domingo, 25 de septiembre de 2011

AGUA

Temblando

cae una gota de agua sobre los pétalos abiertos de la flor.

Se desliza insinuante,

resbalando desde el borde interior de la hoja

hasta chocar envolvente con la base del pistilo,

rodeándolo blanda 

y cálida,

seductora;

esparciéndose,

rellenando sinuosa

cada hueco

humedeciendo el interior de la flor,

extasiándose en cada poro

hasta absorberse 

y fundirse.





Ondulando,

cae una gota de lluvia sobre el borde del pistilo.

Se derrama por su interior suave y fresca,

transparente,

voluptuosa,

repasando líquida cada curva,

recreando cada cadera del pistilo

hasta traspasar, 

ya caliente 

y henchida,

la semilla inquieta sobre el lecho dormido.





Desvaneciéndose,

se dejará caer la flor 

tras mil lluvias inútilmente resistidas;

soltará sus pétalos abiertos,

ahora exhaustos y vencidos;

se dejará mecer por el abrazo del viento, 

rodará entre suspiros de hierba fresca confundida,

transformada por el fuego del deseo intenso del sol

en otra flor,

en un nuevo fruto,

en más mañanas

olorosas e inflamadas.






Autora: Maria del Mar Hermoso



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