miércoles, 16 de noviembre de 2011

UMM




 Autora: Nuria L. Yágüez


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jueves, 10 de noviembre de 2011

SUPONGO QUE ESTO ES AMOR

Cuando te vi por primera vez no vi las estrellas a nuestro alrededor, ni escuche un canto celestial, pero cada día siento que quiero compartir contigo un día más. Lo maravilloso es que esta sensación sigue repitiéndose y cada día con más y más intensidad,…, con más y más seguridad de que volverá a repetirse. Supongo que eso debe ser amor.

La primera vez que nos reímos hasta que nos dolieron las costillas fue más por nervios que por complicidad. Sin embargo hoy no pasa un día en que cualquier cosa nos haga disfrutar de lo más simple. Y solo necesitamos mirarnos para saber que ese momento de risas está a punto de repetirse una vez más.  Supongo que esa complicidad,…, debe estar incluida en la definición de amor.

Cuando me sentí por primera vez en la tierra que hoy habitamos, me dije que nunca sería capaz de ser feliz en ella. Hoy no extraño nada de lo que no tengo, y siento que los días pasan casi sin darme cuenta. Quiero estar justamente donde estoy, junto al volcán de tu pecho. Seguro que eso es lo que se siente, cuando se vive en el amor.

Fueron muchas las cosas que al sentirlas por primera vez me hicieron dudar que el camino fuera a ser fácil,…, pero lo que no puedo poner en duda es que todos los obstáculos los superaremos con amor.





 Autora: Nuria L. Yágüez

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viernes, 28 de octubre de 2011

QUERIDO HIJO



 Autora: Nuria L. Yágüez


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miércoles, 23 de marzo de 2011

LO QUE EL VIENTO NO SE PUDO LLEVAR

Yo tengo un cuaderno naranja y bonito. De tapas translucidas donde nada se puede esconder. Es un cuaderno lleno de páginas, con cuadros, y palabras. Tiene muchas palabras. Pero lo que más tiene son sentimientos. Este cuaderno naranja es mi mejor amigo. Es al que yo cuento todo lo que siento, todos mis sentimientos están allí guardados, porque se que es un buen confidente y nunca me juzga.

Ayer pensé que debía hablarte de sentimientos y saque un cuaderno grande y azul, lleno de hojas en blanco. Pero ese cuaderno no conoce bien lo que siento y a cada palabra que escribía me interrogaba preguntándome, porqué ponía esa palabra y no otra. Me sentí mal, muy mal. No quería juicios, ni siquiera dar explicaciones. Quería describir los sentimientos a bocajarro, con la claridad con que los vivo, pero se me hacía difícil y mi mente estaba turbia y confunsa. Así que cerré el cuaderno. Me puse mi pijama de franela, preparé un tazón de leche caliente y cogí mi cuaderno naranja, ese amigo que tan bien me conoce.

Empecé a escribir, y escribí sentimientos cargados de rabia y dolor, pero él no estaba conforme con lo que escribía y después de unas cuantas hojas me dijo: “Detente un minuto. Lee lo que has escrito y dime si te reconoces en tus palabras.” Como cualquier buen amigo me dio un sabio consejo que me hizo recapacitar. Volví atrás, leí, y lloré sin saber de donde habían aparecido esas palabras. Arranque las hojas después de pedirle permiso y juntos fuimos hasta la basura para deshacernos de tanta mentira. Después me calmó diciendo “duerme tranquila, mañana será otro día. Esto también se lo llevará el viento.”

Hoy al despertar tome mi cuaderno naranja y me senté delante de la humeante taza de café. Abrí el cuaderno y empecé a escribir. Nos miramos y entonces supe que el viento se llevó algo, el rencor, la intolerancia, la negatividad. Tome mi pluma y escribí así:

“Debajo de esta isla redonda como una galleta, apenas mordisqueada por los bordes, bañada por la blanca espuma de las olas del mar, se forman habitualmente tormentas tropicales con ganas de volver a casa. Cabalgan entre terribles olas y cuando llegan más allá del océano, al lejano continente, descargan todas las lágrimas que han ido acumulando durante tantos kilómetros de soledad.

Pero esta vez, Delta se sintió perdida y después de partir en busca de todas las tormentas que le precedieron, sintió que quería llevarse algo más. Algún regalo, eso que todas las anteriores echaron tanto de menos durante su viaje. Y volvió atrás. Regresó sobre sus pasos y al tocar tierra, levantó techos, tumbó árboles y derribó muros en busca de aquello que buscaba. Buscaba un amor que llevarse con ella. Y nos encontró a nosotras.
Delta, nunca había visto un amor tan lindo y sincero, un amor tan mágico. Cuatro ojos mirándose con tanta dulzura, dos bocas saciando sus penas, unas almas tan dañadas y con tantas ganas de sanar. Y sopló con fuerza, pero supo que no conseguiría arrancarnos algo que con tanto deseo creamos. Buscó durante unas horas otra pareja con un amor como el nuestro y no lo encontró. De modo que retornó con más virulencia de la que nunca tuvo y nos vio aferrarnos a nuestros sentimientos sabiendo que era lo más preciado que teníamos.

Y no tuvo que pensar mucho.

Supo porque nuestro amor no podría llevárselo. Supo que mientras mantuviéramos la conciencia, nuestro amor estaría a salvo. Por eso el amor es tan fácil de arrebatar. Porque casi todos los enamorados pierden la razón cuando sienten la belleza del amor. Se enamoran de sus emociones, de las sensaciones que el amor les provoca, el ritmo inusual de su corazón, el cosquilleo en el estómago, la sonrisa permanente cuando escuchan la voz de su amada. Y solo piden más y más, olvidándose que quien provoca esas emociones no es el amor, si no la persona que tienen en frente.

Afortunadamente Delta era lista, pero no tenía la fuerza suficiente, esa fuerza que da el sentir tu amor en otra persona, la fuerza que da verte en los ojos de tu amada y saber que cuando parpadees no desaparecerás, la fuerza que da el pedir y aceptar el perdón, el perdonar, el respeto mutuo, el soñar con tu boca y la mía entrelazadas, el caracolear en tu cabello, el colmarte la espalda de caricias, el sentir el calor de tu piel en mis manos horas y horas después de dejarte en casa, el respirar tu aire y compartir el mío.

Hoy se ha roto el cielo y ha llorado la impotencia de Delta por tener que volver a partir sola.”

Ahora al terminar de escribir mi cuaderno naranja ha suspirado conmigo, y me ha dado su bendición. Ahora se que el vendaval se llevo nuestra cordura pero el sueño nos la devolvió. Ese sueño que tú y yo creamos y colmamos de amor mientras dormimos y soñamos, despiertas.

Te amo mi locura,…, te amo con todo



 Autora: Nuria L. Yágüez

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martes, 15 de febrero de 2011

TE ECHO DE MENOS AMAYA

Hoy te escribo esta carta querida Amaya, para decirte lo que nunca te dije y es lo enamorada que estoy de ti. Te amo como no he amado a nada, ni a nadie. Te amo como está prohibido amar, con la locura y la inconsciencia de un adolescente. Quizás fue por no decírtelo a tiempo, que desapareciste de mi vida. Todavía puedo recordar como fue que te perdí, poco a poco, paulatinamente. Entonces no me di cuenta de que te estabas yendo de mi lado, pero ahora puedo verlo con la claridad que da la distancia. Te echo de menos Amaya.

            Quiero contarte porque quizás tú no lo sepas , que tuve una hija y se llama Amaya, igual que tú. Mi mujer actual siempre pensó que era por ella, pero yo lo propuse e insistí porque necesitaba recordarte a diario. Necesitaba poder pensar que habías existido, para poder seguir adelante con mi vida. Necesitaba recordar nuestros momentos más felices. Aquellas risas al tratar de escondernos de tus padres. Los encuentros a escondidas de todos. Aquellas sesiones continuas de besos y arrumacos en los últimos asientos de un cine. Aquellas caricias en la oscuridad de nuestro cuarto. Te echo de menos Amaya.

            Todavía puedo recordar como si fuera ayer, el día en que te pedí matrimonio. Con la rodilla clavada en el suelo y un anillo de diamantes cuidadosamente colocado entre las rosas del parque. Tuve que ahorrar durante muchos meses, pero todo era poco para ti. Te ahogaron los sentimientos. Te ruborizaste, porque la gente que pasaba por nuestro lado, no disimulaba al mirarnos. Pero no dejabas de sonreír. Yo se que te gustó que te lo pidiera así y allí, pero no me dijiste nada. Nos casamos como, cuando y donde tú dijiste y hasta que no te lo preguntó el alcalde no escuché el si de tus labios. Dios mío, como te echo de menos Amaya.

            Luego llegó la rutina y poco a poco te fuiste yendo. Ya te digo que entonces no lo noté. Algunos días no volvías a casa. Otros sólo nos veíamos durante unas horas. No te extrañé, pero hoy te echo de menos Amaya.

            Llegó un día en el que no te volví a ver. Me quedé sola, muy sola. ¿Dónde te fuiste? De pronto, el tiempo me trajo una nueva vida. Una nueva esposa. Pero ella jamás ha conseguido hacerme sentir lo que junto a ti viví. Si te soy sincera, ni aún entonces me pregunté por ti. Sin embargo hace unos días te vi de nuevo. Te busqué con la mirada. Me armé de valor y me acerque a ti, te hablé como si nada hubiera pasado entre nosotras, pero tú estabas absorta en tus pensamientos y no me escuchaste. Te vi sonreír pero cuando por fin me viste se borró la sonrisa de tu cara. Busqué el acercamiento por todos los métodos que conozco. Te busque en todos sitios, hasta en mi cama, pero no te encontré. Te eché de menos Amaya.

            Hoy ya no has podido ocultarlo más. Yo empezaba a sospechar que tu vuelta no tenía nada que ver conmigo. Hoy me lo has confirmado. Hay otra mujer y te vas con ella. Te llevas a nuestra hija Amaya, pero me dejas todo lo demás. Todo lo que no quiero. Ella fue la que sacó de ti, la Amaya que tanto extraño hoy. Y ya no tengo nada que hacer, a pesar de amarte con toda mi alma. Solo echarte de menos, Amaya.



 Autora: Nuria L. Yágüez

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martes, 2 de noviembre de 2010

DONDE ESTABAS CORAZÓN

Una noche me desperté y no te hallé a mi lado. Corrí en tu busca más no te hallé y mis brazos no encontraron consuelo. Entonces esperé tras la puerta tu regreso, pero pasaron los días y el desconsuelo de mis brazos corrió por todo mi ser llegando a mi corazón. Recogí algunas de mis lágrimas para no olvidar nunca el dolor tan grande que provoca tu ausencia. Corrí por estériles campos buscándote bajo un sol abrasador, más mi esfuerzo solo sirvió para ensangrentar mis pies y secar mis labios. Pregunté a la oreja de mar por si había oído hablar de ti, pero como no tenía boca no supo darme explicaciones. Surqué los vientos en busca de tu aroma pero olvidé que no se volar y las heridas que provocó mi caída fueron profundas. Consulté a las rosas y me pinché en la esperanza. Cada noche, en mi soledad, no hallaba mas que un vacío nuevo en mi corazón. Grité tanto y tan fuerte llamándote en la oscuridad que perdí también la voz. En el silencio, no escuché más que al silencio. Y tomé una decisión. Recorrería los países en busca de las gentes más felices, pues comprendí que a su lado estarías. No hay mayor felicidad que tu compañía. Metería en mi maleta lo único que necesitaría para encontrarte paciencia, constancia, mi dolorida esperanza y todo el amor que había ido juntando durante tu ausencia, para dártelo cuando te encontrara. Al abrir uno de mis cajones observé algo que había estado siempre conmigo y en lo que no había reparado.
TU RECUERDO.

Fue tan grande él sentimiento que invadió mi corazón,..., Y así fue como comprendí que nunca te habías ido de mi lado. Sencillamente fuiste en busca de nuevas aventuras para comprobar que no hay mayor aventura que la que tu y yo vivimos cada día y ,...,
CADA NOCHE




Autora: Nuria L. Yágüez

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jueves, 21 de octubre de 2010

PODRIA DECIRTE TANTAS COSAS

Hola mi amor


Te escribo esta carta sin saber porque, porque esto mismo podría habértelo dicho hace unas horas, cuando estábamos abrazadas en nuestra cama o dentro de un rato cuando volvamos a estar juntas. Pero prefiero hacerlo por carta, parece que la palabra escrita tarda más en envejecer.


Me gustaría poder decirte que no podría vivir sin ti pero no es así. Me gustaría poder decirte que mi vida no es la misma desde que estamos juntas, pero no puedo. Me gustaría decir que no pienso en otra cosa más que en ti, pero si lo hago miento. Que te adoro como a una diosa, pero no lo hago. Me gustaría poder decirte que tu sonrisa es lo único que ilumina mis días, pero el sol de mis días no la marca tu sonrisa.

Y no puedo por una sencilla razón.

No puedo decirte que no podría vivir sin ti, porque hasta el momento que te conocí viví muchos años sin tu compañía. Eso si, podría decirte sin miedo a equivocarme que los años que viviera a partir de ese momento se convertirían en una búsqueda incesable de tu energía porque después de vivir a tu lado se que es este el lugar que deseo habitar.

No puedo decirte que la vida no es la misma desde que estamos juntas porque se que si es la misma, es la mía, la que siempre he vivido. Pero se que ahora mi vida tiene muchos mas colores, mas matices. Que has enriquecido la visión que tengo de ella. Ahora sonrío más, porque a tu lado, cada mañana, tiene un motivo nuevo para despertar.

Y si mi amor, pienso en más cosas que en ti, pero ahora pienso en plural. He incluido en mis pensamientos todo lo que a ti te concierne. Y en los pensamientos que no estas, he añadido tu forma de ver la vida siempre sencilla y optimista. Ahora lo malo no es tan malo y lo bueno es mejor, así es como tú me has ayudado a pensar.

Y no, no te adoro como a una diosa porque tú eres mucho más cercana. Estás al alcance de mi mano, que te desea. Y al ser dos seres imperfectos podemos dedicarnos a mejorar nuestra vida cada día. Una Diosa no se permite momentos para encender la llama del deseo, como tu y yo lo hacemos a solas.

Tu sonrisa, tu sonrisa no es lo único que ilumina mis días, pues si en algún momento tu no sonríes, no quiero apagarme yo, si no encenderme más para alumbrar tu camino como tu haces cuando el mío oscurece.

Ahora solo se que quiero vivir a tu lado bajo seis arcos de colores como tu sonrisa invertida. Y mientras saborear contigo cada momento de felicidad, y dejarnos así llevar por la lujuria para gozar de nuestra propia luz, aunque al llegar aquí te hayas ruborizado.

Te deseo mi amor. Te amo y te deseo.


 Autora: Nuria L. Yágüez

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