viernes, 28 de diciembre de 2012

NADA MAS

Él tenía un cuerpo realmente hermoso, esculpido de una forma casi tan perfecta como el de las estatuas de mármol que adornaban los palacios de la antigüedad. Y además, a la hora del amor actuaba con la misma paciencia con la que los leones saben aguardar a sus inocentes presas. Ella se sentía la mujer más afortunada del mundo al saberse dueña del corazón de un hombre tan excepcional como él, y honestamente no podía atreverse a pedirle algo más a la vida. 

Bueno... quizás sí. 

 Pensándolo bien, no estaría nada mal poder ver a un chico tan apuesto más a menudo, sin necesidad de tomar esas píldoras raras que siempre andan regalando los doctores.


Autora: Patricia J. Dorantes Ham





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