sábado, 2 de febrero de 2013

MI DIOSA

04:00 Aquel día hacía un frío terrible y nevaba en Madrid. Caminaba por aquella calle desierta donde no había un alma, pero a ella parecía no importarle mucho. Se mostraba altiva con su porte de diosa del Olimpo  aunque no fuera vestida para la ocasión. Delante de ella paseaban dos perros Hipómenes y Atalanta, sus fieles amigos que le defenderían con su vida si fuera necesario, a pesar de que ella no tuvo ninguna duda cuando años antes dejó su masculinidad en un veterinario.

- Que perros mas bonitos , parecen leones, ¿qué raza son?- dije parándome a su lado pero sin atreverme a tocarlos.
- Es una raza que por aquí no se ve mucho, son mastines tibetanos. 
- Cuando os vi bajar la calle pensé que eras una diosa. Con esos perros, ese porte, creía que eras la mismísima Cibeles personificada.- Gaia sonrió complacida y la que se convirtió en estatua de piedra fui yo. 

 No he vuelto a verla desde entonces, aunque sigo paseando por esta calle cada día, con el único consuelo de ver su retrato en piedra.

AUTORA: Nuria López Yágüez