreto y fijar una fecha lejana en la que todos renunciaréis a toda clase de acciones injustas que, sabréis, se están cometiendo. Recordad que revolución no significará destruir sino mejorar, revolución será cambiar todo drásticamente para mejor. No os invito a combatir, sino a poder compartir este legado con los que vengan después, y no conformaros simplemente con libraros vosotros de la desolación que le espera a este planeta; o nunca volverá a haber niños como vosotros, no habrá personas, no habrá animales. Seremos una civilización muerta. Pero tengo esperanza y creo en vosotros. Y ese día cambiaréis el mundo. Ahora he de irme.
-¿A dónde vas? Pero ¿puedes moverte?
-Creo que sí. He recuperado la ilusión. Ahora podré volver a volar, aunque sea sólo por un tiempo.
-Pero nosotros no hemos hecho nada para ayudarte…
-Habéis hablado conmigo, luego los niños no habéis perdido aún toda la ilusión. Por eso podéis verme. Eso significa que todavía hay gente que me puede escuchar. 
-¿Y qué vas a hacer ahora?
-Quiero que todos los niños me escuchen.
-¿Volveremos a verte?
-Eso no depende de mí. Ahora jugad, que sois niños. Tiempo tendréis de arreglar este mundo roto que os han dejado a cargo. Y haceos mayores a su debido tiempo, pero nunca olvidéis la promesa de salvar a la humanidad, o será demasiado tarde. No olvidéis hacer un pacto entre todos. Juntos todo se puede. 
En casa del pequeño Rubén.
-Mamá ¿Los mayores pueden volver a ser niños?
-Hijo, todos nos vamos haciendo cada vez más mayores. No se puede retroceder en el tiempo.
-¿Pero se puede parar el tiempo? ¿Hay alguien que pueda ser siempre un niño?
-Sólo sé de uno.
-¿Conoces a alguien así?
-Conozco el cuento de un ser que se negaba a hacerse mayor.
-Pero entonces, es sólo: eso… un cuento. Nunca me contaste ese cuento.
-Pues era un chico joven, que vestía de verde, y podía volar…
-Mamá, yo conozco a ese chico.
-¿Sí? ¿Os lo leyeron en la escuela?
-No. Le conocimos en la excursión. Dice que gracias a nosotros puede volver a volar. Dice que podemos arreglar el mundo, y que todos tenemos una prima que se llama Vera, que ha venido hoy. Todo es mentira ¿a que sí mamá?
-Jaja…eso es verdad hijo. No te ha mentido. Hoy ha venido la primavera.


<<Es por ello que creí todo lo que nos dijo aquella tarde, y aunque me estoy haciendo mayor, convencido de sus palabras, sigo haciendo caso a mi niño interior. Los adultos malos tienen ahora el poder, pero pronto nosotros les sucederemos, y nos negaremos a seguir destruyendo por dinero. Acordaremos una fecha para romper con el sistema destructivo del planeta Tierra, antes de que nuestra humanidad sea barrida y queden sólo vestigios de una civilización absurda y destructora. Porque nuestra nueva generación, pese a las influencias, nunca olvidaremos. Algunos dirán que se trata sólo de un cuento para niños, otros que una mera utopía, y otros de una simple idiotez. Pero todos (queramos o no) tenemos un niño dentro de nosotros; calificar algo de utopía es de perezosos y conformistas con quien aún seguiríamos muy debajo de la escala evolutiva; y si es todo una idiotez, quizá sea cierto que es mejor vivir en la ignorancia, y vivir aceptando todo lo que nos venga porque las cosas deban ser así, sin más: Ver, oír y callar. Yo por mi parte deseo: Ojalá los niños conspiren el mundo>>.


Autor: Pedro J. Echevarria


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