viernes, 1 de febrero de 2013

MIEDO A VOLAR

19:00 Estaba enamorada de esa mujer y después de años de silencio me había decidido a decírselo.

Nos conocimos por internet y a pesar de que la conocí llorando en cada una de sus lágrimas escuchaba la mejor de las sonrisas. Ella es la mujer más alegre que he conocido nunca y cegó mi entendimiento desde un principio. Hablábamos cada noche largo y tendido. Pero darle luz al sol es difícil, por eso cuando ella me pedía ayuda no sabía ni que decirle. 


Me enamoré de sus sonrisas y de sus días malos. Solo con escuchar su voz, se me hacía de día. Superando mi miedo a los aviones, volé a su país varias veces para vernos, pero al llegar a su lado su insultante vitalidad provocaba en mi, amor y miedo en la misma proporción. El amor lo creaba con cada palabra, cada sonrisa, cada mirada. Pero ella parecía no darse cuenta o no quería dársela. El miedo que me atenazaba era a que la oscuridad de mi corazón apagara su radiante luz. O que la luz de su ser, iluminara la parte de mi que no podía ver. Eso hacía que corriera a mi guarida a esconder mi cobardía y lamer mis heridas en soledad.


Hace unos meses, cuando me decidí a declararle mi amor, se casó con otra mujer que colma todas sus expectativas y cubre sus sonrisas con tanta felicidad que ahora su luz es cegadora. Curiosamente no me siento triste. Su desbordante amor, cada una de las sonrisas que me bridó, cada sonrisas que brota de sus labios,..., y hasta su simple recuerdo, ha calmado todos los miedos que vivían dentro de mi. 

Siempre creímos que había llegado a mi lado para que yo le ayudara con sus miedos y solo yo se que ha sido ella la que ha roto todas mis corazas. Pensar en ellas hace que mis pies se eleven del suelo y broten los colores en mi esperanza.

AUTORA: Nuria López Yágüez